Estoy sentado ante el pequeño escenario de la pequeña y encantadora sala Mayko (General Palanca 7, Mad Madrid), fundamentalmente porque el dramaturgo y único intérprete de la obra EL (NO TAN) FABULOSO MUNDO DE CARALAMPIO es una persona de corazón, un hombre que se acepta y acepta al mundo tal y como es, y que me cae muy simpático.

Pero no esperaba, no imaginaba, lo que iba a suceder. La verdad es que mis expectativas eran más bien modestas; me daba por contento con haber conseguido que La Rubia De Las Piernas Largas viniese conmigo, no es fácil convencerla, y disfrutar del ambiente mientras esperábamos en el vestíbulo.

-No sé si votaré a Vox o a Podemos –dice una voz, y al buscar al propietario me encuentro con un tipo con aire de progre; sonrío.

Al cabo de unos minutos subimos unas escaleras y entramos. La sala está llena, todas las butacas ocupadas en la pequeña platea; distancia de seguridad y máscaras obligadas.

Arranca la obra; y me pregunto cómo va a hacer José Montiel para llenar el escenario, no hay casi nada de atrezzo, durante más de una hora. Enseguida descubriré la respuesta.

El José Montiel que yo conozco, conocía, no está en el escenario. Es otro. Es Caralampo. Tan distinto. Y ni un solo segundo se va del papel, ni un solo segundo los espectadores pueden escaparse de la magia de su hechizo. Hay muchas muchísimas horas de estudio y de trabajo transparentándose en su actuación espléndida. Pero no es sólo trabajo: es también talento. Gran talento.

Cuando al final sale a saludar por enésima vez, ya vestido de calle, vuelvo a asombrarme. ¿Cómo es posible que este tipo se haya convertido en ese otro tipo? Teatro. Qué regalo es ir al teatro. Y mejor quizá si el teatro es pequeño, si estás tan cerca que podrías descubrir todas las trampas pero descubres que no hay ninguna trampa, que todo es verdad, todo lo que nos cuenta José Montiel, el gran José Montiel.

Grito: ¡bravo! Y le aplaudo.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre