Sólo seis novelas, una por cada diez años que ha vivido: Michel Houellebecq, la mayor estrella de la literatura europea, de toda la literatura occidental, La Bestia.

Michel Houellebecq nunca deja indiferente a nadie, ni amigos ni enemigos. Empezó en 1994 con Ampliación del campo de batalla, que anunciaba una voz prometedora, y que en España fue publicada, muy oportuna e inteligentemente, por mi padre Herralde, el Señor Anagrama, siete años después de que apareciera en Francia. Y quizá nunca habría sido publicada por estos pagos si Michel Houellebecq no hubiese dado el segundo y definitivo paso de su carrera: Las partículas elementales; edición francesa de 1998, edición hispana de 1999.

¡Bingo!

Houellebecq ya era un caballo ganador: Plataforma fue el siguiente libro: ¡brutal!, con él se ganó el sobrenombre de La Bestia, y todos los especuladores del mundo del libro comenzaron a pelearse por él.

-Quiero a Michel.

-Quiero a Houelbecq.

-Pues yo más y te doy un buen puñado de montañas de euros por él.

Un puñado de montañas de euros: eso fue lo que ofreció Alfaguara para levantarle a uno de sus autores estrella a Anagrama. La posibilidad de una isla, interesante libro, pero no funcionó en la vieja Hispalis, y en la siguiente subasta el señor Anagrama volvió a recuperar a uno de sus autores más divertidos y predilectos.

Resulta oportuno explicar aquí porque Michel Houellebecq no funcionó en Alfaguara. Es sencillo, Anagrama habría sido -quizá – la única editorial de suficiente peso española capaz de publicar sus primeros libros, si el autor hubiese sido un español. A los lectores les resultaba raro, molesto, una traición, un escupitajo del mercado contra un mínimo buen gusto intelectual, ver a La Bestia fuera de su casa natural.

Las dos siguientes novelas fueron, pues, publicadas en Anagrama: El Mapa y el Territorio, y la muy tocapelotas: Sumisión (para mí la más floja de su obra hasta la fecha). Pero ya habían pasado cuatro años, ¡ya han pasado cuatro años!. El mundo quería más Houllebecq, añoraba al profeta loco que parece una vieja mal peinada y peor encarada, el tipo que fuma en los escenarios cuando presenta un libro y lo torea diciendo que es parte del show, el literato que habla de coños y putas y porno y se ríe hasta de su sombra. El público quería volver a verlo, quería volver a leer a La Bestia.

Pues bien, ya está aquí.

Serotonina.

El espectáculo está servido y garantizado: hay putas amateur y profesionales, crímenes pasionales, incorrección política para dejar a las redes sociales temblando, hay tristeza y hay vejez, y hay amor y nostalgia de lo que pudo haber sido.

Ah Michel. Ah vieja Bestia. En la Wiki dicen que tienes 62 tacos, en Anagrama que 60, pero ¿qué más da? En SEROTONINA, los poderes mágicos de los escritores, vuelves a ser un hombre de 46 años, que se queja de que no se le levanta.

La publicación de tu nueva novela es la mejor noticia que me podía dar el año 2019 con su inevitable llegada. A partir del 9 de enero se podrá comprar en cualquier sitio. No creo que pueda esperar tanto, se la pediré a mi padre Herralde.

-Padre, mi hermano Michel ha publicado novelita. Y es necesario que la lea.

Que la lea yo y que la lea cualquier persona amante de la literatura, cualquier persona viva que quiera saber cual es el pulso real de la viejísima Europa en esta época enferma de robots y máquinas.

Vuelve Houellebecq, vuelve La Bestia. ¡Un aplauso para ella!

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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