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Indultos y arrepentimiento

Antonio Illán Illán
Escritor. Licenciado en Filosofía y Letras. Catedrático (jubilado) de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. Ha desempeñado diversos puestos en la Administración. Tiene publicaciones de poesía, narrativa y ensayo. Colaborador cultural en medios de comunicación (prensa, radio y televisión), con más de 2.000 artículos publicados. Crítico de teatro en el diario ABC Castilla-La Mancha.
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No creo en el arrepentimiento como condición para un indulto. Arrepentirse es una condición del sentir personal. Manifestar el arrepentimiento para conseguir un fin no es un sentimiento es pura retórica. Por eso no creo que la causa para el indulto de los presos catalanes deba depender del arrepentimiento (que seguro no tendrán) ni de la expresión del arrepentimiento (que es algo susceptible de poder hacerse sin más).

El indulto en este caso, de ser, debe ser esencialmente político. Uno de los pensadores más libres (y más leídos) que conozco, Gabriel Rodríguez, afirma que “El arrepentimiento, que se materializa en la confesión, es un mecanismo de sumisión que tienen muchas religiones. Digo más: es el mecanismo de sumisión por excelencia. ‘Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa’. (Confíteor Deo omnipotenti, et vobis, fratres: quia peccavi nimis cogitatione, verbo, opere et omissione. Mea culpa, mea culpa, mea massima culpa). Culpa, arrepentimiento, confesión, perdón… todo esto es muy religioso, y lo que me parece una impudicia es que se pretenda mezclar y confundir con otros conceptos como libertad, democracia, constitución, etc.”. Escribe Spinoza en su Ética que “El arrepentimiento no es una virtud, o sea, no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable o impotente”. La razón jurídica no puede exigir el arrepentimiento, pues este no procede de la razón, sino del sentimiento (de la pasión, que diría Spinoza). Por tanto, operamos en dos planos distintos: razón/pasión.

Como mucho, la razón jurídica puede exigir la confesión pública, la humillación o la postración pública. Y a los arrepentidos de palabra solo les queda, como a los marranos del siglo XVI, “judaizar” en privado. Digo esto para que se vea en que charcos teológico-políticos se están metiendo quienes hablan de la necesidad del arrepentimiento. La idea y el acto del arrepentimiento tienen más que ver con la religión que con el derecho, y más en concreto con la religión católica en la que son muy importantes son las manifestaciones externas. Al fin y al cabo, el arrepentimiento solo puede ser una “declaración”, pues no podemos comprobar cuáles son los pensamientos íntimos del arrepentido.

¿Por qué ser negacionista en cuanto a los indultos a los catalanistas? Todos los indultos son justificados si son aprobados por el Gobierno legítimo y el expediente se ha tramitado conforme a la ley. Lo fueron con González, con Aznar, con Zapatero y con Rajoy. El indulto es una medida de gracia, una prerrogativa que tiene el Gobierno que toma la decisión de indultar por las razones que sea, que, a buen seguro, estarán orientadas a mejorar la situación en el contexto social. Y, si es una medida de gracia, no es una medida de estricta justicia. De ahí que las pasadas argumentaciones del Tribunal Supremo español tengan un punto de falacia. Y llegar a considerar estas prerrogativas del poder ejecutivo como “fraude de ley” es, cuando menos, una desmesura.

Así que, en mi modesta opinión, si el indulto lo considera el Gobierno legítimo como algo que puede ser bueno, habrá que dejar que tome decisiones, que para esto ha sido elegido por la mayoría de los ciudadanos. Gobernar nunca será fácil ni podrá hacerse a gusto de todos.

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2 Comentarios

  1. Los delincuentes debes ser castigados por sus delitos y cuando existan indicios racionales de reincidencia la sociedad debe protegerse de ellos. Un asesino o violador que manifieste que en cuanto ponga los pies en la calle lo volverá a hacer no debería pisar la calle nunca.

    Los políticos golpistas que atentaron contra la democracia poniendo en riesgo la paz son gente muy peligrosa y la sociedad tiene derechos a protegerse de ellos. La guerra de Yugoslavia con sus miles de masacrados y miles de violaciones fue promovida y causada por políticos nacionalistas. Hay que impedir a toda costa que puedan conducirnos al mismo escenario.

  2. Macedonia de conceptos sin ton ni son. Mantra de la ultra derecha de una España cavernícola. Mezclar delinqüents y activistas sociales además de ser mentira es peligroso. Por opiniones como la suya aparecieron los campos de concentración. Poner a los que no piensan como uno de enemigo a exterminar no sirve para nada.

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