He paseado por el centro de una gran ciudad. El movimiento parecía ralentizado, la bulla y el ruido trasminaban tristeza. He pasado por montones de obras abandonadas, casas oscuras de interior incierto y muchos, muchos comercios cerrados o con inquietantes carteles informativos señalando el vacío y emplazando a citas previas. Era temprano, hora de cafés y desayunos: en los bares sólo clientes esquinados, apartados, silenciosos…

He preguntado a tenderos que me confirman que el centro está muerto. Y con una cierta resignación se autointerrogan “A ver cómo vamos a salir de esto”. Hace calor, probablemente eso va a contener algo a la enfermedad y el confinamiento obligado de los últimos meses empuja, en una especie de reacción desesperada, a salir a la gente más acostumbrada: jóvenes y familias de tarambanas esporádicos o por sistema. Muchas de las imprudencias tienen que ver con la diversión obligada que otorgan el alcohol y otras drogas; de fondo el sexo (con muchos fluidos por cierto), motor negado de un por ciento largo de nuestro ser.

El verano y su sensualidad va a ser un disfraz perfecto para esta caída en desgracia. Pasará. El paseo por la ciudad me ha devuelto la visión de la misma miseria que conocí hace décadas, la misma decadencia que la falta de horizonte deja caer sobre la actividad humana, limitada a una supervivencia sin esperanzas. El Madrid de la última crisis adquirió esa pátina de abandono y no la suelta, no quiero ni pensar cómo va a quedar tras esta nueva ruina.

Recordaba esas fantasías de la Guerra Fría con bombas que mataban sin explotar ni destruir nada, iba paseando atravesando una cortina de grisura que en la gran ciudad, en esa gran ciudad, sólo había conocido en barriadas prestas al derrumbe o en las memorias de una gran reestructuración que cambió su fisonomía dejando desiertas zonas inaccesibles.

Me pregunto si los defensores de la gentrificación constatarán cómo han matado la vida de las urbes, cómo el reventón económico no sólo acarrea ruina sino también la desolación de un parque cerrado y vacío… ésa es la imagen, una ciudad convertida en un parque vacío. Claro, la mayor parte de los negocios son servicios para turistas, si éstos no llegan: la actividad cesa porque no hay producción sino servicio. ¿Metáfora de toda la economía española? Huy, que se enfadan los empresarios.

Pasará el verano y su ansia de calle. No sé si el frío traerá nuevos confinamientos; empiezo a temer que sí, si no mucho antes. Veo mucha preocupación por ayudas, presupuestos, injusticias… en el fondo politiqueo corriente. Quizá deberíamos preocuparnos por el colapso, esto es, sin producción de riqueza ni una gestión correcta es posible que, de una u otra forma, estemos asistiendo a la agonía de nuestra forma de vida, al nacimiento de una nueva era. Es muy sencillo: no hay estructura para soportar y financiar el mundo que conocemos.

Hay mucho intelectual escribiendo sobre el presente aportando genialidades, quizá fuera más constructivo arriesgar y, aunque fuera equivocados, intentar predecir el futuro para tener herramientas con las que defendernos. En mi opinión el Capital ha alcanzado sus límites de desarrollo más o menos ecuánime: ya sólo le queda la explotación criminal como medio para sostener su sed de riqueza. La transformación del medio ambiente, la decrepitud de los servicios sociales, la Sanidad como mero amortiguador de catástrofes y la ruina de una Enseñanza convertida en lectura de subsistencia para la mayoría… nos conducen a un sociedad compuesta por una clase mayoritaria condenada a la semiesclavitud y otra muy minoritaria viviendo en una realidad alternativa de opulencia repugnante, construida sobre el aplastamiento literal de aquellos.

O reorganizamos el mundo, el planeta entero (y ésta podría ser ahora la única utilidad de la Unión Europea) con unos principios básicos de respeto a los Derechos Humanos; digo, o se impone la política grande a los Mercados o el conflicto, social, económico, bélico, será servido. ¿Dónde están las ideas? ¿En el Gobierno supuestamente de izquierdas o en Parlamento español repleto de carcundia carpetovetónica? ¿En  la prensa y las Universidades? ¿En la calle? Me avergüenzo, no estamos a la altura de los hechos.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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