El asesinato de un ciudadano en el intento de imponer una ideología o creencia a una tribu hace varias semanas, (evangelizar también es otra forma de imponer) nos lleva una vez más a preguntarnos, ¿hasta qué punto es lícito entrar en una comunidad o tribu, destruir y deshacer toda su tradición y cultura, con el único fin de adquirir nuevos seguidores y fieles?

Desde siempre, y ahí está la historia para dar cuenta de ello, muchas son las religiones que en su avaricia y conquista de nuevos devotos, han impuesto sus creencias. En ocasiones, de una forma violenta, imponiendo en los conquistados un desarraigo de toda tradición o cultura religiosa practicada con anterioridad. Y en otras, bajo el narcisismo profético y la oratoria del convencimiento, desvirtuando y desprestigiando todo lo que conocían hasta ese momento, como si en la profundidad y en el sentido que sostienen sus palabras radicara la única y exclusiva verdad, y no, simplemente, otra perspectiva más sobre la propia existencia y todo lo que nos rodea.

¿Hasta qué punto existe una verdad religiosa que deba ser impuesta, y aun siéndola, (y no la hay por lo pronto, o no está contemplada como tal) deba destruir otra creencia o práctica religiosa que durante siglos ha mantenido su ejercicio?

La condición del ser humano en su conquista de todo lo posible, tiende a dejar poca libertad y menos margen de comprensión a todo lo desconocido. En el caso de las religiones, se impone ante el débil con sus propias certezas y verdades, y con todos los miedos que pueda movilizar. Y lo hace sin ningún tapujo, desoyendo la ley natural donde toda tradición está arraigada por la equivalencia de muchas generaciones, y por ello, reside tapiada por múltiples razonamientos, de igual manera que todo conquistador religioso reside tapiado por ciertos razonamientos que ha heredado, y que, en ningún caso, tampoco contemplan la certeza única del universo. En todo caso, es otro relato más. ¿Son los dioses, bajo una manifestación divina, quienes proponen la conquista religiosa, o son simplemente hombres que interpretan como les da la gana, o que añaden al relato heredado sus propias notas, y en su ego eclesiástico y de fervor religioso toman la decisión de la conquista?

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorCarla contra Vox
Artículo siguienteEl reto de las oficinas inteligentes
Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

2 Comentarios

  1. Casi todas las religiones han pasado por fases expansivas, movidas por un frenesí evangelizador. El caso concreto al que se refiere el opinador es el desembarco de un cristiano evangelista procedente de una de las iglesias fundamentalistas con sus pastores telepredicadores de EEUU. Opinador, investigue que el caso tiene un precedente: los habitantes padecieron el tipo de adoctrinamiento del que hablamos de imponerles una religión y unas costumbres extrañas. Ante la muy mala experiencia, los habitantes del archipiélago de Andamán rechazan todo tipo de contacto directo con todo tipo de extranjeros

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here