Al final llegó el final, dejo la Policía Nacional después de 24 años sirviendo. Desde que en el año 1994 ingresara en la Escuela de Ávila han pasado muchas cosas: algunas buenas y otras malas. Entre lo bueno me quedo con todos esos compañeros que por vocación y servicio hacia el prójimo luchan cada día por conseguir un mundo más justo. Policías que se desviven para ayudar a los demás, sin pedir nada a cambio. Pienso, sobre todo, en los patrulleros que recorren las calles de nuestras ciudades, atentos y vigilantes, que acuden a cualquier llamada donde sean requeridos, a cualquier hora, en cualquier día. Ellos siempre están ahí, y para ellos es mi gratitud.

Lamentablemente, y por una serie de circunstancias sobrevenidas, y por avatares del destino, mi situación dentro de la corporación es complicada, sobre todo cuando determinados jefes no han sabido, o no han querido, ver mi encaje en la policía. Durante este último año mi familia y yo hemos sufrido mucho. Un expediente por presunto «Incumplimiento de Funciones» donde “algunos” funcionarios de la comisaría de Huesca habían manifestado su preocupación por “las publicaciones” del señor Navarro Soriano, mientras da a conocer su condición de policía. Sin aclarar ni quiénes son esos funcionarios ni a qué publicaciones se refieren. Una circunstancia donde indican que dedico mi tiempo libre a la literatura, habiendo escrito varios libros (novela policíaca), no dudando (según la denuncia) en utilizar mi condición de policía para promocionarme, donde me acusan de que me defino a mí mismo como “Escritor y Policía”. Y una serie de fotos que ellos consideran promocionales, como una donde estoy en el vestíbulo de la comisaría de Huesca deseando los buenos días frente al escáner de seguridad y relacionan esa foto con mi novela «UNA HISTORIA DE POLICÍAS», porque dicen que hay una escena en esa novela donde sale “ese” escáner. También es casualidad que el expediente se hubiera abierto tres semanas después de publicarla. Pero siendo coincidencia, me parece una memez que alguien hubiera dado parte de mí por una novela. No creo que haya nadie tan ignorante y torpe capaz de semejante desatino; aunque todo es posible.

El instructor ha hecho su trabajo, me consta, y ha tenido en cuenta todo lo bueno que he hecho por la policía. Así está escrito y así queda constancia. Organicé un concurso literario para policías, el concurso “Policía y Cultura”. Traje a Huesca a lo más granado de la Policía Nacional para que impartiera charlas sobre Ciberbullying, Redes Sociales, Prevención y Seguridad Informática. Acerqué las tareas más amables de la policía a los ciudadanos. En mis apariciones televisivas, en mis charlas, en cualquier entrevista, comentario o tuit siempre abanderé la faceta más cultural y humana de la Policía Nacional. Incluso la Jefatura Superior de Aragón me distinguió por “Prestigiar a la Policía”. Todo esto que comenzó con una “Falta Muy Grave”, terminó con un “apercibimiento”, y finalmente se canceló. Ya ven, al final me voy sin ningún expediente, y sin ninguna condecoración. Me voy como llegué: vacío.

Ha sido un “Annus horribilis” donde incluso han tomado varias declaraciones a policías de Huesca, y otro que ya no está destinado en esa comisaría, preguntándoles sobre mí y la relación con la literatura.

«…Diga si Esteban Navarro ha concedido alguna entrevista para los medios de comunicación que se haya realizado en la Comisaría Provincial y vestido de uniforme hablando de la policía y de sus libros».

¿A qué viene ese interés en indagar entre mis compañeros si me cito con la prensa en la comisaría para promocionarme, cuando ya saben que es mentira? El interés estriba en crear una burbuja de recelo a mi alrededor, porque esos policías citados a declarar ahora desconfían de mí. Este expediente, este acoso, esta caza de brujas hizo que me diera de baja. He estado de baja por miedo, porque creo que los que están detrás de este derribo son poderosos y, ahora lo sé, contra el poder no se puede luchar. Me di de baja, pero no quise perder el único nexo de unión que me mantenía a salvo: la literatura. Y también han investigado eso. Durante este año he tenido que sonreír ante policías de paisano que me fotografiaban mientras dedicaba libros en alguna feria o encuentro con lectores. Luego he visto esas fotos en el cuerpo del expediente. Pero ahora ya saben que esa actividad literaria estaba autorizada por los médicos, así lo hice saber cuándo me citaron para ello. Tengo decenas de mensajes hacia mí, y hacia mi esposa, diciendo lo mal policía que soy, el desprestigio que supongo para la policía. Me tachan de escritor mediocre y me advierten de que en la Comisaría de Huesca nadie me quiere y no desean que regrese, porque soy una vergüenza para la policía. Hay quien presume públicamente de que tiene un hermano comisario que está detrás de este disparate. O un mando intermedio incluso me recuerda públicamente a través de las RRSS que si algún día me cruzo con él lo debo saludar con un “A sus órdenes”. Qué mayor honor para un “jefecillo” que le rinda pleitesía un “escritor”. He pensado muchas veces acudir al juzgado y denunciar este acoso cruel, desmedido y abusivo. Pero yo, al contrario que mis enemigos, no le deseo mal a nadie.

Después de un año de baja a causa, o por causa, de un Expediente infame, malintencionado e injusto, que se ha “cancelado” transcurrido diez meses, y cinco de ellos investigándome, la Dirección General de la Policía dice que no estoy capacitado para seguir siendo policía, por lo que proponen que me jubile. Y así lo haré. Me voy, pero con la cabeza bien alta. Planeando mi mirada por encima de todos esos mediocres que un día decidieron que ser “Escritor y Policía” son términos contrapuestos. Pero se equivocan, porque en la policía, lo quieran ellos o no, hay mucha cultura. Nos vemos en los libros, ellos, así me consta, nunca defraudan ni engañan.

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Escritor conocido por sus novelas de género policíaco. Ha impartido clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, es colaborador del Diario del AltoAragón y del El Periódico de Aragón. Ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario policía y cultura (España) y colabora en la organización del Festival Aragón Negro en las actividades convocadas en la ciudad de Huesca. Desde el año 2012 es considerado el creador del término Generación Kindle, nomenclatura utilizada para referirse a una serie de escritores surgidos de la edición digital. En el mes de enero del año 2013 fue uno de los seis finalistas preseleccionados para optar al Premio Nadal en su 69º Edición con la novela La noche de los peones.

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