La República Argentina es un país que pese a la reforma constitucional que se realizó en 1994 que, como decía Raúl Alfonsín buscó entre otras cuestiones, ‘el mejoramiento del sistema presidencial de gobierno y de la forma de organización del poder’, aún sigue padeciendo un hiperpresidencialismo que exacerba ‘las pretensiones hegemónicas, de la arrogación de mayorías absolutas y de prevalencia de los antagonismos irreductibles’.

Creía Alfonsín en 2004, diez años después de la Reforma, que ‘La incorporación del jefe de Gabinete de Ministros flexibiliza el régimen político y contribuye a solucionar los problemas de gobernabilidad generados por el hiperpresidencialismo. Prevé que cuando existiera una situación de bloqueo entre el Presidente y el Congreso, el jefe de Gabinete con responsabilidad parlamentaria podría ser un puente a través del cual institucionalizar un gobierno de coalición, puesto que el Presidente va a estar obligado, en tal caso, a acordar con la mayoría opositora del Congreso la persona que ocupe dicho cargo para poder gobernar.’, sin embargo esto no fue así, fundamentalmente debido a que la elección de Mauricio Macri supuso la llegada al poder de un frente electoral que triunfó en las elecciones y asumió el Poder Ejecutivo teniendo minoría en ambas cámaras legislativas y en las elecciones de mitad de término, triunfó en los comicios, lo que le dio un respaldo extra en su accionar.

Se rompió la lógica que describía Alfonsín en ‘Memoria política’ cuando fundamentaba la necesidad de la creación de la figura del Jefe de Gabinete (una suerte de Primer Ministro latinoamericano), afirmando que ‘En un sistema hiperpresidencialista es muy difícil lograr amplios consensos para superar situaciones de crisis. Ello es así puesto que nadie quiere integrar un gobierno donde los aciertos serán del Presidente y los errores, de los miembros extrapartidarios de su gabinete. La nueva dinámica permite romper ese círculo vicioso del presidencialismo latinoamericano, que puede resumirse en estos seis tiempos: a) derrota electoral parlamentaria del partido oficialista, b) pérdida del consenso del Presidente, c) confrontación interpartidaria, d) bloqueo institucional interpoderes, e) crisis y parálisis del sistema, f) caída del sistema. En ese modelo, el presidente que resultaba vencido en las elecciones y perdía el respaldo parlamentario debía seguir en esas condiciones al frente de la más alta magistratura constitucional y sin poder para gobernar. La figura del jefe de Gabinete permite cortar ese declive en el punto c) y evitar sus sucesivas y traumáticas consecuencias, ya que la oposición tendrá la oportunidad de ocupar ese lugar y asumir el compromiso con políticas específicas de gobierno.’

Finalmente esto no ocurrió y la figura del Jefe de Gabinete, tan clara y necesaria en la teoría resultó un híbrido en el que el oficialismo ubicaba a un candidato no elegido en comicios, reconociéndole una porción de poder que no obtuvo en las urnas, pero en la práctica el sistema siguió funcionando con un hiperpresidencialismo en el que lo que decide la máxima figura del partido gobernante, en general quien ocupa la primera magistratura del país, termina convirtiéndose en un dogma para la enorme mayoría de los representantes legislativos de su partido. Aún sin la democracia interna necesaria para fortalecer el proceso de toma de decisiones, la disciplina partidaria funciona de manera bastante férrea, salvo temas sumamente puntuales en los que prima la libertad de conciencia. No son muchos estos temas que se rigen por este accionar, en los últimos años no son más que dos o tres, fundamentalmente el matrimonio igualitario.

Sin embargo en la última semana el ‘Presidente de los CEO’s’, como muchos llaman a Mauricio Macri dio un golpe de timón político que pocos avizoraron y que muchos dudaban que podía dar. Pese a no estar de acuerdo con la posición de quienes impulsan el debate, en declaraciones públicas afirmó que ‘Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte’, y con el antecedente de haber vetado una ley de aborto no punible, en 2012, mientras era Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, acordó con sus más cercanos colaboradores que se debatiera la posibilidad de la despenalización del aborto en el Congreso Nacional (El proyecto sometido a debate se puede consultar en http://www.abortolegal.com.ar/proyecto-de-ley-presentado-por-la-campana/).

Esta decisión, sin dudas empujada por la masiva marcha realizada el pasado 19 de febrero que reunió a miles de personas en las calles argentinas reclamando por ‘Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir’, generará un debate intra fuerzas, puesto que al interior de cada una de ellas, en Argentina, hay sectores pro despenalización y contra la despenalización. Incluso intra familias se da esa división, puesto que por ejemplo la ex Presidente, y hoy senadora e imputada judicialmente, Cristina Fernández, se opone firmemente, y así lo hizo saber de manera fuerte durante sus mandatos presidenciales cuando los legisladores que le respondían no acompañaban de manera masiva la presentación de los proyectos de despenalización del aborto, mientras que su hijo Máximo Kirchner, diputado nacional y también imputado judicialmente, está en favor de la despenalización.

Hoy por hoy las aguas están divididas y la legalización del aborto cuenta con 66 apoyos definidos en la Cámara Baja, mientras que 44 diputados ya se expresaron en contra de la medida, y aún prevalece un amplio margen de indecisos (147). Esta situación seguramente se invertiría en la Cámara de Senadores, tradicionalmente más conservadora.

Rápidos de reflejos y en una actitud a todas luces demagógica, legisladores del peronismo, en su vertiente kirchnerista, pidieron una sesión de la Cámara de Diputados para tratar la cuestión el próximo 8 de marzo. Los mismos que hasta diciembre de 2015 no acompañaban la propuesta y se oponían a su tratamiento, hoy pretenden ser abanderados de la misma. Quizás sigan el ejemplo del extinto ex Presidente Néstor Kirchner, quien durante muchos años se mostró reticente a discutir el matrimonio igualitario, pero cuando las encuestas y la presión social le demostraron la importancia del tema, bajó la cabeza y levantó su mano como diputado en el Congreso Nacional, siendo de hecho la única ley que votó en su breve paso por la Cámara de Diputados de la Nación.

Esta habilitación del debate que franquea Macri, es una prueba más del hiperpresidencialismo en el cual vive la Argentina, en el debate se verá si ese hiperpresidencialismo hace que los legisladores sostengan la opinión del líder del Poder Ejecutivo, o si por el contrario, coloca al Presidente en una situación similar a la de más de un lustro atrás, teniendo que decidir si promulga o veta la ley sancionada. En caso de vetarla, el Congreso puede insistir en su aprobación, bajo ciertas condiciones, lo cual pondría en cuestionamiento el hiperpresidencialismo reinante.

Pero no será sencillo el tránsito, puesto que la Iglesia Católica, de fuerte arraigo y con opinión ‘vinculante’ para muchos legisladores salió presurosa a dar su opinión sobre los pasos adoptados por el gobierno nacional, y al respecto señaló, a través de la Conferencia Episcopal, que ‘La pregunta humana y ética es: ¿hay que optar por una vida y eliminar a otra? La solución o el camino para abordar estas situaciones es la implementación de políticas públicas que: – Establezcan como prioritaria la educación sexual integral de la ciudadanía, en la que se fomente y capacite para la decisión libre y responsable de concebir una vida humana. Todos tenemos necesidad y derecho de ser recibidos como hijos.’, dejando en claro que pese a lo que sostuvieron en numerosas oportunidades numerosos altos representantes de la Iglesia Católica Apostólica Romana, en estas circunstancias terminan aceptando el mal menor. Y como previendo el debate que se sostendrá en el Congreso, y aprendiendo de manera implícita de los debates que se dieron en el pasado en los que salieron derrotados, y en los que planteaban futuros apocalípticos en caso de no seguir su doctrina, afirmaron que ‘Estamos ante el debate parlamentario de distintos proyectos de ley. Es necesario, que más allá del buen funcionamiento de nuestro sistema republicano en el cual se legisla a través de los representantes del pueblo, se tenga en cuenta que este tema toca profundamente el tejido de nuestra sociedad. Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión. Junto con todos los hombres y mujeres que descubren la vida como un don, los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas.’

Como en el caso del divorcio vincular o el matrimonio igualitario, se escuchó la voz de la Iglesia pero se resolvió escuchando la voz del pueblo, esta no debería ser la excepción.

En mi opinión, que estoy de acuerdo con la despenalización del aborto, el debate no llegará tan lejos y los legisladores no podrán enfrentarse mucho tiempo a la opinión ciudadana que, según una encuesta reciente de IPSOS (https://www.ipsos.com/sites/default/files/2017-03/G%40%20Abortion%202017.pdf), refleja que año a año, en los últimos tres, crece el número de quienes están en favor de la despenalización del aborto y decrece la de quienes se oponen, aunque hacia el centro de ambas posturas hay una zona gris en las cuales se apoya o se rechaza el aborto, de acuerdo a ciertas circunstancias tales como el riesgo de muerte de la madre o si la madre fue violada. En España, por su parte, la situación se da de manera inversa, puesto que en los últimos tres años, decrece el número de quienes están en favor de la despenalización del aborto y crece la de quienes se oponen.

Argentina, uno de los cuatro países de América Latina que participaron de esta encuesta mundial, los restantes fueron México, Perú y Brasil, en el que la mayoría de su población apoya la despenalización del aborto dirimirá en los próximos meses esta cuestión.

Se plantea entonces una discusión sobre dos ejes, por un lado una cuestión filosófica, y por otro, una cuestión médica. Respecto al primer eje, la mujer tiene el derecho de decidir sobre su cuerpo, y en una sociedad en la que se pretende dotar a sus ciudadanos de cada vez más derechos, no se puede obviar éste. Además, quien crea que las mujeres harán cola para abortar por haberse legalizado su despenalización, se equivoca, puesto que tal como señala el Ministro de Salud argentino Adolfo Rubinstein ‘Está demostrado que en los países donde el aborto es legal la cifra de abortos que se hacen no es mayor que la de los países donde es ilegal, es decir, no aumentan por ser legales’. El segundo eje es el médico, y ahí la definición del citado Ministro es contundente, ‘La gran diferencia es que en esos países (en donde el aborto es legal) se ha reducido drásticamente la mortalidad materna […] (que en Argentina) los abortos inseguros representan el 18 por ciento de la mortalidad materna, y son la primera causa’.

El debate entonces es más amplio que la despenalización del aborto, porque se pondrán en discusión el poder de cada sector al interior de la fuerza en la que se participa y se generarán nuevas alianzas parlamentarias que trascienden las propias fuerzas, puesto que temas transversales como éste van más allá de una doctrina partidaria. Pero no sólo eso, también se pondrá en juego una forma de gobierno, puesto que pese a la división de poderes que plantea la Constitución argentina, a nadie escapa que la discusión parlamentaria de la despenalización del aborto se da porque el Presidente Macri demostró una voluntad política sobre el tema que no tuvo ningún antecesor suyo.

 

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