Imagen de CUATRO.

Aprovechando que el gobernador del Banco de España está de viaje, Iker Jiménez y su equipo al completo están en su despacho oficial de la plaza de Cibeles, intentado desentrañar el gran misterio, buscando indicios que apoyen su teoría de que en ese lugar se ha abierto una boca que conecta con el infierno. Al parecer se trata de una boca menor, apenas un respiradero que da directamente al Averno. No se trata de una gran boca, con brocal de mármol negro labrado, como la que actualmente hay en La Casa Blanca donde un hombre de pelo naranja más grande que un día sin pan, dobla la raspa a diario ante su gran patrón Lucifer.

Iker no está para nadie. Toda su atención se centra en los sofisticados aparatos que ha instalado en el despacho, entre ellos unos medidores de efluvios tóxicos: azufre, acidó sulfúrico, metano y otras sustancias peligrosas. Con esos aparatos y algunos otros como rosarios bendecidos, cruces, hisopos, un garrote con jeroglíficos egipcios, una ristra de ajos de Las Pedroñeras, y otros objetos rituales, quiere probar lo que hasta ahora solo son barruntos, meras sospechas, conjeturas sin base científica. También está midiendo los niveles de radiaciones telúricas presentes en el ambiente del suntuoso salón. Uno de sus colaboradores no levanta la cabeza de una pantalla de ordenador, está midiendo y anotando en una libreta la velocidad del viento solano que rompe contra la cristalera. Es sabido que el viento solano, el maligno viento del este, muy presente en nuestro país, y que podía explicar muchas de sus desgracias, tiene la capacidad de resecar las molleras, sobre todo las de cierta clase de individuos muy propensos y sensibles de la boina para abajo a padecer las consecuencias de este viento, y que les hace cometer los peores desatinos y proclamar las mayores barbaridades. Iker tiene en sus manos un informe que ha elaborado su equipo y cada poco busca una página y la lee con mucha atención. Se trata de un extenso documento elaborado por su equipo multidisciplinar, en el que hay incluso una gitana lectora de manos y un novillero, por si el maligno tomara la apariencia de un encastado morlaco. El informe es una exhaustiva recopilación de todas las frases pronunciadas, o mejor cabría decir expelidas, por los sucesivos gobernadores del Banco de España en este último periodo democrático. Y basándose en este trabajo recopilatorio, quiere probar su teoría de que si todos los gobernadores, tanto socialistas como populares, que han pasado por este despacho han dicho prácticamente lo mismo, es debido a una maléfica fuerza presente en este lugar.

Iker está convencido de que algo malévolo impele a los usuarios de ese despacho a decir cosas que no se atrevería a decir ni la niña de El Exorcista, y pretende demostrarlo ayudado de su gran equipo humano y material. Tiene poco tiempo porque el gobernador viene mañana, pero incluso en ese corto periodo quiere desenmascarar a esa suerte de demonio, seguramente un diablo menor, de tez cobriza, tridente en ristre, grandes cuernos y cola acabada en triángulo, una especie de capataz del mal, de encargado a las órdenes de Belcebú, que ha poseído y todavía posee, si Iker, de la mano de algún experimentado y aguerrido exorcista de su cuadrilla, no lo remedian, al actual gobernador y por extensión a todos los gobernadores que han hablado por boca de este ser venido del mismísimo infierno. Este demonio subalterno ha dicho cosas terribles por boca de los gobernadores, como por ejemplo que no pueden subir, en modo alguno, las pensiones mínimas, que no puede ponerse limitación alguna al precio de los pisos de alquiler, que ni hablar de subir el salario mínimo, si acaso bajarlo un poco más. También ha dicho que se alargue, sin complejos, la edad de jubilación todo que se pueda, si se puede más allá de los 67 años, pues mejor que mejor. Para nada hay que imitar a los franceses, siempre con sus tonterías, que han descartado subir la edad de jubilación más allá de los 62 años.

En definitiva, lo que quiere este diablillo que nos ha tocado en suerte, y que ha dado en expresarse a través de los gobernadores del banco emisor, como un José Luis Moreno o Mari Carmen hacen con sus muñecos es, básicamente hacer que las trabajadoras y trabajadores de este país no levanten cabeza, que sigan penando con sus sueldos miserables, de mileurista y menos y que, en definitiva no lleguen a fin de mes ni de coña. Todo su empeño es que se avance y profundice en la reforma laboral, que a los trabajadores se les despoje de una vez de los pocos derechos que les quedan. Todos sin excepción han recomendado a los respectivos gobiernos a los que sirvieron, que exista una total flexibilidad para reducir salarios lo que sea menester. Qué es eso de subir el salario mínimo interprofesional, si acaso bajarlo o mejor que cada empleador lo fije según la cantidad de esclavos que acudan a diario a la plaza a pedir trabajo. También a través de las instituciones ha estado ejerciendo el mal, el demonio nunca está ocioso en las cosas tocantes a sus siervos, y a través del Banco de España ha ejercido el mal por omisión al no supervisar a los bancos que debía supervisar como era su obligación. Unos bancos que eran atracados a diario por sus propios consejos de administración, unos bancos que esquilmaban a sus clientes con las preferentes y otras artes de consumados trileros, y que se fueron casi todos de rositas con las sacas bien llenas en forma de millonarias indemnizaciones y escandalosas jubilaciones a cargo del erario público, que había acudido presto a reponer el dinero robado por estos atracadores que también ejercían casualmente de presidentes y consejeros delegados de los bancos y cajas atracados. Un dineral este del rescate que los políticos de turno nos aseguraron que se devolvería más pronto que tarde a las arcas públicas, pero todos sabíamos que no sería así, algo de nuestro instinto de perros apaleados nos decía que no devolverían un solo euro ni de coña. Y el tiempo nos ha dado la razón.

Aquí pasa algo muy raro, de eso no cabe la menor duda, piensa Iker rascándose la coronilla, cuando todos los gobernadores han pecado de la misma culpa, es decir ninguno de ellos ha vigilado, como era su obligación, la salud de nuestro sistema financiero. El Banco de España era y es el responsable, el jefe de policía cuya misión consiste en vigilar para que no se atraque el banco desde dentro, pero su impericia y laxitud han permitido el saqueo. Por encima de otras direcciones generales a su cargo, el gobernador, en este caso Miguel Ángel Fernández Ordóñez, tenía en la Dirección General de Supervisión Bancaria un arma letal para impedir los chanchullos, las tropelías, que en bancos y cajas, sobre todo en cajas, se cometieron durante el boom. Y qué fue del cuerpo de inspectores del Banco, gentes muy preparadas que superaron una muy dura oposición, y que tiempo atrás causaban pavor en los consejos de administración, que sabían atar muy corto a presidentes y consejeros delegados con querencia por el dinero ajeno, a los que mantenían a raya para que no se les desmandaran, cosa que misteriosamente ocurrió tiempo después cuando se desmontó el Servicio de Inspección, donde a los inspectores se les limaron los dientes para que no pudieran morder, solo lamer. Se llegó al extremo de marginar a los inspectores que cumplían con su deber, mientras a los pelotas y sumisos se les premiaba con ascensos. Todo este infernal panorama llevó al desastre de las Cajas de Ahorros, un fenómeno devastador por todos conocido y padecido.

Como jodidos contribuyentes, peatones de la historia, conocimos, sufrimos, pagamos y todavía estamos pagando las terribles consecuencias de esa negra época donde en España se construían autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, tranvías sin viajeros, museos sin cuadros, pabellones deportivos sin deportistas y edificios carísimos diseñados por arquitectos estrella, donde los jefazos de las cajas se concedían préstamos en condiciones más que ventajosas, donde los responsables de las Comunidades Autónomas obligaban a financiar proyectos a cual más ruinoso, donde unos y otros se lo llevaban crudo mientras creaban el mayor agujero financiero de la historia de España. Esa “España” una palabra que muchos patriotas de pulserilla, pronuncian enfáticamente fingiendo que la aman más que nadie cuando la verdad es que la quieren para servirse de ella y esquilmarla a conciencia. Mientras ese incendio amenazaba con arrasarlo todo, los gobernadores, especialmente Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO, para los amigos, tañía la lira, cantaba, y decía que había que bajar las pensiones, los salarios, trabajar más y cobrar menos. No quedaba otra si queríamos que la economía creciera y se estabilizara. Venía a decir el buen hombre que la culpa de todo la tenían los altísimos salarios y pensiones. Y aquí se puede ver claramente la influencia, sin lugar a dudas, del Maligno, porque nadie en su sano juicio hubiera hecho tan increíblemente desastrosa gestión sin el asesoramiento del maestro Satanás.

Iker Jiménez monta guardia en el despacho con vistas a la plaza de Cibeles para echar el lazo a ese diablejo cabrón en cuanto asome la cabeza. Quiere impedir a toda costa que siga haciendo su asqueroso trabajo, que no es otro que hacer el mal, ejercitarlo contra los jodidos contribuyentes de este maltratado país. Impedirle que siga defendiendo a ultranza a las élites económicas, a la gran banca que aplaude a rabiar y jalea a los sucesivos gobernadores, para que sigan favoreciéndoles con un poder omnímodo, y así seguir exprimiendo como un limón a las clases más desfavorecidas, las que se han comido y se siguen comiendo, faltaría más, todas las crisis habidas y por haber. Iker Jiménez está escondido detrás de un bargueño del siglo XVI, con un lazo de vaquero en la mano. En cuanto logre echarle el lazo, le atará de pies y manos y arrojará por ese respiradero del infierno. Después lo sellará convenientemente, dejará la ristra de ajos y rezará una oración junto a su equipo para que no vuelva a abrirse ese agujero que conecta directamente con las calderas de Pedro Botero. Le deseamos mucha suerte en su misión. La va a necesitar.

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