Nou Camp en un Clásico. Foto: FCB

En 2009, la UEFA aceptó la propuesta de Joan Laporta de que el catalán fuera —con el inglés y el italiano— en vez del español, la lengua oficial de la final de la Champions League del 27 de mayo. Así, la lengua catalana fue la lengua que se escuchó por la megafonía del estadio Olímpico de Roma cuando la organización se dirigió a los hinchas azulgranas. Esto es lo que sucede siempre en el Camp Nou cada vez que el Barça disputa un partido contra un equipo nacional o extranjero.

En este tipo de eventos masivos, el plurilingüismo es de rigor y, además, variable. La diversidad del mismo se fundamenta en las características ligüísticas de los hinchas y espectadores. Así, a lo largo de los partidos, el plurilingüismo permite a los organizadores del evento deportivo dar instrucciones relativas a la seguridad en caso de situaciones de peligro o emergencia, que pudieran causar daños físicos o heridos. Y, por otro lado, también les permite informar a los hinchas respectivos y a los espectadores en general sobre las alineaciones iniciales y los cambios de jugadores a lo largo de los encuentros.

El resultado de las gestiones de J. Laporta ante la UEFA y la práctica habitual en el campo del Barça son un nuevo pasito, localizado y limitado en el tiempo (los minutos de cada prepartido, de cada partido y de cada pospartido) y en el espacio (estadio Olímpico de Roma o Camp Nou), pero es un pasito más por el camino del reconocimiento del catalán en el ámbito internacional o nacional. El progreso es modesto, hay que reconocerlo; pero es meritorio y, cuando hay progreso, siempre hay esperanza en la consecución de los objetivos relativos al estatus internacional del catalán. “Chapeau!”, para el J. Laporta y para los gestores anteriores y posteriores de los destinos del Barça por su labor de vectores de difusión de la lengua catalana.

Contra este nuevo pasito para convertir el catalán en una lengua exportable e internacional no hay nada que objetar, siempre que no se conculquen los derechos lingüísticos de los demás hinchas y mientras no se ponga en peligro la integridad y la seguridad físicas de los mismos. Ahora bien, J. Laporta, con sus gestiones ante la UEFA, y los sucesivos Presidentes del Barça, con las prácticas lingüísticas en el Camp Nou, se comportan como auténticos hooligans lingüísticos y no como Presidentes del Barça, que deben representar y pastorear a todos los socios, “gent blau grana tan se val d’on venim, si del sud o del nord, […] una bandera ens agermana”, según reza el himno azulgrana.

Actuando como actuó J. Laporta y continúan actuando los Presidentes posteriores del Barça, se ninguneó y se sigue ninguneando a los hinchas no catalanohablantes, que proceden de otras regiones de España y del resto del mundo y que también acuden a los estadios donde juega el Barça para animar a su equipo. Y, lo que es más grave, además han puesto y ponen continuamente en peligro, durante el tiempo que dura un partido, la seguridad y la integridad física de los hinchas no catalanohablantes, ya que no pueden recibir las instrucciones pertinentes, en caso de necesidad perentoria y vital, si son proporcionadas sólo en las tres lenguas oficiales (italiano, inglés y catalán), en el partido Champions League del 27 de mayo de 2009 en Roma, o sólo en catalán, en los partidos del Camp Nou.

Este episodio lingüístico de la final de la Champions de 2009 o lo que sucede cada día de partido en el Camp Nou no es baladí ni es una anécdota sin importancia. Es, más bien y una vez más, la materialización de una utilización contra natura de las lenguas. Es la utilización de las lenguas con fines extradeportivos y no comunicativos. En efecto, éstas sirven fundamentalmente para que la información fluya entre el que habla y el que escucha; y no para aislar a las personas y para ser utilizadas como armas de lucha política y de conquista y monopolio del poder o como instrumentos de división, de discriminación, de marginación,… de los ciudadanos de Cataluña o de una parte de los hinchas del Barça.

Por lo tanto, no tiene justificación lógica ni razonable la sustitución del español por el catalán, en la final de la Champions de 2009, o la eliminación sistemática del español como lengua de comunicación en los partidos del Camp Nou. Las dos lenguas (español y catalán) son, cierto, “lenguas propias”, no de Cataluña (que no puede tener ninguna lengua propia, como analizaré en un texto próximo) sino de la mayor parte de los ciudadanos de Cataluña. Ahora bien, el español, además de ser lengua propia de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña, es la lengua común de todos los hinchas y, desde cualquier punto de vista (excepto el nacionalista), nunca se debería haber sustituido el español (lo repito, lengua común de todos los hinchas y propia de más de la mitad de los ciudadanos catalanes) por el catalán (sólo lengua de una parte de los hinchas del Barça y de una parte de los ciudadanos de Cataluña), por los motivos indicados ut supra: respeto de los derechos lingüísticos y toma en consideración de la seguridad física de los hinchas hispanohablantes.

Este episodio lingüístico de la final de la Champions de 2009 y de lo que sucede continuamente en el campo del Barça me ratifica en algo que he escrito reiteradamente en relación con la política educativa, lingüística y deportiva de las Comunidades Autonómicas con dos lenguas oficiales. Estas políticas son los cimientos sobre los que se construyen y se consolidan los nacionalismos disgregadores periféricos. Estas políticas son tanto el punto de apoyo como la palanca para provocar una división entre los ciudadanos y una ruptura-enfrentamiento entre los territorios de España. Y esto es prostituir la función prístina de las lenguas, haciendo un uso torticero de las mismas.

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7 Comentarios

  1. Tu argumentario únicamente se sustenta en la imposición por la fuerza de las armas del castellano (lengua con origen en Castilla) sobre el catalán (lengua con origen en Cataluña). Lo hagas o no a propósito, estás abogando por la desaparición del catalán, y lo encuentro deleznable.

    • Sr. o Sra. Anómimo/a, descarado/a (sin cara) y desalmado/a (sin alma, cuyo reflejo es el rostro y el nombre):

      • Ud. o no sabe leer, que es muy grave, o no ha querido leer y comprender lo que he verbalizado en mi texto, y esto es aún más grave; es un síntoma de mala fe y de autoengaño.

      • Le recuerdo que, en mi texto, me he comportado como un notario, describiendo lo que sucedió en la final de la Champions League del 27 de mayo de 2009 y lo que sucede en cada partido que juega el Barça en el Camp Nou. Acta notarial pura y dura.

      • Y, hecho esto, me he puesto la bata de lingüista y he analizado los hechos descritos, tangibles y verificables. Para ello, he utilizado los instrumentos que me proporciona esa ciencia llamada LINGÜÍSTICA.

      • Por lo tanto, de argumentario bobalicón y de loro, práctica cotidiana de la casta política, nada de nada en mi texto. El que utiliza y repite, sí, un argumentario que carece de osatura y de músculo para dar consistencia y forma a la ausencia de pensamiento es Ud. Recurre al mantra repetido, sin ton ni son y al sabor de la boca, por los nacionalistas-independentistas de todo cuño.

      Un cordial saludo Sr. o Sra. Anómimo/a, descarado/a (sin cara) y desalmado/a (sin alma, cuyo reflejo es el rostro y el nombre).

      Manuel I. Cabezas González
      15 de enero de 2010

  2. ¿Es usted socio del Fútbol Club Barcelona?No me lo parece, a tenor de esas diatribas contra la lengua q catalana y el uso que debería tener en aras de una seguridad física determinada. LKi so fuese, debería hacer visible, ante lel órgano competente que designen los estatutos del club para este tipo de menesteres, esa queja de discriminación lingüística que me parece desprender de la lectura de su artículo. El Barça es una entidad privada que tiene su sede en Barcelona y siempre se ha caracterizado por la defensa de la lengua catalana. Y este me parece un buen caso de defensa de una realidad lingüística que de otra forma parecería escondida para aquellas personas a las que se va a visitar. Habla de esa copa de Europa del 2009 en Roma como si fuese el origen de todas las plagas bíblicas que nos quiere transmitir. ¿Por qué no habla del caso de un seguidor del Barcelona que sea del Rosellón, que solamente hable catalán o francés en este caso? ¿Acaso no se encontraría igualmente en peligro si las lengua que entiende o habla habitualmente no está en la megafonía? O ya puestos, ¿por qué no habla de hinchas del Real Madrid que no tengan al castellano (artículo 3.1 CE) como lengua habitual y que vayan algún día al Santiago Bernabeu? ¿O el Manchester United y el inglés? Eso implica que no juzga con los mismos baremos a otros clubes que hacen una política similar a la que denuncia por parte del Barcelona.
    Además, parece que dice que los hinchas del Barça deben ser obligatoriamente hispanohablantes, cosa que no tiene que ser necesariamente cierta a tenor de la gran cantidad de turistas de diversas nacionalidades que pueden encontrar acomodo en el Camp Nou en ciertos partidos. ¿Cree que es un uso torticero de las lenguas como medio de comunicación? Parece que eso que ha dicho el anónimo puede ser parte de la verdad en ese artículo que ha escrito.

    • Estimado Sr. Soldevilla:

      Quiero hacer algunas puntualizaciones a su comentario sobre mi texto “Hinchas del Barça discriminados y en peligro físico”, ya que no deseo que se me aplique lo que dice el refrán clásico: “quien calla otorga”.

      1. Ser o no ser socio del Fútbol Club Barcelona es una cuestión que no tiene ninguna relevancia en relación con el problema descrito y denunciado en mi texto: marginación del español, empoderamiento del catalán y puesta en peligro físico a los hinchas hispanohablantes del Barça.

      2. En mi texto, no hablo sólo de la “copa de Europa del 2009 en Roma”, como Ud. afirma. Hablo de esta final y de todos los partidos que juega el Barça en el Camp Nou, en los que nunca se utiliza el español (LENGUA COMÚN de todos los hinchas españoles del Barça, ya sean catalanes o vascos o valencianos o castellanos o leoneses o aragoneses o andaluces o …) para informar y dar instrucciones a los asistentes, y sólo se emplea el catalán (lengua de sólo una parte de los hinchas del Barça).

      3. Yo no propongo que no se utilice el catalán sino que no se elimine el español, pensando sólo en los derechos y la comunicación con los hinchas y no en “crear país” y en imponer “manu militari” una de las lenguas propias de los ciudadanos de Cataluña, el catalán.

      4. El multilingüismo en los campos de fútbol no puede ser exhaustivo, como Ud. propone. Sería imposible. En un partido en el Camp Nou, al que asisten 100.000 espectadores, pueden concurrir decenas o centenas de lenguas diferentes. Por eso, pensando en la funcionalidad y en los espectadores, hay que utilizar la lengua más común o las lenguas más comunes. Y entre ellas está el español, que es una de las lenguas más estudiadas y más habladas del mundo.

      5. Finalmente, en mi texto, tampoco afirmo que “los hinchas del Barça deben ser obligatoriamente hispanohablantes”. Afirmo lo contrario: los hinchas proceden de todas las regiones de España y de numerosos países. Cito incluso el himno del Barça. Y, por eso, se debería utilizar la lengua más común a todos ellos: el español y no el catalán o, por lo menos, las dos.

      Un cordial saludo.

      Manuel I.Cabezas
      16 de enero de 2020

  3. Como usted dice los hinchas proceden de todas las regiones de España y de numerosos países. Pues ya le digo yo que en las gradas del Camp Nou hay más japoneses, chinos, suecos… que no saben castellano que castellano-parlantes que no sepan catalán. Si se es socio del Barça le aseguro que el catalán, como mínimo, lo entiende. Con el tiempo que cuesta conseguir un abono te da tiempo a aprender la lengua mejor que Salvador Espriu. Y si has venido de turismo desde Lugo (un abrazo a mis amigos de Lugo) a Barcelona y aprovechas para ver un partido, no corres más peligro que otro turista venido de Marsella (que está más cerca) y tampoco sepa catalán.

  4. Del gran peligro para los sordos no dice nada. Que vergüenza, ya que no pueden escuchar en la lengua del imperio las instrucciones de seguridad. De lo que se trata, amigo discriminador de sordos, es de que en Catalunya todos hablen y entiendan el catalán, váyase enterando.

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