Hipólito Mejía (Santiago de los Caballeros, 1941), fue presidente de la República Dominicana en el año 2.000 y estos días se encuentra en España. En una recepción en Madrid nos recibió y volvió a dejar claro que su carácter campechano no ha decaído con los años. Esta personalidad supuso para el pueblo  un contraste respecto a lo que los dominicanos estaban acostumbrados a ver en sus presidentes. En más de una ocasión, Mejía se ha calificado a sí mismo como un hombre «sin pelos en la lengua», algo que le ha generado aplausos y censuras durante su carrera política.

Cuando aún falta un año para las elecciones dominicanas, Hipólito Mejía ha lanzado su carrera presidencial para intentar que se produzca un cambio de partido en el Gobierno, tras los años del PLD de Leonel Fernández.

 

Llevamos varios años de mandato del PLD. ¿El pueblo dominicano está demandando un cambio?

Hay que admitir que la sociedad dominicana todavía le quedan residuos de gobiernos largos, por no decir tiránicos. En el caso del PLD no son la excepción. Lo preocupante es que en estos momentos en que hay crisis no solo en nuestro país, sino en Europa y América, nuestra preocupación mayor es que en esos países tienen instituciones. En nuestro país no tenemos instituciones. En segundo lugar, los poderes reales para una democracia consolidada son el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Los tres están en manos del partido de gobierno, en adición de los estamentos militares y estamentos policiales. Yo he calificado de otros poderes importantes: el poder municipal y el poder de control, como dicen en los países asiáticos. El poder de controlar lo determinante para llevar los récords del manejo pulcro de la transparencia que debe existir en una democracia. Eso está en manos también del Estado. Hay una ley del poder municipal, que tiene un presupuesto aprobado del 10% del presupuesto nacional y están dando realmente un 3%. Eso no es bueno para una democracia transparente y sana, además de que el gobierno se ha prolongado demasiado tiempo, con una dosis muy alta de corrupción, de contaminación de todos los estamentos del poder y la sociedad y con un gran problema en la justicia dominicana que debería ser el sostén y el control de los funcionarios. Por eso hay que actuar lo antes posible y ganar las elecciones. Nosotros estamos decididos, con mucha preocupación en mi caso. Yo fui presidente, ministro, participé de nuevo en una elección y me las robaron en 2012. Yo tengo 78 años de edad, pero no es mi problema, sino de mis hijos y mis nietos, de los hijos y nietos de la población dominicana, la población que está exigiendo un cambio de gobierno.

¿Qué medidas concretas tiene usted para reducir los niveles de corrupción y delincuencia?

En el caso de la delincuencia, de impunidad, de falta de transparencia es un problema patológico de nuestra sociedad. Ya hemos rebasado los límites de la tolerancia. El problema más grave que todos estamos sintiendo es el de la delincuencia. Hay múltiples motivaciones, pero es una realidad. En muchos estamentos policiales y militares va a haber que hacer una remoción o, al menos, aplicar un apolítica más agresiva y con más determinación. Yo he desarrollado un proyecto sobre la delincuencia en las ofertas que estoy haciendo internamente y con otros partidos. Hemos analizado la realidad social del país, el ejemplo malo de muchas autoridades que hacen ostentación de su riqueza y eso crea un sentimiento de malestar. Esos, abalado con otros análisis o la pobreza de otros países y la realidad de las drogas, son factores que son propios de una sociedad con desigualdad. Por eso tenemos que cambiar.

El presidente Hipólito Mejía junto a alguno de los asistentes a la recepción celebrada en Madrid

Hay nombres, como Leonel Fernández, relacionados con la corrupción, pero la sensación que da es que cualquier querella contra estar personas acaba archivada. ¿Por qué se da esa impunidad contra la corrupción en República Dominicana?

Uno de los problemas más graves de nuestra sociedad es lo que los abogados llaman régimen de consecuencias. La corrupción en un mar endémico y no sólo de los funcionarios, de la sociedad. Se ha incentivado la corrupción. Esa impunidad es mortal para nuestro país. La falta de transparencia y el deseo alocado de gente que se quiere incorporar al mercado capitalista sin haber trabajado nunca y sin tener condiciones. Sólo montados en el caballo del robo y la especulación.

A nivel de políticas sociales, ¿qué proyecto tiene Hipólito Mejía que provoque un cambio que lo perciba la sociedad dominicana?

Eso existió. Cuando yo fui presidente hicimos planes apoyados por el Banco Interamericano y por el Banco Mundial y funcionaron esos planes. Lo que pasa es que se prostituyeron. La tortilla debe repartirse mejor y no se ha hecho. En eso también hay especulación y hay tráfico de influencias. Nuestros planes fueron bien diseñados y focalizados a los lugares más deprimidos de la sociedad. Los programas sociales llegan, pero mal aplicados se convierten en un incentivo a la vagancia y la politiquería populista también contribuye a la vagancia.

El presidente Hipólito Mejía junto a una trabajadora dominicana

La situación de Venezuela ¿cómo está influyendo en la realidad de República Dominicana?

La participación de Venezuela en el pasado, cuando yo fui candidato en 2012, en vez de convertirse en un incentivo se transformó en un protector de la delincuencia. El presidente Leonel Fernández consiguió 1.000 millones de dólares en condiciones blandas para el momento de las elecciones. Eso y el apoyo de otros países, como Brasil, contribuyeron al robo de las elecciones. La situación venezolana es algo que yo no acabo de entender, conociendo como conozco Venezuela.

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