Protesta contra los feminicidios y la violencia contra las mujeres en el Perú

La violencia machista es un problema estructural que afecta a las mujeres de cualquier parte del mundo, con las particularidades propias de cada lugar y teniendo en cuenta las diferentes formas de opresión contempladas desde la mirada interseccional, por motivos de raza, sexo, lengua, cultura, creencia, etc.

El caso de Perú no es excepcional, ya en 2014 se situó como el tercer país con más feminicidios en América del Sur, con 90 casos registrados, después de Argentina y Ecuador, según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe. Las cifras fueron en aumento y en 2016, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones de Perú registró 124 feminicidios y 258 conatos de feminicidio, además de atender más de 70.510 casos de violencia psicológica, física y sexual contra niñas y mujeres, todas ellas contempladas en el Convenio de Estambul. Asimismo, un informe de 2019 aportado por este mismo ministerio asegura que, desde enero del 2009 a enero del 2019, se han registrado 1.116 víctimas de feminicidio y 2.819 casos de violencia machista, a través de los Centros Emergencia Mujer (CEM) a nivel nacional.

En 2015, Arlette Contreras, de 25 años, llegó a un hotel de la sierra sur de Perú con su novio, el cual la amenazó con violarla, la amenazó de muerte y seguidamente comenzó a golpearla con un intento de ahorcamiento. Las cámaras del hotel grabaron cómo  la joven escapó y su maltratador la siguió hasta arrastrarla de los pelos por el suelo. Finalmente, el maltratador, de 26 años, fue juzgado por lesiones leves y en julio de 2016 fue condenado a un año de prisión suspendida, por lo que no tuvo que entrar en la cárcel.

Este suceso propició la primera marcha “Ni una menos” en Perú, que marcó un hito en la historia del país andino, pues según afirmó Contreras: “Fue la primera vez que se visibilizó con tanta fuerza la violencia contra las mujeres”. La manifestación pacífica congregó a miles de personas en Lima y otras ciudades de Perú, así como a otros miles de peruanos en el exilio. Dos años después, en 2017, un video conmocionó al país. En él se veía cómo un hombre arrastraba a su pareja por el pelo, en plena calle del acomodado barrio limeño de Miraflores. Los hechos no quedaron impunes y el maltratador fue detenido el mismo día, previa denuncia de la joven.

Como  contrapunto a esta situación, las imágenes captadas por una cámara de seguridad del distrito de La Victoria en Lima. El video muestra cómo un hombre rocía a su pareja con un contenedor de gasolina, y otro hombre irrumpe en escena evitando lo peor. Minutos después, la joven Brigitte Flores Luna, reconoció que su pareja había intentado quemarla, pero finalmente no quiso denunciar. No obstante, la Fiscalía de Perú actuó en consecuencia y detuvieron al autor del intento de asesinato.  Por su parte, Juan Zuleta Gómez, el joven que intervino para separar a la pareja y evitó las quemaduras de la mujer, a la que la prensa y las distintas autoridades políticas calificaron de “héroe”, declaró que “no soy ni Batman ni Superman, sólo ayudé porque nunca me han gustado que golpeen a las mujeres”.

La acción de Zuleta Gómez corrobora la necesidad de que los hombres también se sumen a la lucha feminista contra la violencia hacia las mujeres pues, como comentábamos al inicio del artículo, este tipo de violencia es un problema estructural que atiende a todas las personas, aunque atenta directamente a las mujeres. Por tanto, la suma de luchas y la concienciación en materia de igualdad real, resulta una herramienta fundamental para erradicar este grave problema a nivel mundial.

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