Pablo Casado está haciendo la campaña que quiere el PSOE. Una campaña improvisada, poco meditada, absurda y por qué no decirlo, un tanto estúpida. Desde el minuto uno ha planteado una carrera a la Moncloa por el camino de lo ideológico, apelando a los valores patrióticos en lugar de hablar de pan para los españoles y de Estado de Bienestar. Empezó centrando su discurso en Cataluña y ahora parece que Cataluña ya no vende. El ‘procés’ es una matraca tediosa que aburre al personal. Por lo visto, el espantajo de Torra no le ha funcionado en su estrategia del miedo porque un señor gordito y con gafas de la pacífica burguesía de la rambla de Canaletas incapaz de matar a una mosca, por mucho que resulte antipático, no da la talla de monstruo genuino para la película de terror que Casado pretende contarnos. Por eso, porque el pelele no le sirve, ha tenido que recurrir al plan B y sacar a pasear otro fantasma, el del “abertzale” feroz, el del fiero pistolero con capucha y voz gutural que tampoco infunde el pánico porque afortunadamente ese villano forma ya parte de los malos recuerdos de los españoles y de los libros de historia.

Erróneamente, Casado ha dado un nuevo giro inesperado a su guion de campaña para centrarse en lo malo que es Otegi, un cuento gótico de la mitología vascuence que ya no le interesa a nadie. Todo lo cual demuestra que si Vox añora el franquismo y las Cruzadas contra el moro infiel, el PP es un nostálgico de los años del plomo. Aquí se trata de hacer viajes en el tiempo todo el rato, de mirar constantemente hacia atrás en lugar de al futuro. El líder popular, como buen hombre de derechas que es, debe pensar sin duda que cualquier tiempo anterior fue más feliz, y por eso cree que con ETA vivíamos mejor. A Pablo Casado habría que empezar a llamarlo Pablo Pasado.

En el fondo, las decisiones de campaña que está tomando el aspirante a presidente van en la línea de la estrategia del miedo, de la que suele echar mano el Partido Popular cuando le va mal en las encuestas. Ya lo dijo el filósofo Alain: “El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo”. La táctica de remover viejos fantasmas es un inmenso error de Casado que a su vez es contestado con otro dislate aún mayor por parte de Bildu, ya que enviar matones a montar escraches a Rentería no es una solución en democracia. En el fondo los extremismos se retroalimentan y si el líder popular necesita que el sangriento etarra vuelva para mejorar sus números en las encuestas, los radicales vascos movilizan mejor a sus bases escracheando españolistas en las herriko tabernas. Y es que no podemos salir de las guerras carlistas, nuestro gran déjà vu histórico.

Pero al margen de que Casado haya optado por la cerilla y la lata de gasolina como método último para llegar a la Moncloa, es decir por incendiar España avivando el odio y la crispación en una Euskadi convaleciente que trata de cicatrizar las heridas del terrorismo todavía frescas, hay otra cuestión que pone en entredicho la capacidad y el acierto del candidato popular a la hora de plantear con éxito una campaña electoral que Pedro Sánchez le está ganando por goleada. Por un momento, quizá cegado por el patrioterismo facilón, por el aliento de Vox en el cogote y por la fiebre españolista como único argumento, el presidente popular parece haberse olvidado por completo de los problemas de la gente.

El exceso de hormona nacionalista le está haciendo perder el norte económico y de vez en cuando suelta alguna ocurrencia, como su intención de reducir el salario mínimo interprofesional a los sufridos trabajadores y liberar impuestos a los ricos. Son tiros en el pie que se va dando Casado, pequeños suicidios juveniles que dan combustible al PSOE y que a buen seguro se traducirá en un nuevo bajón en las encuestas de Tezanos, ese Chicote demoscópico. Cada día que pasa resulta más evidente que Casado no ha sabido leer la actual situación política, la realidad del momento que vive el país, que no es otra que una ciudadanía hastiada reclamando más políticas sociales tras el zarpazo de la crisis. Una vez más, se vuelve a equivocar el todavía jefe de la oposición. Y decimos “todavía” porque, de confirmarse el descalabro que pronostican los sondeos, Casado no tendrá una segunda oportunidad y con toda seguridad será despedido del primer despacho de Génova.

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1 Comentario

  1. No me convence, lo que dice Antequera, si VOX añora el franquismo, que lo argumente, porque vengo observando que la mayoría de los medios le acusan, sin mostrar las pruebas, y mi conclusión es que al Sr. Antequera, le puede pasar como al cagado que no se huele. Le desafío a que argumente con citas y hechos, estoy deseando enterarme para decidirme, porque desde hace unos 10 años, no voto. Un saludo.

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