Es cierto que el poder imperialista de EEUU logró en los últimos años revertir sucesivamente la moderada ola hacia la reconquista de la soberanía y las alternativas al neoliberalismo en una parte de los países que la emprendieron al iniciarse el siglo XXI: Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil, Ecuador y más recientemente en El Salvador.

Las recetas y operaciones contra-reformistas y contra-revolucionarias aplicadas son variadas: golpes blandos, golpes duros, guerras de cuarta y quinta generación, bloqueo, Caballos de Troya, cooptaciones, sobornos, extorsión financiera, injerencias directas e indirectas y amenazas de agresión militar.

Van no solo por los valiosos recursos naturales del Continente y sus paises, sino –y muy especialmente- por aplastar identidades y culturas en lucha contra el coloniaje centenario, por el sometimiento, desde la supremacía blanca, de pueblos aborígenes, mulatos, mestizos negros en lucha por su auto-determinación

Ellas han sido efectivas sobretodo donde las opciones pro-independencia se empantanaros en formulas simplemente progresistas, reformistas, débilmente soberanas, afectadas por la corrupción y carente de fuerza militar defensiva. Donde la identidad como pueblo en lucha (a nivel civil y militar) y la conciencia patriótica, todavía presentan limitaciones significativas.

De toda la intención de retroceso total con una fuerte impronta neofascista, ultra-neoliberal y re-colonizadora se quedó corta y está en crisis donde pudo cuajar.

La pelea sigue y vuelve a crecer

Por eso en el alma colectiva de Nuestra América rebelde no hay razones para el pesimismo y la desesperanza si apelamos a una mirada profunda de lo que acontece en este Continente y a escala global y nos apoderamos de sus lecciones y significados..

Los retrocesos se impusieron desde la agresividad que genera la debilidades esenciales del otrora todopoderoso imperialismo estadounidense, centro del imperialismo Occidental. Desde la decadencia de su dominio global.

Los retrocesos impuestos conjuntamente con las lumpen burguesías locales y las mafias políticas y militares, no han podido estabilizarse. Las resistencias y contraofensivas populares no cesan.

En México, López Obrador y Morena derrotaron a sus preferidos.

En Argentina, Macri está a punto de ser desplazado.

En Brasil algo similar le espera a Bolsonaro y su Corte neofascista.

Igual al régimen paraguayo.

Con Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua no han podido: los reveses sufridos son sucesivos, destacándose la vergonzosa derrota que recientemente le infringió la Venezuela bolivariana y Chavista.

Honduras es una caldera a punta de estallar. Durante años de lucha ejemplar no habido marera de acallar la insumisión de su heroico pueblo.

Puerto Rico y Haití, los países mas colonizados, han dado salto espectacular en materia de rebeldía popular.

En Dominicana la impugnación masiva del sistema de corrupción, impunidad y degradación ha tenido expresiones de gran valor político.

En Colombia se gestan nuevas rebeldías frente a la matanzas y al lumpen-fascismo uribist

El ciclo de olas de cambios que inició la revolución cubana se está reactivando a niveles insospechados. La oleada del Siglo XX revierte desde abajo, radicalizándose, el contra-ataque imperial.

Más allá del Continente y de su agresivo repliegue en decadencia, el poder imperialista estadounidense y su Otan la han pasado y la está pasando muy mal en Ucrania, en Korea, en Siria, en Irak, en su enfrentamiento con Irán…y no logran aplacar la heroica resistencia palestina ni controla plenamente Libia.

Tampoco le salen bien las cosas frente a los imperialismos emergentes, ruso y chino, que están desafiando sus ya diezmadas principalías aplastantes en el campo militar y político-económico.

Nunca antes exhibieron un gobierno y un poder tan degrado y repudiado a escala mundial como el que encabezan Donald Trump y sus gavilanes.

No hay razones, pues para colocarnos a la defensiva. La etapa que se inicia es propicia para volver a avanzar en grande, procurando no solo volver a los “progresismos” y a opciones reformistas vulnerables, sino potenciando la radicalidad revolucionaria y transformadora.

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