“Debe ser horrible llegar a esa edad”, sonríe por fuera y se ríe por dentro, señalando con un movimiento de barbilla a un grupo de octogenarias que están unos metros más lejos, y las mujeres que hay a su alrededor, ninguna mayor de sesenta, alguna incluso en los cuarenta, devuelven con íntima alegría la sonrisa cómplice, sin sospechar que quien ha hablado según la biología tiene la misma edad que aquellas a quien ha señalado. No lo parece. De ningún modo lo parece. No sólo es el aspecto físico, la seguridad precisión y rapidez de los movimientos, sino sobre todo la energía: es como una dinamo capaz de hacer moverse al mundo entero.

La máquina le da el primer aviso poco después de cumplir los ochenta; y ella lo escucha, atenta: un problema de corazón que se soluciona con un simple marcapasos. Lo acepta, con renuencia. Y no acepta en absoluto el segundo aviso de la máquina de músculos y huesos, se niega a aceptarlo: porque está en todo su derecho.

No quiere ni siquiera oír mencionar la enfermedad, la plaga del mundo moderno. No quiere ir a ningún médico. No quiere ningún tratamiento. Ella ha sido joven hasta las ochenta años de un modo inigualable, maestro. Estar en el mundo sólo por estar, sin seguir siendo joven, no le interesa. Quiere irse ya, rápido, lo más rápido posible.

Y lo consigue. Apenas cinco días ingresada en un hospital, sin dolores todavía, apenas unas pocas. Muere y escapa a la vejez, se burla una vez más de ella. Qué persona espléndida.

Se llamaba Carmiña, Carmiña Puebla. Era la hermana pequeña de mi padre y la única que le quedaba viva. Admiro su decisión completamente y sin reservas. Es una filosofía de vida que comparto y en la que creo.

Bravo, bien hecho.

Mientras vivamos quienes la queremos seguirá viviendo, de algún modo, en nosotros y a través nuestro. Desde aquí la aplaudo. La aplaudo, pero sobre todo la respeto: siempre será joven en mi imaginación, y en mis recuerdos.

(Artículo dictado por Javier Puebla, y mecanografiado por el escritor Ángel Arteaga Balaguer).

 

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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