jueves, 11agosto, 2022
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Ibiza volverá a ser una fiesta

Joan Martí
Joan Martí
Licenciado en filosofía por la Universidad de Barcelona. Máster en Dirección de empresa por la escuela industrial de Madrid Impartido por una empresa externa CONSULTORES ESPAÑOLES. 520 horas.
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análisis

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El puerto de Ibiza, fundado junto con la ciudad en el siglo VII a C por los fenicios, ha sido la conexión entre la isla y el resto de la humanidad durante veintisiete siglos. El puerto tiene tras de sí, como telón de fondo, la ciudad antigua, ubicada sobre el montículo de Dalt Vila, repleto de casitas blancas a manera de medina árabe y ceñida por sólidas murallas del siglo XVI.

Isla que con los años, y ya en el siglo XX, se convirtió en refugio de hippies melenudos, artistas y bohemios que hallaban aquí una especie de Shangri-La donde reencontrarse a sí mismos y calmar su espíritu. Esta misma isla es, aunque no lo parezca, aquella en la cual era posible nadar en playas vírgenes, comer lo que comían sus payeses y marineros o dormir con las puertas abiertas de par en par, sin temor a nada.

Primero se implantó un turismo hippy, místico y contemplativo; luego le sucedió la eclosión del erotismo, cuando la isla se convirtió en un mero escaparate de cuerpos y turismo voyeur. Después vino la Ibiza de las drogas y no se habló de otra cosa durante más de una década. Ahora parece arrancar otro capítulo de la novela turística insular: el de los millonarios, gente forrada de dinero que viene a este rincón del Mediterráneo a descansar y a exhibir sus riquezas ante los demás.

El puerto de Ibiza, por tanto, ha dejado de ser un puerto para convertirse en un show. En los muelles ya no hay pasajeros normales, ni se ven familias reencontrándose al descargar las maletas, ni abrazos tras el regreso. Hoy, los andenes se han convertido en un escaparate de ostentación para millonarios, en una exhibición permanente de lujo exagerado en la que magnates, artistas y también delincuentes de alto nivel compiten por ver quién tiene el yate más descomunal, más caro y más recargado de riquezas. Todos vienen a Ibiza.

También lo hacen por vía aérea, aunque, lógicamente, no en los vuelos regulares en los que viaja la plebe, sino en sus propios jets privados. Esos pequeños reactores empezaron siendo un exotismo en el aeropuerto insular y ahora están causando ya problemas de espacio que llevan incluso a las autoridades a estudiar una posible ampliación de la plataforma de estacionamiento.

No es que en Ibiza haya restaurantes caros, que obviamente los hay, sino que aquí se encuentra el más caro del mundo. Si atendemos al precio, ninguno  le llega a la suela de los zapatos del número UNO mundial: Sublimotion, en Ibiza, donde el cubierto cuesta… 1.502 euros.  Más que la carta, que desde luego no escatima en imaginación, es el local en sí lo que dispara el precio, pues el Sublimotion no parece un restaurante sino directamente un viaje astral o el resultado de un sueño bastante surrealista, pues esto, más que un comedor, es un show de proyecciones que van cambiando en función de la temática de cada plato.

Ibiza cuenta actualmente con 860 hoteles (unas 80.000 plazas) de todas las categorías, desde la típica pensión de precios bajos, pasando por establecimientos de tres estrellas (que cada vez en mayor número se pasan a cuatro) y hasta llegar a cinco negocios de cinco estrellas. Na Xamena, sobre un espectacular acantilado del norte de la isla, fue el primero y durante muchos años el único hotel de máxima categoría en Ibiza.

Un gran circo bajo el sol. Una temporada más, siguiendo un invariable ciclo natural, todo se ha preparado ya para levantar el telón. Un enjambre de elegantes y adinerados especuladores, artistas, advenedizos, matones, filántropos, políticos, futbolistas de élite, estafadores, empresarios de éxito… han salido ya en estampida hacia esta pequeña isla para esparcir sobre ella toda su ingente banalidad. Y, un año más, Ibiza volverá a ser una fiesta.

Pero este año los magnates rusos se están alejando del mar Balear, generalmente su destino vacacional favorito, en la soleada Ibiza, para evitar que les incauten sus megayates. Después de que Rusia invadió Ucrania y se impusieran sanciones a millonarios rusos.

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