Los españoles seguimos derrochando el agua potable. Según la última Encuesta sobre el Suministro y Saneamiento del Agua del Instituto Nacional de Estadística, consumimos de media unos 132 litros por habitante y día, una cifra que rebasa de largo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que habla de un máximo de 80 litros diarios por persona.

Entre las recomendaciones que apuntan los expertos está la de no dejar el grifo abierto mientras nos lavamos la cara o las manos, sino ir abriéndolo y cerrándolo en los momentos imprescindibles. Eso es fácil de hacer, claro. Pero qué pasa cuando queremos que salga el agua caliente. Ahí tenemos que dejar correr el agua del grifo un buen rato (de ocho a quince litros), un gesto que viene a costar unos 500 euros al año a las familias españolas.

Fue precisamente ese problema lo que impulsó a dos fontaneros valencianos, Rafael Rodrigo y Francisco Pelegero, a inventar el SmartWater, un artilugio cuyo ahorro de agua y luz amortiza su precio en menos de tres años, como asegura un estudio del Centro de Tecnologías Físicas de la Universidad Politécnica de Valencia-Campus de Gandía.

Según este estudio, SmartWater ahorra el 40% del agua que se emplea en una construcción, 500 euros al año a un domicilio particular, 1.000 euros a una peluquería, 3.000 a un gimnasio y 4.000 a un hotel. También es considerable su ahorro en energía, ya que, a diferencia de otros inventos desarrollados para el mismo fin, este aparato no va conectado al sistema eléctrico del hogar sino que trabaja con cuatro pilas doble A, que duran dos años.

”Instalar SmartWater en cincuenta viviendas equivale a plantar tres árboles cada año”, asegura Rodrigo. Ya que el consumidor no solo no tiene que pagar más por su recibo de la luz, sino que el invento implica la reducción del 30 por ciento de las emisiones de CO2.

Sus creadores han explicado que el dispositivo se compone de una sola placa colocada en el cuarto de baño, capaz por sí sola de gestionar toda la instalación del domicilio. La primera novedad es que a ella entran las tuberías de agua fría y caliente y, desde dentro, se decide cuándo el agua ha tomado la temperatura que se desea. La segunda, que el agua que no se ha utilizado no se tira, sino que pasa a un depósito.

Solo hay que accionar un pulsador instalado junto al grifo, que automáticamente se ilumina de color azul, para conseguir que el agua que corre se almacene en un depósito mientras se calienta. Y una vez caliente, la luz del botón pasa a ser roja, lo cual significa que el agua ya está preparada para ser utilizada. De esta forma, cuando el usuario abre el grifo, el líquido elemento sale a la temperatura deseada mientras que el agua fría queda almacenada para, por ejemplo, usarla en el lavavajillas, la lavadora o vaciar el inodoro.

Si se necesitara mezclarla con agua fría para obtener una determinada temperatura, la primera que se consume es la que ha sido previamente almacenada en el depósito, por lo que “por cada litro que no tiramos, ahorramos dos: el que no hemos tirado y el que reciclamos”, puntualizan sus creadores.

El invento se ha desarrollado y fabricado íntegramente en Valencia y certificado tanto en España como en Estados Unidos. Su eficacia se ha probado en ochenta instalaciones, obteniendo el certificado C en España y el BCC en Estados Unidos.

En la actualidad se comercializa –bajo el patrocinio de la empresa IDI creada a tal efecto– en México, Chile y Estados Unidos, aunque ya ha recibido peticiones para su implantación en una cadena de hoteles en Punta Cana (República Dominicana). Sus inventores Rodrigo y Pelegero han declarado, sin embargo, que les “encantaría” que el mercado “masivo” de su novedoso dispositivo fuera España: “Lo que necesitamos es hacerle saber a la gente de España que existe este producto, y para ello nos podrían ayudar mucho las subvenciones estatales, las noticias en medios de comunicación, etc.”

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1 Comentario

  1. Que invento más interesante. A nivel de empresa o negocios veo que puede merecer la pena, a nivel particular ya no tanto.
    Me alegro que fontaneros de profesión como yo tengan este coraje para pensar e inventar.

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