¿Se imaginan que un grupo de más de 300 musulmanes penetraran en los lugares sagrados para el pueblo judío? ¿Cuáles hubieran sido las reacciones internacionales, sobre todo desde Israel y Estados Unidos? Se hubiese iniciado una campaña de condena global…, y con razón, porque nadie tiene el derecho de profanar los lugares de culto de nadie, sea quien sea.

La tolerancia internacional con las violaciones de Israel ha llegado al punto de permitir que uno de los sitios sagrados más importantes para los musulmanes de todo el mundo, el recinto de la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, sea profanado constantemente por colonos israelíes ultras.

Alrededor de 330 colonos israelíes ingresaron al complejo de la Mezquita a través de la Puerta de Marruecos, que conduce a la plaza del Muro de Al-Buraq dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Esta profanación del complejo de la mezquita de Al-Aqsa no es la primera vez que se produce ya que los fanáticos israelíes ingresan al área bajo una fuerte protección de la policía israelí. En varias ocasiones, además, estos colonos realizan oraciones judías en el sitio, ya que, según la mitología, es donde los ultraortodoxos creen que una vez estuvo el Segundo Templo de Salomón, algo que no está históricamente demostrado.

Además, algunos activistas israelíes de extrema derecha han abogado por la destrucción del complejo de la Mezquita Al-Aqsa para dar paso a un Tercer Templo.

Cada vez más, estos activistas han tratado de obtener apoyo para una mayor presencia judía en el sitio, a pesar de que exista un acuerdo de tutela conjunta entre Israel y Jordania, que mantiene el control sobre los lugares sagrados cristianos y musulmanes en Jerusalén. Sin embargo, los ultras israelíes pretenden desde hace tiempo que la ciudad de las tres religiones sea sólo lugar de culto para las personas que profesen la religión judía.

La mezquita de Al-Aqsa es el tercer sitio más sagrado para los musulmanes de todo el mundo. También fue la primera Qibla del Islam, la dirección hacia la cual los fieles deben volverse para orar, antes de que se cambiara a La Meca.

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