No me lo creo. No lo asimilo y no me lo creo. ¿Cómo es posible? Aunque era evidente, al mismo tiempo que increíble era evidente que Alonso no iba a tener ninguna posibilidad con un equipo de un solo coche, un equipo sin ninguna experiencia en laFormula Indy… sí, ya. Que no ganase, bueno, era previsible, poco agradable aunque aceptable. Pero ¡¿que no lograse ni siquiera clasificarle para la carrera?!

¡Venga ya!

Ni el más fanático de los antialonsistas habría sido capaz de imaginar algo así. ¿Será capaz de conseguir los mínimos puntos que le faltan para proclamarse por tercera vez campeón del mundo en Le Mans? Quedan menos de treinta días… es poco tiempo.

Aunque creo que sí, que será capaz de recuperarse como se ha recuperado de tantos golpes y sinsabores; casi más sinsabores que alegrías: sobre todo en McLaren. McLaren a Alonso no le trae -a los datos me remito- buena suerte.

Siendo optimistas podemos pensar que la carrera de Indianápolis -que según la leyenda siempre elige a los ganadores mágicamente- no ha querido a McLaren; aunque tampoco ha querido suficientemente a Alonso. Es la segunda vez que la carrera deja fuera al Español Volador. Los motores Honda, los chasis McLaren… con ninguno le ha ido bien al piloto que aspiraba a la Triple Corona. Y he puesto: aspiraba, porque entiendo que en este momento no aspira a nada, no sabe hacia donde ir, está desconcertado, sonado como un boxeador cuando se ve obligado a encajar un golpe que no ha visto venir, que se le antojaba tan imposible que ni siquiera le había dedicado un pensamiento.

Fracaso. El éxito y el fracaso son igual de impostores, según cantaba en su célebre poema IF el inmortal Ruyard Kipling, pero siendo ambos impostores todos preferimos el primero al segundo, el éxito al fracaso. Y más aún cuando quien fracasa es nuestro héroe, a quien -innegablemente- hemos subido a los altares por sus éxitos.

Aunque también se puede ver el gran fiasco de Indianápolis 2019 como una oportunidad para Fernando Alonso, perfecta ocasión para demostrar su grandeza. Si sabe superarlo, si el año que viene vuelve a Indianápolis, gane o pierda, entonces -y vuelvo a Kipling- serás hombre, Fernando Alonso, serás hombre.

 

Tigre tigre.

Menos mal que nos queda Nadal

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