El ministro de Sanidad, Salvador Illa.

La sonada gala de El Español va camino de convertirse en un problema imprevisto para el gabinete Sánchez. Personalidades políticas y famosos de Villa y Corte fueron invitados a la entrega de los premios Leones, un multitudinario sarao organizado por el periódico de Pedro J. Ramírez que terminó precisamente en eso, en una leonera o peligrosa trampa en la que terminaron cayendo algunos destacados representantes ministeriales que a los postres, y relajándose de forma imperdonable, acabaron departiendo entre ellos sin mascarilla y sin guardar una mínima distancia social.

De inmediato las redes sociales explotaron con miles de mensajes de ciudadanos indignados que se quejaban de que en medio del estado de alarma, con la población sometida a duras restricciones sociales y de movilidad, algunos de sus representantes políticos se solazaran y se dieran a la dolce vita en una cena de postín como si la pandemia no existiera. Ya da igual si lo que ha molestado a la ciudadanía es que los que debían dar ejemplo dejaran a un lado el molesto bozal quirúrgico que se impone bajo pena de multa a los sufridos españolitos o si lo que realmente cabreó al personal es que sus señorías participaran en una cena de lujos y buenos caldos mientras las colas del hambre se llenan de pobres arruinados por la crisis del covid. El caso es que entre los asistentes a la polémica velada estaban los actuales padres de la patria y algo de biuti que deberían predicar con el ejemplo, como Salvador Illa, Juan Carlos Campo, Margarita Robles, Emiliano García Page, Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso, José Luis Sánchez Almeida, Teodoro García Egea, Inés Arrimadas, Ana Pastor, Dolores Delgado, Florentino Pérez, Begoña Villacís, Francisco Reynés, Cristina Álvarez Guil y un largo etcétera. Algunos de ellos fueron cazados por los fotógrafos de Pedro Jota sin mascarilla y sin guardar la debida distancia de seguridad, pero la factura de responsabilidad que tendrán que pagar unos y otros será a buen seguro muy distinta.

Es evidente que no es lo mismo que Inés Arrimadas acuda a una fiesta con cien invitados (cuando las redadas policiales en bares y pubs y las multas se suceden por doquier en todo el territorio nacional) a que lo haga el siempre estricto y exigente Salvador Illa. Llama la atención que al ministro –un hombre habitualmente prudente y sensato− no se le ocurriera pensar que aunque iba de invitado a los premios Leones en realidad estaba allí en calidad de presa, ya que jugaba en tierra hostil y cualquier desliz o relajación podía ser aprovechado no solo para el sarcástico editorial de Pedro Jota del día siguiente, sino como argumento por parte de rivales políticos que como Pablo Casado compartían cena con él en la mesa de al lado. Como también sorprende que ningún asesor de Moncloa (y hay unos cuantos) advirtiese al ministro que con la que está cayendo lo último que le convenía era meterse en la jaula de los leones de la derecha, que esperan cualquier despiste para darle el zarpazo final. Y así fue. Aunque seguramente el ministro guardó las medidas sanitarias y solo se quitó la mascarilla para comer, esa foto quedó para la historia y le va a hacer un grave daño a partir de ahora. Ayer mismo el programa Todo es mentira de Risto Mejide le dedicaba un amplio espacio al asunto, en el que Illa quedó como poco menos que un irresponsable de garito nocturno que no cumple con los decretos y leyes que él mismo prescribe a la población. “Entonces, entiendo que si me cupieran, podría organizar una cena en casa con 150 personas. ¿Verdad? ¿No va a salir nadie a pedir perdón?”, se quejaba también la periodista Carme Chaparro soltando su chaparrón, nunca mejor dicho. Miles de tuiteros han abierto la veda contra los asistentes a la cena y sin duda será el Gobierno quien se lleve la peor parte por no dar ejemplo. Asistir a ese botellón de lujo que nunca debió ser autorizado no fue una buena idea. No hacía falta ser muy listo para entender que la trampa estaba tendida y que la fotografía de un ministro bastante más relajado que cuando echa el rapapolvo a los españoles incumplidores con las normas sanitarias se produciría más tarde o más temprano.

El astuto Pedro Jota, una vez más, ha hecho tambalear los cimientos de un Gobierno socialista precisamente a pocas horas de que se produzca el trascendental debate sobre el estado de alarma en el Congreso de los Diputados. En principio será el propio Illa quien suba a la tribuna de oradores a defender el decreto y a pedir la confianza de la Cámara. Moncloa ha decidido que tras el debate de la fallida moción de censura promovida por Vox es una buena idea reservar a Pedro Sánchez, no exponerlo más, pero el aluvión de críticas por la ausencia del presidente en el atril y la maldita cena de los leones puede obligar al Gobierno a alterar los planes a última hora. De momento Pablo Casado, en su línea de tensar la cuerda, ya le ha dicho al Ejecutivo que el PP no votará “sí” a un estado de alarma que se prolongue hasta el 9 de mayo y en todo caso está dispuesto a negociar ocho semanas a lo sumo. “Está a tiempo de rectificar”, ha amenazado el líder de la oposición.  

El Pleno del Congreso se celebrará este jueves y la sesión promete animación y sorpresas. Sin duda, la extrema derecha tratará de capitalizar el “error” que cometió Illa acudiendo a la gala-trampa de El Español. Ese asunto saldrá inevitablemente durante el debate porque Vox no dejará escapar una presa fácil que puede darle algún rédito electoral. Y todo por jugar un rato con los traviesos leones de la derecha española y con ese domador con tirantes que no necesita un látigo para hacer tambalear un Gobierno rojo.

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