Los adjetivos que sirven de cola para describir y acotar los relatos del mago nórdico por excelencia de la literatura de la distancia corta coinciden en situar la obra breve del noruego Kjell Askildsen (Mandal, 1929) en el ámbito de lo oscuro, lo minimalista, el realismo sucio y otras definiciones más o menos acertadas. Cierto es que, de forma unánime, Askildsen es hoy por hoy sin duda alguna el autor de relatos cortos por excelencia de la literatura nórdica.

Tras la publicación de No soy así, con la recopilación de sus cuentos escritos entre 1953 y 1996, Nórdica vuelve a publicar ahora una séptima colección de relatos, comprendidos entre los años 1998 y 2004. Los doce cuentos de El precio de la amistad hacen de la elipsis, el perfilado mínimo de los personajes y la medida economía de medios los ejes sobre los que sus historias se enhebran en un ambiente sobrio y sumamente oscuro, inquietante.

El mundo de Askildsen se mueve en torno a conflictos familiares cercanos y apenas sugeridos, la crítica de la burguesía nórdica encantada de conocerse y el abismo de la vejez, entre otras preferencias temáticas. Sirva de ejemplo perfecto el cuento que da título a esta recopilación, El precio de la amistad, que apenas detalla la escena y sobre todo deja abiertas muchas puertas con variadas interpretaciones, que siempre deja en lo inconcreto a la espera de que el lector tome partido en su resolución final, si acaso llega a conseguirlo.

Esta edición de Nórdica está traducida del noruego por Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo y rescata el magnífico epílogo que el malogrado y añorado editor, agitador cultural y escritor Julián Rodríguez, fallecido en 2019, publicó en la primera recopilación de cuentos No soy así.

En contra de lo que cabría pensar a priori, Askildsen no es, según Rodríguez, un autor realista en el sentido carveriano del término y sí “se vuelve contra lo convencionalmente real, forma parte de lo que Camus (uno de sus referentes) definiera como ‘revuelta contra lo real”. El tedio que ataca en sus hirientes relatos breves debe mucho a Alberto Moravia. Pero sobre todo, la prosa del autor noruego conecta, por encima de Kafka, Beckett o el propio Camus, con Hermann Broch. Ahí está su referente según la tesis de Julián Rodríguez, quien dijo que Askildsen es “un ‘artista de su tiempo’, pero su tiempo no es este, es decir, no es el del minismalismo con el que muchos lo han emparentado”.

 

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