¿Tiene Madrid un transporte público acorde con su condición de una de las ciudades más importantes de Europa? En su último informe sobre el estado de cuentas y material de la empresa municipal de transportes de Madrid (EMT), aprobado en noviembre de 2020, la Cámara de Cuentas ha efectuado un trabajo de valoración de los riesgos corporativos de los vehículos utilizados por la empresa municipal. La conclusión a la que llega el informe es que la antigüedad media de los autobuses es uno de los indicadores fundamentales en relación con el riesgo de eficacia en el transporte, ya que “alcanzó en 2017 los 9 años, por encima del límite de tolerancia considerado (8,69)”.

La calidad del material se une al malestar de la plantilla que en noviembre de 2019 convocó una serie de paros contra la situación en la empresa. “Faltan conductores y conductoras para sacar todos los autobuses; desde octubre, entre 50 y 100 autobuses se quedan cada día en las cocheras; los usuarios y usuarias esperan más en las paradas; y en diciembre serán muchos menos los autobuses en servicio”, denunciaron en su día los trabajadores de EMT en carteles pegados en bocas de Metro y autobuses. El comité de empresa insistió entonces en el aumento de plantilla porque cada día se quedaban 120 autobuses sin circular por las calles de Madrid. Además, la apuesta por la privatización realizada por el Gobierno municipal de Martínez-Almeida está también sobre la mesa y ha sido denunciada por los trabajadores.

Ahora la Cámara de Cuentas aporta nuevos datos sobre la situación y el funcionamiento en la empresa municipal de transporte. “En las entrevistas mantenidas con los responsables de EMT se ha puesto de manifiesto la repercusión de esta antigüedad [de los vehículos] sobre otros indicadores, como el coste de repuestos por kilómetros o el número de conatos de incendio por kilometraje, que alcanza un 0,89 de episodios, frente al límite fijado de tolerancia del 0,59”, según la Cámara de Cuentas.

Con arreglo a lo recogido en el Acta del Consejo de Administración celebrado el 26 de enero de 2016, se consideró de interés la evaluación de riesgos, cuyo desarrollo se ha incorporado también al Plan Estratégico. Durante 2017 se llevaron a cabo los trabajos correspondientes, en los que se solicitó la participación de los responsables de las distintas Áreas de la empresa, y que finalizaron con la emisión del Informe de Control de Riesgos, que fue elevado, de acuerdo con las manifestaciones de la responsable de esta Oficina, al Comité de Dirección en diciembre de 2017. Según el informe, se identificaron 10 categorías de riesgos, siete de ellas valoradas en el conjunto de la empresa (falta de innovación y exportación  del conocimiento; gestión de recursos humanos; financiero; legales y normativos; medioambientales, comunicación y seguridad); y otras tres categorías (eficacia, eficiencia y pérdida de calidad), que se valoran separadamente para las distintas Áreas de prestación de servicios de EMT (Servicio de Transporte, Movilidad Grúas y SACE, Aparcamientos y BiciMad).

Para cada una de estas categorías y áreas se definieron los riesgos e indicadores y se identificaron los objetivos afectados del Plan Estratégico. En cuanto a los indicadores, se establecieron los denominados límites de tolerancia, calculándose la probabilidad de que “se materialice el riesgo en función del número de indicadores que superan el límite de tolerancia establecido. Estos indicadores y límites de tolerancia se han definido a partir de las aportaciones de los responsables de las áreas involucradas”.

Se calculó asimismo el impacto económico y reputacional asociado a determinados riesgos, que han sido plasmados en un “mapa de riesgos”. El estudio incluye datos de los indicadores para los años 2015, 2016 y 2017. Destaca por su importancia el “indicador de absentismo”, que se utiliza tanto para valorar el riesgo de eficacia como el de gestión de recursos humanos. “Además, este indicador es el que se utiliza como meta asociada al objetivo estratégico de potenciar el orgullo de pertenencia a EMT”, asegura el informe. De acuerdo con el Jefe de la Oficina de Control de Gestión y Auditoría, de forma semestral se realiza un seguimiento parcial de los riesgos y una revisión completa anual, que son presentadas al Comité de Dirección.

No obstante, la fórmula centralizada de la evaluación de riesgos, con revisiones periódicas, no puede considerarse “óptima”, según la Cámara de Cuentas, ya que se aparta de las características que debiera reunir un modelo de gestión del riesgo corporativo que “involucrase al conjunto de la organización y se integrase perfectamente con el Plan estratégico”. “Debiera considerarse como riesgo cualquier evento o amenaza que pudiera impedir la consecución de los objetivos del Plan estratégico, por lo que la definición de los riesgos considerados debiera actualizarse para recoger los que fueran surgiendo en cada momento”, concluye la Cámara de Cuentas.

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