Ha muerto José María Iñigo, pero en la memoria de muchas, muchísimas personas, seguirá brillando su sonrisa, su bigote entre impertinente y cordial, y sobre todo perdurará la energía, positiva, con alegría de vivir, que siempre transmitía.

No recuerdo el nombre de aquel programa que le hizo famoso cuando yo aún era niño, y no voy a caer en la fácil tentación de buscarlo en internet -cualquiera que lo desee puede hacerlo gracias a la facilidad excesiva que actualmente nos brinda la tecnología- pero si ahora cierro los ojos le veo, junto a Uri Geller, el hombre que doblaba las cucharillas del mundo entero con el poder de su mente. Le veo con la mirada brillante y la sonrisa pícara y divertida. Vuelvo a cerrar los ojos y ahora le veo con el pelo al cero, rejuvenecido hace no tanto tiempo; no veo si tiene bigote o se lo había afeitado también.

Ha muerto José María Iñigo, pero no se ha ido. Está aquí, sigue aquí, entre nosotros, en el palacio mental que con mayor o menor desorden todos tenemos en nuestro interior. Y pienso que a muchos les sucederá dentro de unos meses, años incluso, que habrán olvidado la noticia de su muerte pero sí que le recordarán a él y hasta creerán y sentirán que sigue vivo.

-¿José María Iñigo? Un hombre simpático, un gran comunicador, me cae muy bien.

«No creo en la muerte» suele decir mi amigo Manuel Domínguez Moreno. Y tiene razón. ¿Por qué tendríamos que creer?

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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