La situación en Cataluña es incierta: mientras los partidos soberanistas se encuentran atrapados en una espiral marcada por la lucha que ha suscitado el poder postelectoral, la ciudadanía soberanista muestra su descontento.

«Somos conscientes de que los partidos políticos no son la única herramienta que necesitamos para poder ejercer nuestro derecho a expresar lo que queremos. De hecho, más bien estuviera pareciendo que los partidos políticos están entrando en el terreno de posicionarse como parte del problema, en lugar de ser parte de la solución. Sus luchas por el poder, sus competiciones son muestra clara de que no están entendiendo en qué consiste realmente la revolución que defendemos.» Así se expresa Iolanda, una independentista catalana, que analiza para diario16 la situación que vive ahora mismo el independentismo y soberanismo catalán.

«Estamos cansados de esforzarnos, de trabajar día a día para exigir que se nos escuche. Más allá de las preferencias que podamos tener cada uno, de lo que estamos hablando es del hecho de poder expresar nuestras ideas, de poner en común qué pensamos. Y queremos hacerlo de manera colectiva, que toda la sociedad catalana se exprese: tanto los que consideran que el mejor futuro para Cataluña está dentro de España, como los que entendemos que España se estructura de una manera lejana a los intereses de la ciudadanía, del pueblo. De eso va esta batalla democrática, pacífica y que jamás usará la vía violenta para defender sus ideales.» Y es que, desde hace meses, en las manifestaciones soberanistas se oye siempre un mismo mensaje (además de «libertad presos políticos») que es el de la unidad. La unidad del independentismo es una estrategia clave para poder plantear una consulta, para poder saber realmente el sentir de la sociedad.

Iolanda entiende que el referéndum del 1 de octubre fue un mandato a los políticos, pero no fue suficiente. «No creo que los resultados del 1 de octubre puedan ni deban ser vinculantes. Porque se pegó a la gente, se llevaron votos y ese no es un proceso perfecto como nosotros queremos que sea. Queremos que haya garantías: que todo el mundo se sienta apelado, que no haya violencia por parte del Estado, que los votos puedan contarse de manera tranquila, sin miedo. Queremos expresarnos: y que todos los que tengan algo que decir lo puedan hacer también. Campañas para el sí a la independencia, campañas para el no. Todo con luz y taquígrafos, como se suele decir».

La situación en la que se encuentran ahora mismo es muy complicada: muchos de sus líderes están en prisión preventiva, llegando ya casi a dos años sin libertad, mientras que otros se encuentran en el exilio sin poder actuar como miembros electos. «Es todo un disparate», señala Iolanda. «De esta manera no se pueden solucionar los problemas que existen. Ni expulsándoles lejos, ni encerrándoles en prisión para que no puedan hablar. Esto no es una forma adulta, democrática ni justa de resolver las cosas. Nosotros solamente hemos puesto urnas; ellos nos han pegado, nos han acusado falsamente de ser violentos cuando no es cierto; han acusado al gobierno de haber usado dinero público para que nosotros votásemos, tampoco es cierto. Es lógico que cueste comprender la capacidad de organización, de trabajo altruista y de sacrificio del pueblo independentista catalán. Es lógico porque en España parece que nadie se mueve para defender derechos colectivos. Nosotros tenemos claro que los partidos políticos han de cumplir con su función, y si no lo hacen, nos organizaremos nosotros de otra manera. Sabemos que todos somos necesarios pero nadie es imprescindible».

 

En este contexto la Asamblea Nacional ha enviado una carta abierta a todos los independentistas de base. Dice así:

Vivimos un momento de desconcierto entre las bases del independentismo que hace difícil encontrar el camino a seguir y evitar que la frustración y la desunión se apoderen de aquellos que vamos a salir el 1 de octubre a votar sobre la independencia y a defender todos los votos, todos: tanto los del Sí como los del NO.

Desafortunadamente dentro del independentismo se repiten cíclicamente estos momentos de crisis: recordemos por ejemplo los desacuerdos cuando la consulta del 9-N se convirtió en un proceso participativo, o cuando en diciembre de 2015 parecía que estábamos abocados a la repetición de elecciones al Parlamento. Pero ahor tenemos el agravante de la represión que no cesa y un camino desdibujado por delante.

El aprendizaje del 1 de octubre de 2017 es claro. Cuando hemos trabajado juntos, sociedad civil movilizada, Gobierno y Parlamento, es cuando más hemos avanzado en el camino hacia la independencia de Cataluña. ¿Qué quiere decir trabajar unidos? Hemos tenido un parlamento que avalaba a nivel legislativo el mandato democrático del pueblo de Cataluña, un Gobierno que lo ejecutaba y una ciudadanía movilizada como un puntal. Estos tres elementos han permitido la celebración del referéndum. Pero la gestión post-referendum ha roto esta relación. No todos dentro de los partidos y fuera veían el referéndum de la misma manera. Para algunos nada más era un instrumento de negociación. Y por otra parte, no había ninguna voluntad de negociar. Así se llega al 27 de octubre marcados por las divisiones, habiendo perdido el «momentum» y declarando una independencia sin creérsela y sin intentar hacerla efectiva.

De aquel octubre salimos con una gran victoria colectiva (haber hecho el referéndum) y con una derrota (no haber sido capaces de aplicarnos los resultados). La encarcelación y el exilio de nuestros dirigentes nos ha marcado emocionalmente y ha dificultado hacer el duelo de la derrota. Generaciones que no habían vivido algo así han tenido que aprender a convivir con la represión, y los que sí la habían vivido la han vuelto a encontrar en otro contexto.

Ahora que tenemos delante un nuevo Once de Septiembre, nacen iniciativas diversas que querrían llevarnos a aquel momento, y hacer aquello que no hicimos en su momento: aquel «Maidan» para defender la declaración de independencia. Aquellas propuestas olvidan que el control del territorio se debe demostrar cuando haya un gobierno dispuesto a hacer la independencia. Se tiende a confundir unilateralidad e insurrección. Es lo que ha hecho la fiscalía del Estado en el juicio en el Supremo. Intenta igualar el hecho de acceder a la independencia por una vía institucional, con legitimidad democrática detrás, mayorías parlamentarias y gobiernos reconocidos, y el concepto de rebelión, porque quieren deslegitimar el acceso a la independencia por medios democráticos y pacíficos.

Debemos analizar qué fortalezas nos faltan para poder hacer una declaración de independencia y ser capaces de llevarla a la práctica, con un gobierno capaz de imponerse como una autoridad en un territorio. Pero no podemos perder la legitimidad que da el tener mayorías parlamentarias y un embrión de institucionalidad detrás que se pueda transformar en el gobierno transitorio de una república naciente.

En la Asamblea, a lo largo de este año y medio, también nos ha costado salir del proceso de duelo y volver a trazar un camino. Pero en los últimos meses hemos trabajado, campañas que compensan debilidades en el ámbito de la sociedad civil y nos preparan en el ámbito económico para cuando vuelva a plantearse políticamente la independencia. Por un lado, con la campaña de consumo estratégico, hemo favorecido una economía y modelos de empresa alternativos que no están tan sujetos a las presiones políticas. De otro lado, con iniciativas como la de las Cámaras de Comercio, hemos trasladado la mayoría social y política de este país a instituciones que son altavoces poderosos. Y reforzando el sindicalismo nacional, nos hemos hecho presentes en el mundo del trabajo. Estas acciones se enmarcan dentro de la estrategia de la lucha no violenta, un método de lucha contra formas de presión o para hacer progresar los derechos democráticos, que incluyen acciones de denuncia, de no cooperación, de desobediencia civil y que tiene como objetivo debilitar los pilares del poder del adversario. Este Once de Septiembre, no solamente nos manifestaremos sino que dispondremos de un gran espacio de Herramientas de País donde se podrán hacer acciones de empoderamiento ciudadano.

Por lo que respecta al ámbito institucional, los partidos políticos nos repiten que no tenemos las condiciones para la unilateralidad. Pero no nos explican cuáles son esas condiciones, y qué piensan hacer para conseguirlas. Tampoco nos han explicado qué debilidades institucionales han hecho imposible la independencia, y cómo podríamos superarlas. Algunas las hemos descubierto en el juicio. En cambio, con los pactos de la semana pasada hemos comprobado de una manera muy dura la vuelta al partidismo y la disputa por los espacios de poder autonómico y local, llegando al extremo de ceder el liderazgo de algunos de estos espacios al PSC. Contra esto hemos levantado la voz la semana pasada movilizándonos por primera vez ante los partidos independentistas.

Como Asamblea, no romperemos el hilo, el pequeño hilo que todavía nos unen con el espacio de los partidos, porque creemos que tenemos la responsabilidad de no incrementar la desunión; pero incrementaremos nuestro tono de exigencia hacia ellos para que prioricen el objetivo de la independencia y abandone las luchas partidistas. Hay un riesgo evidente, que el pacto de la Diputación de Barcelona ejemplifica muy bien, de retorno al autonomismo, a pesar de que el electorado ha continuado dando victorias a los partidos independentistas, elección tras elección.

Tenemos esta doble responsabilidad de mantener esta presión sin contribuir a la desunión, manteniendo la movilización en las calle que puede tener una doble vertiente: la unitaria y antirrepresiva, y también la de exigencia, máxima exigencia política. Eso sí: debemos evitar caer en la trampa que desean aquellas fuerzas que trabajan para que vuelva el autonomismo, y para enterrar durante años las esperanzas de culminar el proceso de autodeterminación. Estas fuerzas querrían una Asamblea marginal y radicalizada, que ya no fuera representativa del sentir de la mayoría independentista. En la lucha no violenta las acciones han de tener un objetivo político y toca saber a quién se interpela y qué se pretende conseguir, y cuando es el momento de hacerlo. Jamás son reactivas, siempre son pensadas y propositivas, y se han de inscribir en un marco creíble que dé sentido a la lucha. Ahora el problema más importante que tenemos delante es el riesgo de retorno al autonomismo, facilitado por la división de los partidos independentistas. No podemos renunciar a las grandes manifestaciones que marcan la agenda política y que nos interpelan. Cabe recordarles que el objetivo es la independencia y que toca establecer una estrategia para conseguirlo.

Este doble objetivo es compartido por todo el independentismo y es por eso que nos manifestaremos la próxima Diada. No es una manifestación más, es la manifestación más dicicil de todas las que hemos hecho hasta ahora, pues nos jugamos que los partidos independentistas cumplan con su compromiso para el país y evitar que el independentismo quede adormecido durante años. Este año, hacedla vuestra como nunca antes y alzad vuestra voz para que se recupere el objetivo de la independencia y se trabaje con unidad de acción para conseguirlo.

 

Elisenda Paluzie

Presidenta de la Asamblea Nacional de Cataluña. 

 

Texto en catalán: 

CARTA OBERTA A L’INDEPENDENTISME DE BASE

Vivim un moment de desconcert a les bases de l’independentisme que fa difícil trobar el camí a seguir i evitar que la frustració i la desunió s’apoderin d’aquells que vam sortir l’1 d’Octubre del 2017 a votar sobre la independència i a defensar tots els vots, tots, tant els del Sí com els del No.

Malauradament dins l’independentisme es repeteixen cíclicament aquests moments de crisi, recordem per exemple els desacords quan la consulta del 9-N es va convertir en un procés participatiu o quan el desembre de 2015 semblàvem abocats a la repetició d’eleccions al Parlament. Però ara tenim l’agreujant d’una repressió que no cessa i un camí desdibuixat al davant.

L’aprenentatge de l’octubre del 2017 és clar. Quan hem treballat junts societat civil mobilitzada, Govern i Parlament és quan més hem avançat en el camí cap a la independència de Catalunya. Què vol dir treballar plegats? Vam tenir un parlament que avalava a nivell legislatiu el mandat democràtic del poble de Catalunya, un Govern que l’executava i una ciutadania mobilitzada com a puntal. Aquests tres elements van permetre la celebració del referèndum. Però la gestió post referèndum va trencar aquesta relació. No tothom, dins dels partits i fora, veia el referèndum de la mateixa manera. Per alguns només era un instrument de negociació. I a l’altra banda no hi havia cap voluntat de negociar. Així, s’arriba al 27 d’octubre marcats per les divisions, havent perdut el momentum i declarant una independència sense creure-hi i sense intentar fer-la efectiva.

D’aquell octubre en sortim amb una gran victòria col·lectiva (haver fet el referèndum) i amb una derrota (no haver estat capaços d’aplicar-ne els resultats). L’empresonament i l’exili dels nostres dirigents ens ha marcat emocionalment i ha dificultat fer el dol de la derrota. Generacions que no l’havien viscut han hagut d’aprendre a conviure amb la repressió, les que sí que l’havien viscut, l’han retrobada de cop, en un altre context.

I ara que que tenim al davant un nou Onze de Setembre, neixen iniciatives diverses que voldrien tornar-nos a portar a aquell moment, i fer allò que no vam fer aleshores: aquell “Maidan” per defensar la declaració d’independència. Aquestes propostes obliden que el control del territori s’ha de demostrar quan hi ha un govern disposat a fer la independència. Es tendeix a confondre unilateralitat i insurrecció. És una trampa que a l’Estat espanyol li va molt bé, i no hi hauríem de caure. És el que ha fet la fiscalia de l’Estat en el judici al Suprem. Intenten igualar el fet d’accedir a la independència per una via institucional, amb legitimitat democràtica darrere, majories parlamentàries i governs reconeguts, i el concepte de rebel·lió, perquè volen deslegitimar l’accés a la independència per mitjans democràtics i pacífics.

Hem d’analitzar quines fortaleses ens manquen per a poder fer una declaració d’independència i ser capaços de dur-la a la pràctica, amb un govern capaç d’imposar-se com a autoritat en un territori. Però no podem perdre la legitimitat que dóna tenir majories parlamentàries i un embrió d’institucionalitat darrere que es pot transformar en el govern transitori d’una república naixent.

 

 

A l’Assemblea al llarg d’aquest any i escaig, també ens ha costat sortir del procés de dol, i tornar a traçar un camí. Però en els darrers mesos hem treballat campanyes que compensen febleses en l’àmbit de la societat civil i ens preparen en l’àmbit econòmic per quan torni a plantejar-se políticament la independència. D’una banda, amb la campanya de consum estratègic, afavorim una economia i models d’empresa alternatius que no estan tan subjectes a les pressions polítiques. D’altra, amb iniciatives com la de les Cambres de Comerç, traslladem la majoria social i política d’aquest país a institucions que són altaveus poderosos. I enfortint el sindicalisme nacional, ens fem presents en el món del treball. Aquestes accions s’emmarquen dins l’estratègia de la lluita noviolenta, un mètode de lluita contra formes d’opressió o per fer progressar els drets democràtics, que inclou accions de denúncia, de no-cooperació, de desobediència civil i que té com a objectiu afeblir els pilars de poder de l’adversari. Aquest Onze de Setembre no només ens manifestarem sinó que disposarem d’un gran espai Eines de País, on es podran fer accions d’apoderament ciutadà.

Pel que fa a l’àmbit institucional, els partits polítics ens repeteixen que no tenim les condicions per a l’unilateralitat. Però no ens expliquen quines són aquestes condicions, i què pensen fer per aconseguir-les. Tampoc ens han explicat quines febleses institucionals van fer impossible la independència, i com podríem superar-les. Algunes les hem descobert al judici. En canvi, amb els pactes de la setmana passada hem comprovat d’una manera molt crua el retorn al partidisme i la disputa pels espais de poder autonòmic i local, arribant a l’extrem de cedir el lideratge d’alguns d’aquests espais al PSC. Contra això vam alçar la veu la setmana passada mobilitzant-nos per primer cop davant dels partits independentistes.

Com Assemblea, no trencarem però el fil, el petit fil que encara ens uneix amb l’espai dels partits, perquè creiem que tenim la responsabilitat de no incrementar la desunió; alhora, incrementarem el nostre to d’exigència amb ells per tal que prioritzin l’objectiu de la independència i abandonin les lluites partidistes. Hi ha un risc evident, que el pacte a la Diputació de Barcelona exemplifica molt bé, de retorn a l’autonomisme, malgrat que l’electorat ha continuat donant victòries als partits independentistes, elecció rere elecció.

Tenim aquesta doble responsabilitat de mantenir aquesta pressió sense contribuir a la desunió tot mantenint la mobilització als carrers que pot tenir un doble vessant: el vessant unitari i anti-repressiu però també el vessant d’exigència, màxima exigència política. Alhora, hem d’evitar caure en el parany que desitgen aquelles forces que treballen pel retorn a l’autonomisme, i per enterrar per anys les esperances de culminar el procés d’autodeterminació. Aquestes forces voldrien una Assemblea marginal i radicalitzada, que ja no fos representativa del sentir de la majoria independentista. En la lluita noviolenta, les accions han de tenir un objectiu polític i cal saber a qui s’interpel·la i que es pretén aconseguir, i quan és el moment de fer-ho. Mai no són reactives, sempre són pensades i pro-positives i s’han d’inscriure en un marc creïble que doni sentit a la lluita. Ara el problema més important que tenim davant és el risc de retorn a l’autonomisme, facilitat per la divisió dels partits independentistes. No podem renunciar a les grans manifestacions que marquin l’agenda política i que els interpel·lin. Cal recordar-los que l’objectiu és la independència, i que cal establir una estratègia per aconseguir-lo.

Aquest doble objectiu és compartit per tot l’independentisme i és per això que ens manifestarem aquesta Diada. No és una manifestació més, és la manifestació més difícil de totes les que hem fet fins ara, ens juguem que els partits independentistes compleixin amb el seu compromís vers el país i evitar que l’independentisme quedi adormit per anys. Enguany, us l’heu de fer vostra com mai abans i heu d’alçar la vostra veu perquè es recuperi l’objectiu de la independència, i es treballi amb unitat d’acció per assolir-lo.

Elisenda Paluzie 

Presidenta de l’Assemblea Nacional Catalana

1 Comentario

  1. En estas generales cae hasta poco más de 1,6 millones. La suma de ERC, los restos de Convergencia y el chiringuito cupero del precario Fachín cae por debajo del 40% de los electores: sólo un 39% de los votantes catalanes apoyan a partidos separatistas. En las últimas autonómicas de 2017 obtuvieron casi el 48% de los votos.

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