Luego de  un año de “tensiones diplomáticas” entre EEUU y el gobierno de Panamá, presidido entonces por el General Manuel Noriega,  la administración de George H.W Bush (padre) decidió, tomando como pretexto la lucha antidrogas y la supuesta complicidad del mandatario panameño con el tráfico de estupefacientes y el lavado de dinero, realizar la Operación Juste Cause (Causa Justa), que consistió en una de las invasiones más cruentas realizadas en América Latina.

La mañana del 20 de diciembre de 1989, el presidente Bush dio una breve alocución en la que justificó la acción por cuatro razones:1)la protección de la vida de los ciudadanos de EEUU en Panamá, puesto que según él, Noriega había declarado la guerra a la nación norteamericana y era necesario defender a sus conciudadanos 2)la defensa de la democracia, pues también a su juicio se anularon unas elecciones en las que resultó ganador el candidato de la oposición y se habían reportado numerosos casos de violaciones a los derechos humanos 3) la lucha contra las drogas y 4) proteger la integridad de los Tratados Torrijos-Carter, ya que según el congreso estadounidense Noriega ponía en peligro la neutralidad del canal de Panamá y por tanto EEUU debía intervenir militarmente para asegurar la zona. Poca horas más tarde, comenzó el terror.

La arremetida militar fue implacable. Toda Panamá se convirtió en Objetivo de Guerra: escuelas, hospitales, zonas residenciales y en especial, las barriadas pobres fueron bombardeados sin clemencia.  Casi treinta  años después, aún no es posible precisar la cantidad exacta de víctimas civiles, de desaparecidos, los daños materiales. En más de dos décadas, la Casa Blanca no se ha preocupado por investigar la verdad de los crímenes de guerra cometidos por el Pentágono en esta ofensiva.

La incursión militar estadounidense se inició a la 1:00 am, hora local. En la  primera etapa, participaron 27.684 soldados gringos, más de 300 aeronaves, incluyendo  AC-130,  un avión con armamento pesado de ataque a tierra; OA-37B aviones de observación, conocidos también como Dragones; aviones F-117A Stealth , que gracias a su precisión pueden situar las bombas a pocos centímetros de blanco, y fueron utilizados en la Guerra del Golfo, y AH-64, helicópteros Apache, diseñados para misiones de ataque contra carros de combate , asalto, escolta y caza-helicóptero, con capacidad operativa todo el tiempo (día-noche). Toda esta artillería fue desplegada contra 3.000 miembros de la Fuerza de Defensa de Panamá (PDF), antes Guardia Nacional.

El primer asalto fue a  las instalaciones del Aeropuerto de Punta Paitilla en Ciudad de Panamá y al aeródromo en Río Hato. El ataque contra la sede central de la PDF, conocida como La Comandancia, provocó incendios, que destruyeron la mayoría de los poblados adyacentes y en especial el barrio El Chorrillo, el más populoso y grande de la ciudad. Quedó totalmente arrasado. Soldados estadounidenses lo llamaron irónicamente Little Hiroshima. El pueblo lo recuerda como el barrio mártir.

No pasaron muchas horas cuando en una base militar estadounidense, Guillermo Endara fue juramentado como nuevo presidente de Panamá. El objetivo estaba logrado. Sin embargo, las operaciones militares continuaron durante días  en un trabajo de “limpieza social” en contra de los llamados Batallones de la Dignidad, núcleos de organización popular creados por Noriega. Es necesario traer a la memoria un significativo dato, durante el Golpe de Estado de 2002 contra el presidente venezolano Hugo Chávez , la derecha internacional comparó a los Círculos Bolivarianos con estos batallones.

Informes del Pentágono dicen que solo murieron 516 ciudadanos panameños durante la acción. Un memorando interno del ejército de EEUU señala que fueron 1.000. Una Comisión Independiente de Investigación sobre la invasión de EE.UU a Panamá estima el número de muertes entre 1.000 y 4.000.  Investigadores independientes sostienen que la víctimas mortales oscilan entre 3.000 y 4.000.Aún no hay una verdad oficial al respecto.

Tenemos prohibido olvidar la invasión a Panamá y es nuestro deber hacer  que las nuevas generaciones conozcan cómo actúa el imperialismo contra los pueblos.

Hoy, la Internacional Guevarista se une a todos los revolucionarios panameños y latinoamericanos que  reclaman justicia. La Internacional Guevarista respalda a las organizaciones sociales  y de defensa de los derechos humanos, asociaciones de víctimas y sobrevivientes que piden que se diga la verdad sobre la invasión estadounidense a Panamá y se termine la impunidad de la Casa Blanca sobre estos crímenes de guerra contra civiles inocentes.

“El pueblo norteamericano no es culpable de la barbarie y de la injusticia de sus gobernantes, sino que también es victima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo” Che Guevara.

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