Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos

Países Bajos y sus socios «frugales» (Suecia, Dinamarca, Austria y Finlandia) han dado un golpe de mano en sus propuestas para el fondo de reestructuración: reducir el total a 700.000 millones de euros (la cumbre partió con un presupuesto de 750.000 millones) y distribuir dicha cantidad a partes iguales entre transferencias no reembolsables y préstamos. El aumento de la partida dedicada a créditos no es otra cosa que incidir en su fundamentalismo austericida e imponer a los países del sur la imposición a sus ciudadanías de duros recortes en pensiones, salarios y Estado del Bienestar.

Además, tanto Países Bajos como sus socios indican que la concesión de ayudas esté controlada por diferentes países y que se entreguen siempre en base a sus propios intereses. La propuesta de los «frugales», además, incluye que el dinero que aporten se les reste de lo que los países aportan anualmente a la UE. Por tanto, lo que exigen es que las ayudas que se entreguen a los países más afectados por la pandemia del Covid19, como es el caso de España, les salga gratis.

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