Juanito lleva desde los 8 años dedicándose, en serio, al mundo de la pintura. Foto: Juan Cortés.

En uno de los barrios más pobres de la periferia barcelonesa vive uno de los talentos más singulares del arte abstracto. Se llama Juan Cortés y con tan solo 10 años de edad ya tiene una extensa obra que despierta admiración y que le va a permitir exponer en Dubái. “Si todo sale bien estaremos exponiendo en breve en el Museo Internacional de Dubái”, cuenta el sorprendido padre de Juanito que va de sorpresa en sorpresa desde que su hijo cogió los pinceles: “no ha ido a ninguna escuela, nadie le ha enseñado. Ha ido perfeccionando su técnica y sorprendiéndonos cada día con sus logros”.

Fuente de inspiración

Pasear por su barrio es una fuente de inspiración para este joven pintor. “Para mí la calle está llena de inspiración, los semáforos, los carteles…están llenos de formas y de colores”, explica este pintor de etnia gitana que lleva tomándoselo en serio desde los ocho años. La afición parece venirle de las revistas que su padre aficionado al arte tenía por casa y que volvían loco al pequeño hasta el punto de preguntarse: “si me gusta tanto verlo, ¿porque no pruebo a hacerlo.”. Y desde entonces no ha parado de pintar y de disfrutar haciéndolo, ya que según explica: “siempre pinto cosas alegres y desde la emoción y el sentimiento”.

Arte abstracto

Wassily Kandinsky contaba que un día entró a su estudio y su mirada se fijó en un punto concreto que llamó poderosamente su atención. La luz, la forma y el color saltaban hacia otra dimensión. El pintor ruso fue testigo del alumbramiento del arte abstracto. Cuando se acercó lo suficiente a aquel milagro se dio cuenta de que uno de sus cuadros estaba al revés. La luz que entraba por la ventana hizo el resto.

Autodidacta

Me gusta mucho Kandinsky y el abstracto”, el gusto del pintor revela una madurez sorprendente y más cuando su formación es completamente autodidacta. El caso de Juanito se presenta como algo casi aislado en una comunidad que lucha constantemente por su reconocimiento. “Viviendo donde vivimos y siendo gitanos lo normal es que nadie diese un duro por el niño, afirma el padre del pintor a quien quizá su gusto por “lo raro y lo que hace pensar”  le haya convertido en el maestro que Juanito necesitaba.

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