domingo, 19septiembre, 2021
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La banca ataca de nuevo

David Almorza Gomar
Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.
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En cierta ocasión, el médico investigador Boris Pérez fue a la ventanilla de un banco a sacar dinero. Solía hacerlo en lugar de utilizar el cajero automático porque los cajeros con frecuencia dan billetes de 50 euros, y a Boris ese billete le resulta incómodo. No es fácil pagar con él y quien lo recibe se queja de que se queda sin cambio.

La persona que atendió a Boris en la ventanilla le advirtió de que aquellas operaciones que, pudiendo hacerse en el cajero se hacían por ventanilla, llevaban una comisión de dos euros. “El cajero no cambia en billetes pequeños, entonces cambiar billetes en ventanilla no tiene comisión, ¿verdad?”. Le dijeron que “no, evidentemente”.

Boris preguntó: “usted me está diciendo que haga cola en el cajero, saque el dinero y después haga cola para cambiar los billetes y así no pago dos euros”. Una pérdida de tiempo y de recursos para él y para el banco.

Le persona de ventanilla le dijo que así era, y que también se podía ir a cambiar los billetes a otro lado. “¿A otro lado?, a otro banco me voy a ir como no me atienda la directora y solucionemos este disparate”. Al final todo había sido un error. Boris no tenía que pagar nada porque en su caso no tendría sentido. Esta comisión no estaba dirigida a clientes como él.

Boris salió del banco pensando eso mismo. ¿A qué tipo de clientes iría dirigida esta comisión? Llegó a la conclusión de que esa comisión iba dirigida a los de siempre: a muchos de los pensionistas analfabetos cibernéticos que van al banco todavía con su cartilla, esa que conservan con mucho cuidado en casa. Personas que han trabajado toda su vida para cobrar ahora una pensión ridícula y que nunca se entendieron con la revolución informática. Personas que piensan que el banco les hace un favor guardándoles el dinero y que, al fin y al cabo, con lo bien que se portan, dos euros hasta es poco.

Personas a las que, en definitiva, el estado debería proteger y evitar que sufran este tipo de abusos. Un país funcionará mejor, concluía Boris, cuando los gobiernos se den cuenta de que es necesario proteger, ante todo, a las personas mayores y a las personas pequeñas. A partir de ahí, todo sería más fácil.

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