Isabel Ayuso y Pablo Casado ovacionando con satisfacción.

La imagen y los videos son elocuentes y hasta un poco emocionantes. Hace unos días tras cerrarse el acuerdo del consejo europeo en virtud del cual se dota de fondos a los países de la unión para hacer frente a las consecuencias de la COVID-19, el primer ministro italiano Giuseppe Conte al regresar a Italia fue recibido con una ovación cerrada en pie por parte de los parlamentarios. No solo los de su partido, también los de la oposición.

Eso es lo que ha pasado esta semana en Italia. Para que algo así suceda aquí es necesario que la oposición tenga un mínimo de altura moral, o un bien un mínimo de inteligencia política. Ninguna de esas circunstancias concurre en España

Italia (Y España) se jugaban mucho en Europa, las negociaciones se han ido locutando en tiempo real, incluyendo las demandas y diatribas del primer ministro holandés, en representación más o menos explícita de todo un bloque de países de la unión europea que defienden sus intereses en detrimento de los de España e Italia en este caso.

El acuerdo no ha sido fácil, y ni se le puede atribuir a Conte, ni tampoco a Pedro Sánchez. Ha habido bastante de Macron, y mucho de Ángela Merkel. Pero eso en este caso no es lo que me da que pensar ni lo que más me llama la atención.

Tanto Conte como Sánchez han empujado cuanto han podido, han negociado hasta lograr decenas de miles de millones de euros. Si lo usual es que cuando cada cual negociamos unos miles de euros es que nos dejemos las uñas y la vida, apretemos, argumentemos, presionemos y hagamos de todo, háganse cargo del nivel de presión en una negociación global de cientos de miles de millones de euros.

En el caso español, el acuerdo está dotado –con diversas partidas y condicionamientos- con ciento cuarenta mil millones. Es decir, 140000000000 €. Esas cantidades la verdad es que marean bastante y no es fácil ponerlas en perspectiva. Para que se hagan una idea, si contásemos a euro por segundo y empezáramos a contar ahora mismo, tardaríamos 4439 años en terminar de contar… haya por el año 6459 después de Cristo acabaríamos. Hagámonos pues cargo de que la importancia del acuerdo en lo económico, como por supuesto también en lo político para el futuro de la unión europea, es monumental.

Y la oposición italiana, que no tiene menos ganas que la española de gobernar en lugar de Conte, y que no tiene mayor simpatía por él que el PP por Pedro Sánchez, ha estado a la altura de la importancia para su país, para su patria, de dicho acuerdo. Que perfectamente podía no haberse producido o haberlo hecho en unas condiciones mucho peores.

Han estado a la altura y como correspondía, han aplaudido a su primer ministro –de todos los italianos e italianas– a la llegada a la sede de la soberanía nacional con un acuerdo bajo el brazo que es de una importancia capital. Dejando para otro momento las críticas a la negociación o condicionantes del mismo, que seguro que las tendrán.

En España, sin embargo, el principal partido de la oposición, no solo no aplaudió, si no que ha afeado duramente la ovación que Pedro Sánchez ha recibido en el congreso, por todos los motivos que uno pueda imaginar y expresamente por que el drama del coronavirus, hace que no estemos, dicen, para fiestas o aplausos.

Como si una cosa estuviera reñida con otra… como si la ovación de los balcones por la tarde a nuestro personal sanitario hubiera sido una “Fiesta”.  No puedo evitar imaginarme a Pablo Casado, con su peor cara, avinagrado y furibundo, regañándome, criticándome y diciéndome que estoy mofándome de los cadáveres de las víctimas y sus familias por aplaudir en esos momentos de dolor. Que no está España para “Fiestas”

Pero es que además de ser de ser profundamente inmoral y rastrero utilizar cada segundo en criticar cuanto haga el gobierno de forma furibunda independientemente de lo que sea y de que lo haya hecho bien o mal, es de una estupidez política inmensa.

El Partido Popular lleva mucho tiempo errando constantemente en sus análisis y en sus posicionamientos, en sus alianzas con Cs y la ultraderecha fascista, en la forma en la que concurren a los comicios, y por supuesto, en su posición radical y absoluta de enfrentamiento acoso derribo golpeo y lenguaje golpista al actual gobierno. No solamente están actuando de una forma rastrera e irresponsable, antipatriótica y traidora (Alinearse con la parte de Europa que se negaba a que hubiera fondos europeos para la reconstrucción en España, no cabe ser llamado de otra forma) Sino que además decía de esa bajeza moral, no le va a dar ningún resultado electoral y político. No va a “derrocar al gobierno” como dijo el presidente del mismo, ni va a lograr nada que no sea aumentar la polarización, el odio y el disenso entre conciudadanos.

Pablo Casado e Isabel Ayuso, no van a obtener réditos electorales de su estrategia. Atenazados y cautivos de la extrema derecha. Replican su discurso, se alinean con sus ideales y calcan su estrategia en un intento de recuperar el poder y los votos de su escisión, perdiendo por el camino todo voto que hayan obtenido que no esté de acuerdo con semejante actitud.

Yo tengo muchísimas amistades que solo pueden calificarse con el adjetivo conservadoras, y hay millones de personas en España que han votado al señor Casado y al Partido Popular. Y de verdad que no se merecen tener semejante energúmeno al frente. Furioso, encolerizado y exaltado constantemente ante cualquier cosa que haga el gobierno de nuestro país. Da igual lo que sea, da igual que lo haga mejor o peor, que de todo habrá.

Eso es harina de otro costal, y bien se puede y debe de analizar en profundidad. La capacidad de obrar del primer ministro italiano y de Pedro Sánchez no era mucha. Mucho de lo negociado estaba ya casi cerrado, habrá contrapartidas a Holanda y los países de su bloque. Los fondos no vendrán sin alguna reforma o cambio en los procederes del gusto del norte de Europa y un largo etc. Eso es así, pero no hablo de eso hoy aquí. Hablo de una oposición permanentemente instalada en la rabia, en el lenguaje y la retórica golpista, en la acidez y en la destrucción sistemática de cuanto se haga o se diga que no pase por su inmediata vuelta al poder.

De una oposición que además no va a lograr los objetivos que persigue usando esas vergonzosas herramientas, aunque haga un daño terrible a la convivencia por el camino.

De una oposición, en resta, indigna de sus votantes, indigna de su país, e indigna del siglo XXI.

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3 Comentarios

  1. Para nadie es un secreto que el PP es un partido criminal.

    Eso sí, yo prefiero no tener amistades conservadoras, porque si tus amigos votan a estos políticos mafiosos, eso quiere decir que aprueban todas las bajezas que ellos cometen.

  2. Yo no lo creo así Ana Luisa. Hay muchos factores de muchísima índole que explican por que cada cual vota lo que vota. Y es necesario intentar entenderlos. Por más que de primeras nos parezca incomprensible.

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