El programa de los 12 pasos ayuda a millones de personas en todo el mundo. Foto: Flickr.

“La fascinación ha actuado, la voluntad está domada y el recuerdo del goce ejercerá su tiranía eterna”, así definía el poeta Charles Baudelaire los efectos adictivos del opio en su obra Los paraísos artificiales. Algo que seguramente podrá confirmar cualquier adicto a la heroína. Un opiáceo que se comercializó, de manera extensiva, a partir de los años 70 y que causó furor en una generación desorientada que acabó siendo capaz de todo por, y para, consumirlo. La fascinación, la voluntad, el goce, la tiranía y el sometimiento aparecen en la definición de Baudelaire. Pero, con el tiempo, estos conceptos que se debaten entre lo antagónico y lo complementario acabaron siendo redefinidos como una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud. Un ente menos creativo, pero más consecuente que la poesía de Baudelaire, llena de las contradicciones comunes de cualquier adicto a las drogas.

Un problema grave

Esta semana, el Consejo de Políticas del Juego, presidido por Alberto Garzón, aprobó una nueva medida que permite que los registros de las personas que se autoprohíben el acceso al juego sean compartidos por Comunidades Autónomas y Gobierno central. Un paso más en la lucha contra la adicción al juego online. Un problema que admiten tener 54.294 personas en nuestro país.

Una cifra similar -más de 50.000– son las personas que cada año, según el Plan Nacional Sobre Drogas, reciben algún tipo de tratamiento relacionado con la deshabituación a las sustancias adictivas.

Y todavía bastante mayor es el número –casi un millón de personas- las que tienen problemas de adicción al cibersexo. Según datos de 2019 facilitados por el profesor de la Universitat Jaume I (UJI) de Castellón, Rafael Ballester, coordinador de Salusex-Unisexsida.

Vivir para jugar

“La adicción al juego es una enfermedad que se basa en la obsesión y en la compulsión por jugar. Es una adición equiparable a la del alcohol y las drogas”, manifiesta Sergio a Diario 16, un adicto al juego que lleva el tiempo suficiente alejado de la adición para ver con perspectiva dónde estaba y dónde está ahora. “Llevo sin echarle una moneda a una máquina y sin hacer ningún tipo de apuesta más de siete años”, explica orgulloso Sergio, haciendo hincapié en el tiempo que lleva alejado de aquella vida que le robaba todo su tiempo y energía: “Yo vivía por y para jugar, no tenía tiempo para nada más”, continúa. Pero a los adictos no les resulta fácil escapar de esa falsa sensación de superioridad que les provoca jugar. “Te crees que eres el rey del mambo, te falta la capa para ser superman”, así explica Sergio ese estado de euforia transitoria que apenas dura unos segundos cuando se está inmerso en la compulsión. “Recuerdo sacar el premio y gastarlo todo en la máquina que había al lado. La alegría te dura nada. A mí,  como adicto al juego, lo que me satisface es jugar sin parar”, afirma.

Drogarse para no sentir dolor

En el caso de las drogas el deterioro suele ser más evidente por las secuelas físicas. Pero la mayoría de adictos manifiestan más preocupación por el dolor emocional que por el físico. “Yo no sabía gestionar mis emociones y recurría al consumo de drogas para poder ser una persona funcional”, explica Roberto. Un adicto a las drogas que recuerda aquel periodo de consumo como algo de lo que alejarse. “Las drogas eran mi obsesión las 24 horas del día. Era vivir en un infierno en el que perdía toda mi dignidad como persona”, explica. Pero, a pesar del daño, el consumo de drogas manifiesta una extraña atracción para las personas adictas. “Con las drogas tenía un vínculo que podría considerarse de amor odio. Por un lado me ayudaban a no sentir dolor y pasármelo bien, pero por otro me destruían”, sentencia.

Quedarse solo con el sexo

Mi sexualidad estaba distorsionada y la utilizaba de una manera similar a una droga”, así de parecido resulta el infierno de la adiccion al sexo con el resto de adicciones según Xavi, que lucha por desprenderse de una adiccion muy compleja, ya que no se trata de abandonar sexo. “No se trata de renunciar a la sexualidad, sino de tener una vida sexual sana”, continúa. El deterioro es progresivo, pero acaba, como en el resto de adicciones, siendo terminal. “Con el tiempo te hace olvidarte de las cosas que te gustan, de tus aficiones, de tu trabajo y te hace preocuparte únicamente de la idea de consumir sexo”. La adiccion al sexo presenta matices y manifestaciones diversas aunque al final todas acaban produciendo un efecto similar: la soledad. Para unos puede ser la prostitución, para otros el sexo con humillación, para otros el exhibicionismo. En el caso de Xavi se trata de la adición a la pornografia. “veía como mis amigos salían de fiesta, tenían relaciones y acababan consiguiendo una pareja. Mientras, yo me quedaba solo y consumiendo porno”, explica.

La ayuda mutua

A principios del siglo XX el alcohol era uno de los principales problemas en Estados Unidos. Las bebidas alcohólicas causaban un enorme deterioro mental y físico en los consumidores. Pero el problema no afectaba únicamente a los bebedores. El maltrato a las mujeres y la delincuencia eran daños colaterales. La situación se complicó hasta tal punto que se prohibió la fabricación y consumo de bebidas alcohólicas durante más de una década..

En 1933 Estados Unidos decía adiós a la ley seca. Aunque la prohibición redujo el consumo de alcohol a la mitad, el crimen organizado, que se encargaba de la producción y distribución clandestina, no paraba de crecer.  Franklin Delano Roosevelt llegó al poder con la promesa de acabar con las restricciones y así lo hizo. Pero, en el fondo, esto supuso una derrota a una sociedad que perdió la batalla contra el alcoholismo. Dos años más tarde, en 1935, el  Dr. Bob Smith y un corredor de bolsa llamado Bill W. encontraron un modo de ayudarse mutuamente para dejar de beber. Entre los dos lograron concretar una serie de principios básicos inspirados en la medicina, la psicología  y la religión;  una suerte de método llamado los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. Hoy en día son millones de personas en todo el mundo las que siguen este método para luchar contra la adicción.

Los 12 pasos

Pero si la sintomatología de los diversos tipos de adición es muy coincidente, también lo es la solución al problema. Los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos adaptados a las peculiaridades de cualquier tipo de adicciones se presentan como un medio eficaz. “Los 12 pasos son una herramienta primordial para conocer mi problema y empezar a ponerle remedio”, así explica Roberto como los 12 pasos de Narcóticos Anónimos le situaron en un punto de partida en el que poder trabajar su adicción a las drogas.

“Los 12 pasos de Adictos al Sexo Anónimos empiezan por tomar conciencia de que uno es adicto y de que por sí mismo no puede controlar la adicción; después, se trata de aceptar que la conducta adictiva comporta una distorsión de la personalidad, lo cual provoca un daño a uno mismo y a los que le rodean; y, por último, la parte espiritual. Que significa que no se trata de algo científico o psicológico, sino que es una manera de aprender a vivir en base a unos valores como el altruismo, la asertividad, el respeto y fomentar la comunicación con los demás”, así sintetiza Xavi un trabajo que se realiza poco a poco, día a día, escribiendo mucho y asistiendo a reuniones.

“Los 12 pasos de Jugadores Anónimos me han dado a conocer un Sergio que yo no sabía que existía, un Sergio que no era ni tan bueno ni tan malo”, y es que el proceso de autoconocimiento parece esencial a la hora de afrontar el reto de parar una adicción. Tanto como “rendirse” para ganar. “Admitir que yo no tengo ningún control sobre las drogas me coloca en una posición lo suficientemente humilde como para pedir ayuda», afirma Roberto. Pero el otro gran ofrecimiento de los programas de 12 pasos es el no tener que realizar el camino solos. “Saber que a los demás les pasan cosas parecidas te ayuda a no sentirte solo”, dice Xavi. Y lo más importante es que estas personas pasan de formar parte del problema a formar parte de la solución. “Tenemos un mensaje de que hay una vida sin juego y sin otras adicciones”, sentencia Sergio, consciente de que su palabra tiene un peso específico. El del “valor terapéutico de un adicto que ayuda a otro adicto”.

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