El 27 de julio 2018 la policía detuvo a las hermanas Khachaturyan, Crestina, ambas de 19 años, Angelina de 18 y María de 17, después de que ellas mismas confesaran haber matado a su padre, Mikhaíl. Las cuatro chicas denunciaron que su progenitor abusó de ellas durante años. Según la investigación, demostró que las chicas decían la verdad.

Expertos rusos en este tipo de violencia comprobaron los años de violencia, abusos sexuales y de otra índole, por parte del padre. El mismo día de la muerte del progenitor, este les arrojó gas pimienta en la cara.

Crestina una de las hermanas tuvo un ataque de asma y se desmayó. Los vecinos contaron que tenían miedo de Khachaturyan, porque llevaba armas y amenazaba a cualquiera que se atreviera a llevarle la contraria.

Todas las denuncias contra Khachaturyan fueron denegadas por parte de la policía. Las hermanas eran rehenes en su propio hogar, ya que su padre instaló cámaras en el piso para controlar todos sus movimiento. no les dejaba ir al colegio, ni hablar con su madre, ni con el hermano mayor, a los que había echado de casa unos años antes.

Tras ser detenidas, las tres mujeres menores fueron diagnosticadas con el ‘síndrome del niño maltratado’ (SNM) y las dos mayores con el ‘trastorno de estrés postraumático’ (TEPT). Además, María “obró en un estado de obcecación, mientras Crestina ni siquiera participó en el homicidio”, según las leyes del país.

El pasado 14 de junio, las hermanas fueron acusadas de asesinato en grupo, a pesar de que trataban de defender sus vidas frente a un padre abusador. La acusación de la justicia rusa podría sentenciarlas desde 8 hasta 20 años de prisión.

“Expertos rusos en este tipo de violencia comprobaron los años de violencia, abusos sexuales y de otra índole, por parte del padre”

Su caso ha traspasado fronteras y además de llamar la atención de la sociedad rusa, ha sido recogido por los movimientos en favor de los derechos humanos y de defensa de las mujeres. En España se están recogiendo firmas a través de los movimientos feministasporque muestra todos los fallos del sistema en cuanto a la prevención de la violencia doméstica”.

En Rusia, no existe una ley contra la violencia doméstica. Actualmente, el marido que golpee a su mujer por primera vez recibe solamente una multa. En ese país no existe ninguna ley contra el acoso. Un ejemplo de esta ausencia de leyes que protejan a las mujeres es el caso del diputado Leonid Slutsky, acusado por varias periodistas de acoso en 2018, que sigue trabajando en el Gobierno.

Rusia todavía no ha firmado el Convenio de Estambul (El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica) y este pasado viernes se negó a votar por el convenio contra la violencia y el acoso en el trabajo de la Organización Internacional del Trabajo. No existen estadísticas de feminicidios en Rusia, pero desde el inicio de este año unas activistas encontraron 549 casos recopilando los datos encontrados en los medios de comunicación.

Las mujeres en Rusia quedan sin ninguna protección por parte del Estado y tienen que buscar salidas por su propia cuenta. Según el estudio de los periodistas de Mediazona, el 80% de las mujeres condenadas por asesinato entre 2016 y 2018 se encontraban en una situación de violencia doméstica y el 83% de mujeres condenadas por el exceso en la legítima defensa.

“Las hermanas fueron acusadas de asesinato en grupo, a pesar de que trataban de defender sus vidas frente a un padre abusador”

Otro caso ejemplar es el de Daria Ageniy que fue atacada por un hombre que intentó violarla y consiguió escapar hiriéndole con un cuchillo de papelería, pero ahora puede acabar detrás en la cárcel por una denuncia del violador que la acusó de daños físicos.

Las mujeres feministas en España y en el mundo, pero sobre todo en Rusia, se han levantado para defender a las hermanas Khachaturyan y a muchas otras mujeres víctimas de violencia, y para defenderse a ellas mismas de las leyes machistas. Por eso piden ayuda a la comunidad internacional para exigir la ratificación del Convenio de Estambul por parte de Rusia y un compromiso de la lucha contra la violencia doméstica.

En su petición se denuncia que “recientemente, las hermanas Khachaturyan fueron acusadas de conformidad con el Artículo 105, subparte 2: «Asesinato cometido por varios individuos». La investigación confirmó el hecho de que las niñas sufrieron abusos sexuales y físicos de manera sistemática y vivían en un ambiente impregnado de la amenaza de violencia que lo abarca todo. Esta acusación (si se declara culpable) condena a las niñas que ya han sufrido abusos graves a largo plazo hasta 20 años tras las rejas por negarse a someterse a más golpizas y violaciones”.

Por eso las mujeres rusas exigen que “el presidente del Comité de Investigación de la Federación de Rusia, Alexander Bastyrkin, tome este caso bajo su control personal, para reprimir la acusación contra las hermanas Khachaturyan y para acusar a los fallecidos a título póstumo”.

Por todo ello, exigen que las autoridades “cumplan con el artículo 37 del Código Penal de la Federación de Rusia, que garantiza a todos los ciudadanos el derecho a defender la vida y la integridad física contra el abuso y la violencia”.

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