“La alegría de Ricciardo es mi alegría” dice la rubia de las piernas largas bajándose con su facilidad y elegancia habituales de la alta banqueta situada al principio de la barra de El Ring, el mejor sitio para ver con combate de boxeo en una pantalla en Mad Madrid durante muchos años y ahora también el mejor para ver las carreras de la F1.

“Nos has acabado pegando tu afición, Tigre. Hasta que te empeñaste en que abriera el bar para poder ver la F1 con público nunca me habían interesado lo más mínimo. Eso sí, de tu maravilloso Lewis Hamilton estoy hasta los corchos” apunta Julián Chicheri, el amo y dueño del bar garito, que ahora abre de modo semiclandestino porque el aliento del diablo se ha extendido sobre toda la superficie del planeta, aunque los cientifistas dicen que es sólo un virus.

Me río con el comentario de Julián. Me río porque estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho la rubia de las piernas largas. La alegría de Daniel Ricciardo es también mi alegría. El piloto de la sonrisa excesiva y contagiosa ha conseguido subirse al podio por segunda vez en esta temporada, la 2020, comandando un bólido Renault pintado de amarillo. Y ha bebido champán en su bota. ¡Y ha hecho que los dos pilotos de Mercedes también bebieran de su bota sudada y divertida!

¡Qué gran e insólito tipo, mister Daniel Ricciardo!

Está tan contento Ricciardo que todos levantamos las botas llenas de champán y celebramos con él, y apenas nos damos cuenta de lo poquísimo que nos ha importada que la Mercedes vuelva a proclamarse campeona del mundo de constructores de coches de carreras en la categoría máxima.

“No sólo es que nos haya importado poco” dice la rubia que viene hacia mí driblando caderas con su botita de cristal rellena de vermut de grifo en la mano “es que nos da un ardite”.

Qué culta, la chica. No sólo tiene las piernas más largas de Mad Madrid y los ojos zarcos más misteriosos, sino que además utiliza ese tipo de expresiones, nos da un ardite, cuando algo le importa un pito.

La alegría de Daniel Ricciardo es hoy, esta mañana de domingo, nuestra alegría.

Tigre tigre.

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