Foto: @enelke

El confinamiento y los kilómetros de distancia -ella en Granada y yo en Madrid- nos obligan a tener esta entrevista vía Skype. La imagen de Juani se ve pixelada pero, de igual forma, se advierte una mujer con estética rompedora, gafas de vista setenteras, media cabeza rapada y media melena suelta. Si tenemos en cuenta que Juani Bermejo-Vega es la mujer científica trans postdoc con mayor rango en la computación cuántica de toda Europa, la normatividad ligada a la ciencia pierde relevancia y comprendemos ipso facto que divulgación, diversidad y activismo no están reñidas entre sí.

Juani Bermejo-Vega (@QueenOfQuanta) se presenta como “La Juani de Cáceres”, es mujer, es trans, es queer y es informática cuántica. Estudió el doble grado de Física e Informática en la Universidad de Salamanca y tras un año de Erasmus en Vancouver (Canadá), se trasladó a Alemania para hacer su tesis doctoral durante cinco años en Múnich. Seguidamente, realizó su posdoctorado en Berlín, donde estuvo hasta 2019. Ese mismo año le concedieron la prestigiosa beca de investigación Marie Curie- Athenea3i, por la que pudo volver a España gracias a un convenio con la Universidad de Granada, ciudad en la actualmente vive junto a su pareja.

Recostada en el sillón de su salón nos confiesa que ser mujer trans en el ámbito de la investigación científica “es muy duro”. Aunque no sea algo exclusivo de la Física o de la Ciencia, “si eres chica, persona queer o trans, resulta más difícil ascender en cualquier campo”, advierte. Juani aclara que “en ciencia existen estructuras muy jerárquicas, la academia es básicamente una jerarquía y esas jerarquías, a su vez, tienen estructuras de poder”. En este sentido sostiene que la investigación y la Universidad son mundos “muy señoros, pues la mayoría de profesores y catedráticos son hombres blancos cis heterosexuales”, por lo que subir o acceder a círculos de poder se presenta más complicado aún si estás fuera de esa norma.

El claroscuro de una transición

Su proceso de transición comenzó en 2018 y no fue nada fácil. “El mundo de la investigación no solo es muy homogéneo, sino también elitista y competitivo. Ser científica puntera es como ser deportista de élite y eso genera mucho estrés”, reconoce Juani. Le pregunto si se ha visto condicionada de alguna forma por el sector en el que desarrolla su carrera profesional, y rápidamente responde que “la investigación científica no es el ámbito más idóneo para experimentar con tu yo interno o tu género”. Transicionar en su trabajo le costó bastante tiempo y fue un proceso “por fascículos”. Me cuenta que salió del armario como “persona no binaria en 2017 con algunas personas del trabajo, pero en círculos de mucha confianza”. No obstante, aunque en 2018 ya comenzó a contárselo a más personas, recuerda que el 8M de 2019 lo vivió encerrada en el armario para que no se enteraran en su trabajo.

 “La ciencia la hacen personas, no son lugares es una gente, la ciencia muestra los estigmas de las personas que la hacen y si la sociedad es sexista, machista, tránsfoba y racista, la ciencia también lo será”, sentencia cuando le interpelo por la opresión existente a la hora de mostrar su verdadera identidad. Sin embargo, “ahora soy más feliz y disfruto más de lo que hago”, puntualiza orgullosa, “es cierto que ahora me junto más con chicas, de hecho, siempre quise trabajar más con chicas, pero en mi entorno de investigación hasta hace poco no había muchas”. A pesar de su mejora a nivel personal, Juani cuenta que desde que transicionó “me hacen menos caso, sufro mansplaining, siento que no me escuchan y he perdido algunos amigos dentro de la investigación”. Fue a raíz del activismo cuando empezó a descubrir casos de acoso, maltrato y encubrimiento de abusos por parte de investigadores y profesores, esta es una de las razones por las que ciertamente Juani ha perdido también algunos contactos.

Confiesa que tiene “muchas dificultades” para relacionarse con los que ella llama “profesoros” y que ha perdido autoridad entre sus círculos. “Me cuesta un pelín más hablar con ellos” – pone un ejemplo- “estás en un congreso y tienes que llevarte un día entero con señores con los que únicamente tienes en común la investigación, es inevitable que la relación personal con ellos se haga dura”. Sus comienzos en el activismo se remontan al año 2014 -antes de transicionar- cuando fue representante de los estudiantes de la Max Plank Society, una de las redes de investigación más grandes del mundo. A partir de ese momento se interesó por los temas de igualdad, diversidad e inclusión, aunque por aquel entonces, no había salido del armario, solo estaba explorando su identidad de género. Ese mismo año, creó junto a otras compañeras el grupo de igualdad de oportunidades y tres años después, en 2017,  fundó junto a Yelena Guryanova y Belén Sáinz, Q-Turn “un congreso de investigación donde intentamos que se desarrolle en un espacio agradable, seguro, con código de conducta, política anti acoso, y con más mujeres, personas queer, racializadas y no normativas entre sus participantes”. El segundo Q-Turn estaba previsto para este año, pero debido la pandemia del COVID-19, es posible que sea aplazada o realizada vía telemática.

Los dolores de la ciencia

La ciencia hecha por personas también guarda sus dolores. Juani afirma que “en ciencia sufre mucha gente”, presentándolo de nuevo como un entorno “jerárquico y capitalista”. La pobreza disfrazada de precariedad y explotación -como en tantos sectores- resulta muy común. “Son muchas las personas currando gratis o haciendo horas extras gratis en la investigación o, en su defecto, con contratoides de poca duración a pesar de realizar trabajos punteros y beneficiosos para la sociedad”, lamenta la investigadora. Según cuenta Juani, “cada vez se crean más puestos de trabajo peor pagados y en peores condiciones, es muy difícil estabilizarte en este ambiente tan precario y competitivo”. Existen dos grandes víctimas en esta historia: el obrero y la ciencia. Como explica la investigadora, “si la ciencia se hiciese en un campo donde la gente tuviese buenos contratos y estuviera feliz, habría mucha mejor ciencia”. Sin embargo, la realidad es otra. “Existe mucha soledad, mala supervisión y un alto nivel de exigencia -lo compara como una batalla- es un trabajo de supervivencia donde tres triunfan y 100 se desechan”.

Juani relaciona la deshumanización de la ciencia con la deshumanización del trabajo, condicionada en gran parte por la educación competitiva y alejada de la empatía de muchas de las personas que hoy desempeñan altos cargos en la ciencia, en su mayoría hombres blancos cis heteros. “Otros trabajos como la hostelería o los trabajos del hogar también están muy deshumanizados, sin embargo, la ciencia está muy bien financiada y el problema reside en el reparto desigual de esas partidas”, reconoce la investigadora. En la cultura del “publica o muere”, Juani denuncia que “se explota a mucha gente para luego desecharla, o mantenerla condicionada a realizar publicaciones de baja calidad en cortos plazos de tiempo, bajo un sistema ineficiente y deshumanizante”.

Una rara avis cada vez más común

A pesar de todo, Juani se siente afortunada y agradecida por cómo le ha venido la vida y el apoyo que tiene a su alrededor: “Soy de clase media, he recibido una buena educación, no he estado nunca en paro y tengo un currículo casi perfecto -hace un inciso para bromear al respecto-  vaya, que en la reunión de madres nadie se va a meter conmigo”. Sin embargo, es consciente de que debe tener cuidado por ser mujer trans, y que haber salido públicamente del armario le ha hecho perder “alguna oportunidad laboral para siempre”.

En los últimos años reconoce que la cosa ha ido cambiando. Según comenta, “hasta hace poco los hombres gays blancos no hablaban mucho de sus relaciones personales, y por razones de estigma, las personas queer hablan menos de su sexualidad o de su pareja, que las cis heteros en el campo de la ciencia”. Las profesoras o profesores trans en el campo de la computación cuántica en el mundo se pueden contar con los dedos de una mano. “El profesor trans mayor apenas llegará a los 40, luego estoy yo y una profesora residente en los Estados Unidos, y catedráticas trans en computación cuántica definitivamente no hay”, revela la extremeña. Asimismo, Juani era hasta hace poco la única mujer trans en su campo, pero advierte que cada vez son más las personas trans que están entregando sus tesis doctorales.

¿Llegarán antes los ordenadores cuánticos o la igualdad real?

“Es difícil predecir el futuro”, asegura Juani, “nadie sabe lo que va a pasar de aquí a 50 años, aunque en tecnología solemos hacer predicciones de aquí a 10 años con relativa confianza”. La científica vaticina que probablemente en 20 años se pueda conseguir un ordenador cuántico relevante, pero las predicciones físicas para la igualdad real no son tan esperanzadoras ni mucho menos tan cercanas. “La estimación de los últimos artículos que he consultado dicen que la igualdad de género llegará en 200 años, por tanto, su pronóstico es muy malo y para cambiarlo, tendremos que hacer un esfuerzo colectivo muy grande”.

En este sentido, para Juani el activismo -por mínimo que sea- es fundamental y comienza por un feminismo más inclusivo y la movilización de la clase obrera. Un feminismo anticapitalista y trans incluyente, que deje a un lado las pugnas tránsfobas propias de un feminismo anclado en el pasado, que solo pone trabas al feminismo contemporáneo donde la diversidad suma y hace más fuerte la lucha por esta igualdad.

Juani, que ha sufrido acoso en redes por parte de los sectores reaccionarios de la ultraderecha y de las propias feministas trans excluyentes, defiende las pequeñas luchas, la revisión de una o uno mismo, el constante cambio para ser mejores personas. También cree que con voluntad política se podrá alcanzar la igualdad de salario o la promoción de las mujeres en el ámbito laboral a través de programa sociales.

La científica se despide cariñosa y cercana desde su casita de Granada. Quedamos en que me pasaría una foto suya por correo electrónico y nos deseamos buen fin de semana. Al colgar, inmediatamente pienso que en un escenario ideal, dentro de 20 años, sería hermoso volver a hablar con Juani sobre ordenadores cuánticos relevantes y no pararnos a denunciar y visibilizar la transfobia existente en la ciencia; porque, en ese escenario ideal, existirían los ordenadores cuánticos relevantes, la sociedad sería feminista, la diversidad se entendería como natural y la igualdad real, una lógica intrínseca de la humanidad.

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