Independentistas y unionistas se atizan a cuenta del segundo aniversario de los atentados en Cataluña

Puigdemont reclama una comisión de investigación para esclarecer los “puntos oscuros” del ataque yihadista y el PP arremete contra Quim Torra

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La ciudad de Barcelona ha rendido este sábado un homenaje a las víctimas del atentado del 17 de agosto de 2017 con un minuto de silencio y una ofrenda floral en el mosaico de Joan Miró en La Rambla, donde se detuvo la furgoneta del ataque tras recorrer más de 500 metros provocando la muerte de 16 personas y 155 heridos de 34 nacionalidades.

Dos años después de la barbarie, unos 70 familiares y víctimas se han situado en la primera línea de la ceremonia y, después de un minuto de silencio, han depositado flores en cuatro maceteros en el centro de La Rambla, donde el año pasado se colocó el memorial. En el acto, en el que no ha habido discursos, una violoncelista ha interpretado El Cant dels Ocells, y ha habido pancartas en contra del odio y una que aseguraba que el islam “condena tajantemente el asesinato de personas inocentes”, mientras que otra pedía saber toda la verdad.

Los actos han transcurrido con total normalidad en medio de una emoción contenida. A los largo de estos dos años Barcelona se ha ido recuperando de las heridas del zarpazo terrorista pero algunos siguen haciendo política de la más baja estofa a costa de la tragedia, tal como ya ocurrió con los viles atentados del 11M de 2004 en Madrid, cuando se propagaron descabelladas teorías conspiranoicas por parte del Gobierno de Aznar y de cierta prensa acólita de derechas.

Así, el ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha reclamado esclarecer los “puntos oscuros” de los atentados de Barcelona y Cambrils y ha recordado a las víctimas y al personal de seguridad y sanitario que ayudó tras la tragedia.

En un hilo de Twitter recogido por Europa Press, Puigdemont asegura que quedan deberes pendientes, y pide “dedicar los mismos esfuerzos que se destinan a tapar las evidencias de una investigación periodística a permitir que se abra una comisión parlamentaria en que se hable sin secretos de Estado ni materia reservada”.

A su juicio, el recuerdo de las víctimas es un deber ético, como también el esclarecimiento de todas las circunstancias que concurrieron: “Investigar en sede parlamentaria es una exigencia insoslayable”.

No solo Puigdemont ha decidido convertir este día de duelo en un acto político con fines electoralistas a costa de la sangre derramada. En el otro bando, el unionista, el secretario general del PP catalán, Daniel Serrano, ha acusado al Govern de “contribuir a alimentar una teoría de la conspiración un tanto paranoica” sobre los atentados yihadistas de Cataluña.

“No es la mejor forma de combatir el terrorismo”, ha declarado a los periodistas, y ha pedido situar a las víctimas en el centro de toda acción política en relación con cualquier atentado. Esta es la razón −ha explicado− por la que su partido ha acudido este sábado al punto de reunión donde se ha realizado la ofrenda floral: “Hemos querido acompañar un año más a las víctimas del brutal atentado ocurrido en las Ramblas de Barcelona hace dos años”, ha añadido. También ha manifestado que al terrorismo “se le combate con unidad”, y ha considerado que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, no ha actuado en ese sentido. “Para que triunfe el bien, es imprescindible que haya unidad”, ha reiterado, y ha añadido que los únicos responsables de un atentado terrorista son siempre sus autores.

Una vez más, hemos asistido a la imagen deplorable de políticos de uno y otro signo arrojándose los muertos a la cara, algo que en este país parece haberse convertido ya en deporte nacional. La Justicia ha investigado a fondo este caso para desentrañar quiénes cometieron el siniestro atentado yihadista y si hubo alguna negligencia en la investigación o alguna complicidad entre miembros de las fuerzas de seguridad del Estado con los asesinos. Nada sólido se ha encontrado hasta el momento más allá de que algunos de los implicados hubiesen sido confidentes de la Policía en el pasado, lo cual no prueba nada. El atendado tuvo un carácter fundamentalista religioso y tratar de relacionar a los yihadistas con los agentes del CNI tratando de probar no se sabe qué tramas ocultas es tan absurdo como miserable.

 

Por supuesto que corresponde a los jueces indagar en la matanza de las Ramblas, como ya se hizo en el macroatentado de Madrid de 2004, cuya ejemplar instrucción terminó con sentencias condenatorias para los implicados mientras la prensa de la “caverna” afín al PP se dedicaba a alimentar bulos y falsas noticias que solo sirvieron para aumentar el dolor de las víctimas y para dañar la reputación internacional de nuestro país, que quedó como una tribu de salvajes incivilizados que ni siquiera saben aparcar sus rencillas para enterrar en paz y con honor a sus muertos.

Por desgracia, parece que tendremos que acostumbrarnos a la difusión de fakes y culebrones de este tipo cada vez que se produzca un atentado. En los últimos meses hemos asistido el bochornoso espectáculo de Albert Riveray los suyos resucitando el fantasma del terrorismo etarra en los actos políticos de Ciudadanos en Euskadi. Como también hemos visto el denigrante esperpento de esos pueblos y aldeas vascas que reciben a los asesinos de ETA puestos en libertad con banda de música, confeti y brindis con txacolí. El terrorismo sigue siendo rentable políticamente y en el caso de Barcelona parece que algunos han visto la carnaza y han decidido caer en la tentación de instrumentalizar los asesinatos para sus fines partidistas. Y ahí van, alimentando las insinuaciones, las vanas sospechas y las conspiraciones infundadas como argumentos para apuntalar sus proyectos políticos, ya sea la independencia de Cataluña o la indisoluble unidad de España.

Los atentados del 11S en Estados Unidos generaron su propia teoría de la conspiración; el 11M de Madrid padeció la suya; y ahora ciertos personajes más bien desalmados han visto el filón de construir su propia historieta alternativa para captar votos a costa de lo que sea, incluso de jugar con la memoria de las víctimas. Más les valdría dejar en paz a los muertos y a sus familias. Porque no solo es nauseabundo y asqueroso. También es cutre y propio de gente sin civilizar.

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