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Huevos morenos

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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Cliofa llega a casa cansada. Hace más de doce horas desde que salió esta mañana camino del trabajo. Como tantas otras mujeres, al trabajo de asistenta que alimenta a una familia con un marido en paro, tres hijos en edad de comerse literalmente el mundo y una suegra que apenas aporta parte de su pensión no contributiva a la economía familiar, pero mucha mala leche y cizaña por doquier, se le suma el de ser la chacha de todos. De sus hijos que no son capaces de moverse por sí mismos ni para comer. De un marido hastiado, irritado, inconforme y abúlico que paga su frustración en casa y cuyo único ansiolítico es el alcohol. De una suegra que le echa la culpa de que su hijo beba y que no se hace ni su cama. De una vida de perros que le ha tratado mal a lo largo de toda su existencia, primero con un padre maltratador y machista y después con un tirano bocazas al que siempre se le fue la fuerza por la boca. Nunca la ha maltratado físicamente, pero la carga psicológica de los últimos veinticinco años es igual de pesada.

Cliofa, llega derrotada. Deja las tres bolsas de la compra encima de la encimera. Le vendría bien un descanso, pero nadie se ha levantado de la silla para echarle una mano cuando ha abierto la puerta de casa. Y nadie se levantará para colocar los alimentos que ha comprado. Así que se ha quitado el abrigo y ha vuelto a la cocina. Una vez colocadas las viandas en sus armarios correspondientes, le toca hacer la cena. Una ensalada con ventresca de bonito en lata que ha comprado en el súper de la esquina, pimientos de bote y cebolla dulce. Abre la lata y para colmo, la ventresca ni siquiera es bonito. Son sardinas y de las gordas. Alguien ha cambiado el envase de dentro. O quizá el propio dueño del supermercado. Porque al precio que estaba la lata, ahora que lo piensa, debería haberla hecho sospechar.

Con las mismas, baja al super y le explica al encargado lo que ha sucedido. Pero el tipo no es razonable. Y niega la mayor. Dice que este truco es muy viejo y que ha sido ella la que ha cambiado la lata en casa. Así que, deberá olvidarse de la ventresca y echarle un bote de migas de atún que acaba de adquirir en su segunda visita a la tienda.

Pasan los días. Uno tras otro, todos iguales. Uno de esos días anodinos, en el súper, le han regalado un bote de espárragos. Por ser clienta fiel, le ha dicho la cajera. ¡Y sí que eran espárragos! ¡Y no estaban malos!

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La vida sigue igual, que cantaba Julio Iglesias. Otro día más de frustración y cansancio. Otro día, que, como todos, le toca hacer la cena. Una tarde en la que ha comprado una pescadilla que estaba en oferta. Al abrir el paquete con el pescado, ve como unos bichejos blancos se mueven entre la carne blanca de la pescadilla. Son los famosos anisakis. Vuelve a bajar al súper. Pero el encargado vuelve a ser el mismo cafre de siempre. Según él, los anisakis son normales en cualquier pescado. Que lo congele, le dice, para que se mueran. Así que tendrá que cambiar el pescado por tortilla francesa.

Quizá debería cambiar de supermercado, se dice a sí misma cuando sube a casa histérica además de hastiada, indignada y muy, muy cabreada. Pero es que ese le viene bien porque está en la esquina de casa. Y le pilla a mano cuando vuelve cansada del trabajo. Y a veces hay ofertas. Pocas, pero a veces. Y todos los supermercados son igual de tramposos. Y al menos es español. No como los otros que además de subir los precios como si no hubiera un mañana y pertenecen a grandes corporaciones con sede en a Panamá o Suiza.

Así que, más vale lo malo conocido,…  Justifica así su conciencia. Porque darle el dinero a las grandes superficies que maltratan a los trabajadores domingos y festivos siempre es una opción peor.

Ni siquiera valora irse a comprar el pescado a una pescadería de verdad. O la carne a una carnicería dos calles más abajo. O comprar la fruta dos puertas más allá del super en la frutería que además es de una señora del barrio.

Pero ni siquiera se le ha pasado por la cabeza dejar a su marido e irse a vivir a otro sitio. Aunque ella es la que sustenta básicamente a la familia. Aunque el peso de su matrimonio es mucha más carga que un supermercado tramposo.

*****

Huevos morenos

Decía el otro día la que fuera directora de este periódico, Cristina Fallarás, “por primera vez en mi vida no sé cómo enfrentar lo que viene, porque no sé qué es lo que viene”. Y tengo que reconocer que a pesar de ser tan repetitivo y advertir de los peligros del nuevo fascismo, me pasa un poco como a Cristina que no sé exactamente como vamos a salir de esta situación ni soy capaz de aventurar un futuro, no ya a diez años vista, sino ni siquiera para después de navidades.

La situación es preocupante porque no solo se trata de este país en el que la educación consiste en el principio de “usted me va  a decir a mí lo que yo tengo o no tengo que hacer (las copas que puedo o no beber del insufrible ególatra fascista)”, la justicia social consiste en creer que los derechos de uno están legitimados mientras que los de los demás son fraudulentos, y la solidaridad en echarle diez céntimos al cepillo de la iglesia en misa o en los casos más sobresalientes, apadrinar un niño indio o ser socio de la Cruz Roja. El hijoputismo necesita para su supervivencia robarle a la clase trabajadora derechos y patrimonio, porque la riqueza sale de la explotación de los recursos naturales y de los públicos, además de las personas. Si media Europa está volviendo a los confinamientos domiciliarios y en España, no vamos a tardar, no hay empresa, economía ni coyuntura capitalista que aguante la inacción durante tantos meses.

A todo eso podemos sumarle que aquí, el poder lo ostentan los mismos malos que llevan legislando para beneficio de su lucro durante los últimos dos siglos (y otros dos anteriores por derecho divino), dónde las urnas son solo un placebo para que en la foto nos parezcamos a Francia o Alemania, dónde la justicia forma parte de esa plutocracia pandémica que confabula para que el gobierno sea acorde con los intereses del poder cacique, dónde cuarenta años de educación en el miedo y en la creencia de la divinidad del poder y otros cuarenta de reafirmación de esas creencias nos han convertido en un pueblo timorato y apático, tenemos, además, la desgracia de haber consentido una mafia periodística que no solo desinforma, sino que además evangeliza, predica y catequiza a favor de los malos y en contra de los propios intereses de quiénes están soportando con su audiencia esos opinodiarios, esos corrillos de porteras a los que llaman matinales y esos pseudodivulgativos que comenzaron viendo OVNIS y han acabado asegurando que la tierra es plana y la pandemia un invento ruso. Estos poderes no van a consentir que nada ni nadie les tuerza el morro, ni mucho menos que acabe jodiéndoles el negocio.

A una sociedad acostumbrada a que le interpreten la ley a conveniencia, a actuar bajo el principio universal de “mis huevos morenos, si le cortamos la posibilidad de ir al bar y le volvemos a meter en casa como un Miura en un cajón, la situación se volverá tan espesa que nadie puede prever la salida. No. No van a volver los aplausos a los sanitarios. Ya ni siquiera se defiende la sanidad pública. Porque la gente empieza a estar harta de parches y de cambios normativos que hoy valen y mañana no, que en Madrid se consienten y en Burgos no.

Para colmo, hay situaciones irracionales como el botellón de Pedro Jota la semana pasada, el mismo día que se votaba en el parlamento un toque de queda para dejar a la gente en sus casas desde las 23:00 hasta las 06:00. Un toque de queda que en Madrid, porque sí, es de 24:00 a 06:00 y que tampoco afecta a las reuniones que no se pueden hacer bajo ningún concepto en todo el estado salvo en la fiesta de Pedro Jeta y en el Madrid de la Virgen de la Sandia (que no sandía). Y si en lugar de hacer como el ministro Illa (pedir perdón) sales como la portavoz del Gobierno a justificar lo injustificable aduciendo que la fiestuqui de Pedro José contaba con todos los permisos, mientras que tú tienes que estar en casa la las once porque no hay autorización que te libre de la multa si te para la policía, en lugar de servir de ejemplo, lo que están haciendo es añadir una gota más al vaso de la paciencia del ciudadano.

La actuación mojigata del gobierno no ayuda. Pero claro, uno se para a pensar en la trayectoria, desde el 74 en el Congreso de Suresnes, de este partido que fue tan sumamente idiota como para echar a un secretario general que se había tenido que comer el exilio y poner a un infiltrado de Franco que vivía en el país, que no tenía “nombre de guerra” y que su actividad jamás fue penada con una sola detención policial (aunque solo hubiera sido para mantener el paripé), te das cuenta de que jamás van a actuar como lo que dice su nombre, porque allí en la periferia de París, el partido de Largo Caballero se convirtió en uno más de lo que ahora conocemos como Régimen del 78 (el mayor valedor del régimen) y la libertad, la igualdad y la fraternidad de la Revolución francesa, fueron convertidos en adjetivos sin significado que ellos han sustituido por el privilegio, el desequilibrio y el primero yo.

Muchos nos preguntamos por qué se le consiente a la Virgen de la Sandia de Madrid, todo lo que hace. ¿Es por el miedo que le tienen a los medios de incomunicación como Manipula 3, Telecirco y la proscrita RTVE que dirige una irreconocible Rosa María Mateo y cuyo director de informativos es otro manipulador del periodismo criado en las fauces del grupo Zeta?

El PSOE es el partido de los fugaces fuegos artificiales de los derechos. El partido del matrimonio gay, de la ley de divorcio o de la sanidad universal (a la que han ido dejando sin fondos ni profesionales). Y sin embargo, es también el de las grandes privatizaciones de empresas públicas, de las fusiones bancarias que iban a mejorar el mercado y que han acabado cobrando comisiones de 240 euros al año (20 € mensuales) por mantenimiento de unas cuentas que personas sin recursos, deben tener OBLIGATORIAMENTE para cobrar los cuatrocientos euros de la renta mínima o del subsidio para mayores de 52 años. Es el partido que firma con el gran beneficiario del erario español (Florentino) un contrato con una cláusula en la que el Estado se comprometía a pagar todo el proyecto Castor aunque este no se finalizara, que nos ha costado la friolera de 1.350 millones de euros. El partido que empezó a cercenar la educación pública, argumentando que no había colegios suficientes, devolviéndole a la iglesia el poder de la educación en España. El partido de las puertas giratorias. El de las empresas de trabajo temporal que han dinamitado los derechos laborales. El del Pacto de Toledo y el declive de las pensiones. El que desmochó la mayor parte del tejido industrial español para convertirnos en el chiringuito de sangría y borrachera de Europa. Es el partido que hizo secretario de estado a ese camaján que siempre ha vivido de la política y que acabó siendo ministro de Defensa con el insufrible ególatra y que hoy evangeliza el apostolado de Mister X y Mister Egolatría anunciando que el partido de Pablo Iglesias es el Caballo de Troya del R78. El partido que aprueba un toque de queda que limita derechos negándose a explicar la evolución mensualmente, al menos, en el Parlamento, y que consiente que siga habiendo desahucios ilegales. El partido que en lugar de plazas públicas para maestros o sanitarios incrementa los de la Guardia Civil. Un cuerpo por cierto cada vez menos presente en los entornos de protección rural y más como antidisturbios. Un cuerpo que ahora se dedica a “investigar” sentencias judiciales. El partido que han presentado nuevos recortes de derechos y de pensiones en la UE a cambio de las partidas de ayuda al COVID. El partido que mantiene como ministro a un tipo que siempre está presente en cualquier escándalo sobre la no investigación de torturas o del no respeto a los derechos humanos. El partido que está jugando a la ruleta rusa con las movilizaciones de fascistas imberbes con abrigos de 500 euros que salen por las noches a quemar contenedores, a gritar “Gora la ETA” o “Gora Las Vascongadas” (algo que jamás diría un abertzale) y a provocar a los vecinos. A sembrar el caos para volver a la situación de Madrid o Barcelona en los preludios del golpe de estado del 36. Un vandalismo al que se trata con indiferencia y laxitud sobre todo en comparación con actuaciones vehementes contra activistas antidesahucios o antifascistas.

Empiezan a escucharse las primeras voces que niegan que estos disturbios sean promovidos por los fascistas del moco verde y que indican que son gente harta de las decisiones incomprensibles del gobierno. Aun son pocas, pero, al igual que los nazis, están justificando actuaciones violentas contra el gobierno. Pudiera ser que, de continuar con esta pasividad ante los fascistas, se volviera en contra de la administración que lo permite y acabe abocando en el estado totalitario que quieren los vagos parasitos del mamandurrias Abascal.

Tengo claro que los prebostes de este estado medieval con fachada moderna, no van a ceder ni un ápice de sus privilegios. También tengo claro que con este Gobierno de coalición entre el partido del Régimen del 78 y un Podemos que se ha convertido en muletilla, este R78 está más vivo que nunca. Tengo pavor a que la parsimonia y benevolencia hacia los fascistas por parte de un Ministerio del Interior que no controla a la policía ni a la Guardia Civil (véase el increíble atestado de los 10.000 soldados rusos de Puigdemont) acabe en la Alemania de los años 30 del pasado siglo. Y hasta existe la posibilidad (remota) de que justamente esa pasividad ante el fascismo, los malos tiempos económicos que nos esperan y la desesperación, acabe con esta edad media tan larga en España.

Mientras acabo de escribir esto, es hora del toque de queda en Madrid en la noche de Halloween. La terraza interior del bar de debajo de mi casa sigue con el jolgorio pasada la medianoche (se supone que a las 00:00 ya deberían estar todos en casa). Llevan toda la tarde a tope. ¿Pandemia? ¿Qué pandemia? Parecen imponerse los «huevos morenos».

Salud, civismo, empatía social, feminismo, república y más escuelas.

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3 Comentarios

  1. Que los rusos quieran desestabilizar España y hayan ofrecido soldados a Puigdemont es totalmente absurdo, como lo es que intervinieran en Ucrania, o que envenenaran al opositor Alexéi Navalni.

    Todo el mundo sabe que lo de Crimea fue un movimiento popular espontáneo y que Alexéi Navalni se intoxicó con una ensaladilla «rusa» en mal estado.

  2. Ya sabemos que Putin es Belcebú y Rusia un metomentodo.
    No como USA que jamás ha dado un golpe de estado ni se ha metido en ninguna guerra por querer imponer su imperio

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