Mujeres iraníes durante el partido Irán-Bolivia.

Las mujeres iraníes, que estaban empezando a conquistar algunos derechos humanos brutalmente recortados desde la Revolución Islámica de 1979, vuelven a correr serio peligro tras el proceso de involución que vive el país. Al hecho de que el fiscal general de Irán, Mohammad Jafar Montazeri, haya avisado de que planea prohibir la entrada de mujeres en los estadios de fútbol se une una aplicación cada vez más dura y estricta de los artículos del Código Penal Islámico, que trata de velar por el cumplimiento de la moralidad.

Desde la llegada al cargo de Montazeri en abril de 2016, las oenegés han denunciado la vuelta a los años más duros de los ayatolás y a la violación flagrante de los derechos humanos. La ley islámica se está aplicando a fondo contra las mujeres que incumplen el Código Penal. Así, todo acto que se considere ofensivo para la moral pública es sancionado con penas de entre 10 días y 2 meses de prisión o 74 latigazos, un castigo medieval que aunque cada vez se aplica menos continúa vigente en el país. El velo (hiyab) es obligatorio por la calle, de modo que toda aquella mujer que se lo quite se expone a ser condenada a esa misma pena, una norma que también afecta a niñas mayores de nueve años ‒en Irán a partir de esa edad una persona ya es jurídicamente responsable de sus actos‒. Además, las autoridades han impuesto el uso obligatorio de esa prensa a las menores de edad a partir de los siete años, concretamente cuando empiezan la escuela elemental. Otra cosa es que la “policía moral” no dé abasto para identificar a toda la población femenina. Si lo hiciesen probablemente las cárceles estarían llenas.

Que el Gobierno de Teherán ha endurecido su represión contra mujeres y niñas que no lleven el hiyab se demuestra por el comportamiento de la Policía, que ya ha advertido oficialmente de que participar en manifestaciones o actos de protesta contra el velo puede castigarse con penas de hasta 10 años de prisión. Toda movilización será duramente reprimida. Bajo estas normas represoras y machistas, las detenciones de mujeres se cuentan por decenas. En Irán las mujeres van a prisión por actos tan inocentes como deslizar un mechón de cabello bajo el velo, lucir manga corta o vestir pantalones con colores llamativos. La Justicia del clérigo Montazeri está permitiendo que la policía se emplee con dureza contra aquellas que no cumplan la ley sharia a rajatabla. Esto incluye que los agentes de la moralidad puedan “interceptar al azar a mujeres en la calle, lanzarles una lluvia de amenazas e insultos, ordenarles que se echen hacia delante el pañuelo para ocultar el pelo, entregarles pañuelos de papel para que se quiten el maquillaje, agarrarlas por los brazos, abofetearlas, golpearlas con los puños o las porras y esposarlas y meterlas violentamente en furgones policiales”, según ha denunciado Amnistía Internacional. Pero la cosa no queda ahí: se les puede prohibir la entrada en aeropuertos, universidades, hospitales y oficinas del Gobierno si no van vestidas conforme a las puritanas normas del régimen islámico.

Prohibición en los estadios

Hace solo unos días, y después de 37 años, volvieron a verse mujeres en un campo de fútbol en Irán. Fueron no más de cien, sobre todo esposas y familiares de los jugadores de la selección iraní que se enfrentó a la de Bolivia en el estadio Azadi de Teherán. Las fotografías de aficionadas al fútbol cantando y vibrando con el partido, mientras sostenían la bandera nacional, dieron la vuelta al mundo. Desde la Revolución Islámica mujeres y hombres deben ir separados a los acontecimientos públicos y ellas tienen terminantemente prohibido acceder a un estadio de fútbol. El hecho histórico de que se les permitiera hacerlo para ver el Irán-Bolivia fue un acto de excesiva permisividad gubernamental que debió remover la bilis del fiscal jefe Montazeri, al que le faltó tiempo para lanzar una de sus habituales soflamas religiosas y advertir de que en breve volverá la prohibición: “Que las mujeres vean hombres semidesnudos en los campos de fútbol las lleva al pecado”, espetó el clérigo que hace las veces de acusador público en los procesos regidos por la sharia, que se aplica en este país de religión musulmana. Además, añadió que “actuaremos ante cualquier oficial que quiera permitir la entrada de mujeres en los estadios. Si esto se repite, ordenaré al mismo fiscal de Teherán que actúe”.

Ahora habrá que ver qué pasa con el partido de semifinales de la Liga Asiática de Campeones, que disfrutarán el Persépolis de Teherán y el Al-Sadd de Catar, un encuentro al que en principio las mujeres tenían permiso para asistir y que se convertirá en todo un símbolo de la lucha por la igualdad en los países de Oriente Medio. Quizás tengan que volver a ponerse barba para hacerse pasar por hombres a la hora de entrar en el estadio. La mano del fiscal general Montazeri es alargada y muchos analistas advierten de que la Justicia iraní podría volver a la prohibición en los próximos días.

En enero de 2018, las autoridades iraníes encarcelaron a una mujer en Teherán por participar en una protesta pacífica contra el uso obligatorio del hiyab, según denunció Aministía. Esta oenegé lanzó un comunicado en el que exigió al régimen de Teherán que deje de perseguir a las mujeres que se niegan a llevar “esta obligación discriminatoria y humillante”.

El 15 de agosto de 2017 la defensora de los derechos humanos Shima Babaee recibió amenazas telefónicas de la Oficina de Seguridad en Materia de Moralidad (amniat-e akhlaghi) y fue citada para ser interrogada en comisaría.

Son ya muchas las mujeres iraníes que se han sumado a la campaña contra el uso obligatorio del velo y que por ello están sufriendo el acoso de las autoridades y de los medios de comunicación. Algunas intelectuales como la periodista iraní Masih Alinejad, defensora de los derechos femeninos, fundadora de los Miércoles Blancos e impulsora de la campaña online My Stealthy Freedom (Mi Sigilosa Libertad) están invitando a las mujeres de Irán a fotografiarse con la cabeza descubierta y a subir las imágenes a las redes sociales, como forma de protestar enérgicamente contra el uso obligatorio del velo. La campaña ha llevado a que la prensa oficialista acose públicamente a Masih con insultos como “puta” y mediante la propagación de falsas historias sobre ella, como que provocó su “violación en grupo tras tomar una dosis excesiva de cocaína y desnudarse en la calle”. Masih Alinejad también ha recibido amenazas de muerte de los servicios de inteligencia y la policía iraní.

En el año 2016, otra activista, Atena Daemi, llegó a escribir con desesperación en su cuenta de Facebook: “El juez me dijo que mi oposición al uso obligatorio del velo equivalía a oponerme a las normas claramente establecidas en el Corán, que había insultado el carácter sagrado de la religión y que mi sentencia debía ser la pena de muerte”. Atena fue declarada culpable de cargos contra la seguridad nacional y condenada a siete años de prisión. En la actualidad sigue en la cárcel. A la persecución que sufren las intelectuales iraníes formadas en la universidad de Teherán se unen medidas de represión que parecerían surrealistas en cualquier país occidental del mundo, como la pena de confiscación de automóviles para todas aquellas mujeres que se atrevan a conducir sin el velo.

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