Manifestación en Roma para reclamar que no se cierre la Casa Internacional de las Mujeres

La vida de la Casa Internacional de las Mujeres de Roma (la Casa Internazionalle delle Donne) cambió definitivamente en noviembre de 2017, cuando entró en un proceso de desahucio por las deudas que acumulan con la Región del Lazio.

Este centro cultural, nacido en 1987 a raíz de un desahucio previo del Movimiento Feminista Romano, se ha convertido en un referente de la vida cultural feminista en Roma, que acoge a más de 30.000 mujeres al año.

En su seno se reúnen asociaciones de todo tipo y actúa como centro agregador de actividades en favor de los derechos de las mujeres, desde acompañamiento a la maternidad, pasando por asesoría para trabajadoras y familiares con personas con discapacidad, educación y asesoramiento sobre salud sexual y reproductiva, hasta apoyo legal y psicológico a mujeres maltratadas.

Se trata de un lugar histórico, la referencia de más de 30.000 mujeres acogidas y de las numerosas asociaciones que le dan vida, el punto de encuentro, el debate cultural y política, el crecimiento personal y profesional, el archivo del feminismo, en fin, la Casa de las Mujeres es la sede de para miles personas. Por tanto, y esto es lo grave, las batallas y la propia lucha de las mujeres contra la discriminación y la violencia están en riesgo.

El peligro de desahucio es lo que tiene en vilo a esas miles de mujeres que necesitan de la Casa. La solicitud de pago de un impago de más de 800,000 euros por parte de la Región del Lazio sigue vigente. Sin embargo, las mujeres que le dan vida a la Casa de las Mujeres explican que se han pagado los 15 años de gestión, una gran parte del alquiler y han incurrido en los enormes costos del mantenimiento que precisa un edificio histórico, del siglo XVII que es el complejo del Buen Pastor en el barrio del Trastevere.

Todo ello lo han logrado sin subvenciones ni financiación pública, solo con autofinanciamiento, lo que hace que este lugar espléndido sea accesible para todo el mundo, para todas las mujeres. un espacio abierto, lleno de actividades y servicios disponibles para las mujeres, en particular para aquellas con menos posibilidades.

Las negociaciones con el Ayuntamiento de Roma están en marcha, pero parece demasiado lento y difícil. Los administradores del Capitolio dicen que quieren mejorar la casa, lo que consideran un valor para la ciudad.

Sin embargo, sería bastante paradójico que Virginia Raggi, la primera alcaldesa de la capital y representante de un partido teóricamente progresista y feminista, quiera pasar a la historia por haber cerrado la Casa Internacional de la Mujer.

Para muchas mujeres la Casa lo es todo. Lo frecuentan, ven cuánta pasión, cuánto trabajo, cuánto esfuerzo cada día requiere que el lugar permanezca abierto y disponible. El precio que se les exige a las mujeres en concepto de alquiler es demasiado alto (9.000 euros mensuales) para un conjunto de asociaciones que realizan su labor sin ningún ánimo de lucro. De ahí la deuda. Sin embargo, la labor que realizan es suficientemente importante para la cohesión social y para la lucha de las mujeres por la igualdad y contra la violencia machista no debería tener precio.

¿Qué se pretende? ¿Especular con un lugar histórico para sacarle un rendimiento económico? Las propias gestoras de la Casa afirman que una parte del complejo del Buen Pastor pasó a manos del Ayuntamiento y está en desuso. Eso es lo que temen que ocurrirá si se produce el desahucio porque, en realidad no lo podrían vender, sino, como mucho, licitar la gestión del espacio.

Las mujeres de Italia buscan de parte de sus políticos y políticas un gesto de responsabilidad y generosidad, pero, sobre todo, que las palabras fueran seguidas por los hechos.

La cantante y activista italiana Noemi sosteniendo el cartel de la campaña #LaCasaSiamoTutte

La Casa, las asociaciones y las muchas mujeres que viven y la hacen accesible deben estar protegidas, deben poder seguir actuando y planificar para el futuro. Para salvarla, sólo bastaría con aplicar las leyes que permitieran la concesión de una especie de tarifa gratuita a la Casa Internacional de las Mujeres, valorar el papel social y cultural que desempeña para la sociedad italiana, reconocer el valor del trabajo de mantenimiento y salvaguarda de un bien cultural de la ciudad y la valiosa contribución de los servicios que las mujeres encuentran en la Casa y, por lo tanto, también reestructurar la deuda, a partir del reconocimiento de su entidad real.

La Casa también representa un pedazo de la historia de la lucha de las mujeres, no en vano, guarda en su interior los fondos del archivo del feminismo italiano. Es uno de los símbolos de las batallas y victorias de las mujeres y ayuda, con el compromiso diario que se lleva a efecto allí, a crear opciones, pasos que aún deben tomarse para superar la discriminación y la desigualdad.

El peligro de desahucio de la Casa de las Mujeres de Roma ha provocado un movimiento social para captar fondos que alivien su deuda y evitar el desahucio. El pasado día 26 de enero se celebró en la capital italiana un macro concierto en el que participaron grandes estrellas como Noemi, Emma, Paola Turci, Fiorella Mannoia, Stefano Di Battista, entre otros y otras.

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