En 1997, el libro Journeys of Women in Science and and Engineering, No Universal Constants«, recogía la historia de mujeres que se las habían visto y deseado para abrirse camino en el mundo de la investigación científica, tan permeable a las actitudes machistas como cualquier otro. Uno de los testimonios que ofrecía aquella obra era el de la estadounidense Karen Uhlenbeck (Cleveland, Ohio, 1942), matemática a quien en su juventud, y pese a su brillante historial académico, ya le advirtieron de que nadie contrataba a mujeres, “porque las mujeres debían estar en casa y tener bebés”. Sin embargo, perseveró y no se dejó amilanar, llegando a firmar trabajos a lo largo de los años que han tenido un impacto revolucionario en diversos campos de estudio. Casi con toda seguridad un hombre hubiese cosechado no pocos laureles por esos logros. Ella tuvo que esperar hasta ayer, cuando la Academia de Ciencias y Letras de Noruega anunció que le concedía el Premio Abel 2019, convirtiéndose así en la primera mujer en conseguirlo.

Considerado el Nobel de las matemáticas y dotado con unos 600.000 euros, el Premio Abel fue creado en 2002 para celebrar el bicentenario del nacimiento del matemático noruego Niels Henrik Abel. Diecinueve personas han ganado ese premio desde entonces, todos ellos hombres. Esta lucha de género dentro de las aulas y laboratorios no es en absoluto ajena a Karen Uhlenbeck, quien ya en 1988, denunciaba los problemas de discriminación en el sector, evidenciados en una clara falta de aceptación del trabajo de las mujeres.

“Uhlenbeck ya denunció en 1988 los problemas de discriminación en el sector, evidenciados en una clara falta de aceptación del trabajo de las mujeres”

Actualmente Karen Uhlenbeck es catedrática emérita de la Universidad de Texas, en Austin, y Senior Research Scholar en la Universidad de Princeton y en el Instituto de Estudios de Estudios Avanzados (EE. UU.), además de ser miembro de la Academia Nacional de Ciencias y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. En su ámbito, Uhlenbeck es reconocida por sus notables avances alcanzados en el campo de las ecuaciones en derivadas parciales geométricas, la teoría gauge y los sistemas integrables. En este sentido, los especialistas en esta disciplina coinciden en que los resultados de sus trabajos han supuestos grandes pasos en la evolución del conocimiento, logrando importantes descubrimientos en el ámbito compartido de física y matemática. No en vano, por ejemplo, sus trabajos en aplicaciones armónicas la convirtieron en una de las fundadoras del área del análisis geométrico.

“No puedo pensar en una mujer matemática para quien la vida haya sido fácil. Los esfuerzos heroicos tienden a ser la norma”, lamentaba Uhlenbeck en 1988. Han pasado dos décadas y queda aún mucho camino por recorrer, pero ella puede estar orgullosa no solo por sus hazañas matemáticas, sino también por su carácter de pionera al ayudar abrir una senda fundamental que habrán de recorrer otras muchas grandes científicas.

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