Foto: Asamblea Nacional de Venezuela

En diciembre de 2017, Juan Guaidó dijo que “Rafael Ramírez es el culpable del desfalco de PDVSA”, además de indicar que la Asamblea Nacional estaba trabajando para implementar procedimientos legales de repatriación de los bienes que fueron expoliados por los corruptos que, como decimos, están blanqueando con total impunidad ese dinero a través de operaciones en España.

Tal vez fueran estas palabras de Guaidó o la influencia de los políticos españoles conservadores a los que se han arrimado, incluso poniendo a su disposición medios de comunicación como herramientas de propaganda, lo que provocó que esos ciudadanos que medraron bajo el paraguas de Ramírez pretendieran acercarse a la oposición para intentar desmarcarse de quien les llenó de dinero. De este modo, esos bolichicos corruptos que campan por España a sus anchas y sin ningún tipo de control lograrían tener capacidad de influencia en un hipotético cambio de en la presidencia de Venezuela.

Juan Guaidó se está presentando ante el mundo como un hombre inmaculado, sin tacha de corrupción y preocupado por las necesidades que está pasando el pueblo. Sin embargo, nadie sabe lo que pretende hacer, nadie conoce qué programa político, social o económico tiene proyectado para el país. ¿Acaso pretende imponer cambiar el modelo actual por el del libre mercado dando entrada a todas las multinacionales que no harán más que saquear los recursos de Venezuela?

Sin embargo, existen varias incógnitas en referencia a Juan Guaidó. ¿A quién representa realmente? Esta duda viene porque la oposición al régimen de Maduro no es un ente homogéneo, tal y como ocurría en España durante el franquismo. ¿Representa a los exiliados de Miami? ¿Representa a quienes pretenden defender los privilegios de las élites venezolanas que huyeron tras la llegada al poder de Hugo Chávez? ¿Representa a las multinacionales que quieren entrar en el negocio de las materias primas que tiene el país? ¿Representa a los bolichicos que se hicieron multimillonarios gracias a la corrupción de, entre otros, Rafael Ramírez en PDVSA y que ahora se han posicionado en contra de Maduro con la única intención de regresar con sus dólares corruptos para tomar el control de Venezuela? ¿Quién es realmente Juan Guaidó? ¿Es el nuevo Noriega del siglo XXI?

Todas estas preguntas las puede responder el presidente de la Asamblea Nacional con sus actos y con sus compromisos para con el pueblo.

Gracias a Rafael Ramírez, a quien Guaidó responsabilizó del desfalco de PDVSA, y a su corte de familiares, asesores, socios y abogados, salieron de Venezuela más de 40.000 millones de dólares, dinero que se está blanqueando a través de redes internacionales que pasan por Hong Kong, Andorra, Mónaco, Luxemburgo, Gibraltar e, incluso, Moscú. Se trata de un entramado perfectamente diseñado que está provocando que ciudadanos venezolanos que medraron durante el chavismo a la sombra de Ramírez lleven un ritmo de vida que ni Aristóteles Onasis se pudo permitir. Los hay que sólo se hidratan con botellas de Dom Perignon, tal y como se puede comprobar en los mejores restaurantes de Madrid donde se liban los caldos más caros de la carta. Todo ello, claro está, con la complacencia y la protección de las élites económicas -que ven en estos ciudadanos venezolanos una oportunidad de negocio- y de la clase política de la derecha, quienes pretenden acercarse a ellos en una relación quid pro quo, en el que unos aportan su influencia y los otros el poder del dinero ganado ilegítimamente. Por otro lado, como ocurre con otras tramas de países cercanos a España, estos ciudadanos venezolanos que hicieron fortuna a través de la corrupción en PDVSA, controlan y contratan a los mejores despachos de abogados del país para, de este modo, aprovechar la influencia del lobby de los bufetes en los juzgados y frenar o archivar cualquier tipo de querella o demanda interpuesta contra ellos por, entre otras cosas, blanqueo de capitales.

Por lo tanto, ¿va Juan Guaidó de la mano de estos bolichicos corruptos que ahora forman parte de la oposición? Eso sería un error gravísimo si se dieran las condiciones democráticas para un cambio de presidente en Venezuela porque, estos ciudadanos que expoliaron al pueblo al que tanto apela el autoproclamado Guaidó, no pueden tener en ningún momento participación alguna en la política de Venezuela, salvo pasar por los tribunales, ser condenados por sus crímenes y, sobre todo, devolver las decenas de miles de millones de dólares que se llevaron y que están moviendo a través de redes de blanqueo.

Este es el primer compromiso que tiene que presentar al pueblo venezolano. Perseguir a los corruptos, reclamarlos a los países en los que están especulando con el dinero y blanqueando el capital que era del pueblo. Sin embargo, Guaidó no ha mencionado a todos estos corruptos. ¿Por qué? Esa es la cuestión y una persona que se presenta ante su pueblo como el adalid de la limpieza no puede tener la mancha de la duda de que sean los bolichicos los que le estén detrás de su autoproclamación.

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