Pedro Sánchez y Pablo Iglesias presentaron juntos los PGE.

El PSOE en guerra consigo mismo y con sus socios de Gobierno podemitas. No es un buen escenario para Pedro Sánchez. La refriega entre sanchistas y barones ha terminado por incendiar Ferraz mientras Pablo Iglesias, astuto y ladino como él solo, ha sabido aprovechar el desconcierto socialista para colar su histórica enmienda para frenar los desahucios, una medida tan justa como necesaria que acrecienta la dignidad de la izquierda y reconcilia con la política. En medio de una pandemia, cuando las autoridades sanitarias piden a la población que se quede en sus casas para no propagar aún más el coronavirus, es una auténtica vergüenza y un ejercicio de brutal inhumanidad que haya gente que esté siendo desahuciada por los bancos. Ningún país medianamente decente puede consentir semejante locura y abuso.

Pero más allá del follón que tiene montado el PSOE en su propia casa, está claro que Iván Redondo no se ha ganado el sueldo estos días turbulentos de debate presupuestario. El Gobierno no ha sabido explicar el apoyo de Bildu a las cuentas públicas. Primero dio por bueno que su intención era llegar a acuerdos puntuales con todas las fuerzas del hemiciclo (incluidos los herederos de ETA); más tarde, cuando la polvareda mediática y el escándalo arreciaban, rectificó y el ministro Ábalos negó cualquier tipo de componenda o pacto secreto con los batasunos; y finalmente, a esta hora, aún no sabemos cuál es la postura oficial respecto al diálogo/negociación/contacto con Bildu, ya que cada dirigente socialista dice una cosa según su buen saber y entender. Pero es que además, cuando el vendaval Otegi estaba en todo su esplendor, va y estalla el asunto de la famosa enmienda antidesahucios impulsada por Pablo Iglesias contra viento y marea y puenteando a la parte socialista del gabinete Sánchez. Con socios que se la clavan a uno cuando menos se lo espera el presidente del Gobierno no necesita muchos más enemigos. La cuestión es que, entre unas cosas y otras, tampoco en este segundo affaire ha estado atinado Redondo a la hora de expresar y transmitir a la opinión pública lo que estaba ocurriendo de puertas para adentro del Consejo de Ministros.

Ni el coqueteo con Bildu ha sido bien explicado ni el descontrol de las últimas horas a cuenta de una enmienda que debería haberse tramitado sin mayor problema o traba. ¿A santo de qué se opone el PSOE a que se paralicen los desahucios hasta al menos el año 2023? ¿Acaso no se trata de una medida progresista que cualquier partido de izquierdas llevaría a gala y con orgullo en su programa electoral? No hay iniciativa más decente que impedir que una familia termine con sus huesos en la calle por explícito deseo de algún desalmado director de banco. Eso había que frenarlo como fuera e Iglesias ha adelantado por la izquierda a Sánchez, que ahora queda como el malo de la película, un tipo insensible que no se diferencia demasiado de Pablo Casado. El desmarque del líder de la coleta o moño con respecto a su socio socialista en este asunto ha sido antológico, y lo ha hecho bien por astucia táctica, por necesidad de no perder votos entre su electorado, por chulería política, por oportunismo tras su abrazo con Otegi o por todo ello a la vez. El caso es que lo que queda es un sainete con un asunto tan dramático como los desahucios y la sensación de que el Gobierno es una jaula de grillos donde cada uno “va a su bola”, como suelen decir los pasotas y modernos.

De momento, ayer el Grupo Parlamentario Socialista intentaba recuperar el terreno perdido tras el fiasco en la gestión y acusaba a Unidas Podemos de haber incumplido un supuesto acuerdo por el que ambos partidos tenían que registrar, de forma conjunta, todas sus enmiendas a los Presupuestos Generales del Estado. “Nosotros somos un partido legal que siempre cumple con sus pactos”, se lamentaba ayer un alto cargo de Ferraz. Sin embargo, la excusa suena peregrina, burocrática, y no va a servir para explicarle al votante de izquierdas por qué demonios las dos almas del Gobierno no van de la mano en un asunto tan fundamental como es el derecho de toda persona a una vivienda digna y a que no la pongan de patitas en la calle. En palabras del miembro de la dirección del Grupo Socialista y diputado del PSC, José Zaragoza, la enmienda de Podemos es un “error político” y denota su “falta de madurez” como “partido de Gobierno”. Puro bla, bla, bla que no conectará con el sentir mayoritario del votante, no ya de Podemos, sino del propio PSOE, que ve con horror las trapacerías que se perpetran a diario contra las familias humildes que quedan a merced del fondo buitre de turno.

Mientras tanto, fuentes de la formación morada tratan de restar importancia al episodio y defienden que sus intenciones fueron comunicadas con antelación al PSOE, ya que les invitaron a sumarse a la enmienda. Obviamente, poco a poco irá rebajando la tensión, ambas partes achacarán el conflicto a un malentendido y en menos de una semana todo se habrá olvidado. PSOE y Unidas Podemos se necesitan e irán de la mano hasta el final, de modo que lo que ha unido Dios, o sea los divinos Presupuestos, no lo separará el hombre. Pero de momento, Iglesias se ha apuntado un buen tanto entre su parroquia y también entre el sector del socialismo real o nueva izquierda, que rabia ante las tibiezas, servidumbres y concesiones a la banca de la cúpula de Ferraz. Y es que PSOE y Podemos van juntos pero no revueltos. Aquí el que no corre vuela.

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