Felipe VI vive sus días más amargos tras empujar a su padre, el Rey Emérito, a abandonar España de forma deshonrosa, a sabiendas, además, de que al menos la mitad de la ciudadanía y de la opinión pública y publicada criticarían abiertamente “la huida” de Juan Carlos I para no dar la cara ante la Justicia. Pero antes del pacto entre padre e hijo -con el prudente visto bueno de la Moncloa- el jefe del Estado trató de ver cómo su padre regularizaba su situación fiscal. Sin embargo, la cantidad a pagar por el Monarca estaba fuera de sus posibilidades, según confirman a Diario16 fuentes de toda solvencia.

La decisión se tomó tras largas y duras conversaciones en las que se analizaron varias opciones para reducir el impacto que todo esto tendría sobre la Corona. Entre las opciones que se barajaron, y que cobró más fuerza, fue que el Rey Emérito abandonara el Palacio de la Zarzuela y España, según confirman a nuestro medio.

También era importante dignificar en lo posible la figura de la esposa del Emérito, la Reina Sofía. Alguien que ni en el ámbito privado ni en el público perdió nunca la compostura y que siempre se mantuvo alejada de los “chanchullos” de un esposo con el que no mantiene una relación marital desde hace décadas.

Pero a lo que se negó del todo Juan Carlos I fue a que le retiraran el título de rey, extremo innegociable, que defiende mantener de forma vitalicia.

La postura del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido vital para la Corona. Y es que si algo ha dejado claro el líder del Ejecutivo de coalición es que no será en esta legislatura en la que se abra el melón para un referéndum que permita conocer si la ciudadanía opta por una República o una Monarquía.

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