Herralde, el pasado febrero tras recibir la Medalla de Oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Barcelona.

Sin su arrojo innato y ojo clínico, literariamente hablando, la suerte de millones de lectores habría quedado huérfana de descubrimientos asombrosos, y también la de no pocos escritores hoy consagrados mundialmente que lograron entrar, gracias a su empeño personal, en los anaqueles de millones de lectores en español de todo el orbe. El hombre de la “peste amarilla” –como definía a Anagrama José Manuel Lara, el patriarca histórico de Planeta, en alusión a sus míticas portadas amarillas– hace balance de medio siglo de una labor incansable encaminada a hacer del siempre ingrato trabajo de editor uno de los oficios más bellos.

La editorial fue un bebé ‘indie’ que siempre fue a lo suyo desde el principio y que ya se ha hecho mayor con el mismo norte y guía

Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales se presenta con prólogo de Silvia Sesé, la directora editorial de Anagrama que cogió el testigo del ‘padre’ de la criatura, un bebé ‘indie’ que siempre fue a lo suyo desde el principio y que ya se ha hecho mayor con el mismo norte y guía. En septiembre cumple 50 añitos.

Jorge Herralde, a sus 83 primaveras, sigue despertándose a las nueve y media de la mañana y, tras un frugal desayuno líquido de café y zumo de naranja, recorre a pie los doce minutos que llevan desde su domicilio hasta la sede de Anagrama en el barrio de Sarrià barcelonés. El día sigue siendo muy largo para el hombre al que debemos agradecer millones de españoles que apostara en su momento por escritores como John Kennedy Toole, Paul Auster, Richard Ford, Antonio Tabucchi, Charles Bukowski, Raymond Carver, Emmanuel Carrère, Julian Barnes y tantos otros que hoy forman parte de nuestro imaginario colectivo.

La luz de su mesilla no se apaga nunca antes de las tres o cuatro de la madrugada. Así lo reconoce en el texto que da título a este libro, compuesto por una tesela de composiciones que conforman un cuerpo unitario a modo de memorias. “Virutas editoriales”, en palabras del propio editor. Artículos, diarios temporales, cartas abiertas, perfiles de escritores, entrevistas, conferencias… Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales está llamado a culminar la tetralogía iniciada con Opiniones mohicanas, y continuada por Por orden alfabético y El optimismo de la voluntad. Aún queda en el debe de Herralde embarcarse en una quinta y definitiva pata que aborde a los novísimos del siglo veintiuno de la mítica editorial: Sara Mesa, Marta Sanz, Milena Busquets, Luisgé Martín, Miguel Ángel Hernández, Cristina Fallarás, Javier Pérez Andújar y otros.

Nunca se cansará de recordar que el verdadero punto de inflexión en la larga y exitosa trayectoria de Anagrama, con más de 4.000 títulos publicados, se produjo en el otoño de 1980, cuando pujó por los derechos de La conjura de los necios a la remota y diminuta editorial estadounidense Luisiana University Press. Se trata de la obra póstuma de un suicida desconocido de Nueva Orleans de 31 años llamado John Kennedy Toole. Había nacido en 1967, paradójicamente el mismo año que echó a andar Anagrama en Barcelona. Ironías del destino. Hoy, este libro desternillante que elevó a los altares a su protagonista, Ignatius J. Reilly, es el long seller por excelencia de la editorial de los “libritos amarillos”. Más de 80 ediciones en la calle, medio millón de ejemplares vendidos y aún sigue vendiéndose entre 10.000 y 15.000 nuevos volúmenes cada año en la actualidad.

Herralde, entre Roberto Bolaño y Sergio Pitol, dos de los “suyos”.

Herralde es y ha sido un hombre muy envidiado por muchos amantes de la literatura, sobre todo porque un editor siempre es el primer lector de autores cuyas historias después devoran millones de apasionados de la literatura. Él leyó y confió antes que nadie en Roberto Bolaño, Alberto Méndez y otros grandes de las letras universales que hoy nadie discute y todos tienen en los altares.

La lista es ingente, casi como también los son las historias de desencuentros y desengaños históricos: Enrique Vila-Matas, Javier Marías, John Banville, Paul Auster…

En definitiva, Herralde ha hecho de Anagrama “una editorial como campo magnético”, en palabras de su directora editorial. Lo explica Silvia Sesé en el prólogo: “Las corrientes macroscópicas (los autores y las líneas maestras del programa) y las microscópicas (el cuidado artesanal en la edición, la comunicación y la comercialización) se suceden en perfecta tensión para conformar ese campo de atracción irresistible”. Este es el elixir de una juventud que suma ya cinco décadas de salud excelente, tras superar algún que otro achaque durante la brutal crisis económica, y con todo un futuro por delante en manos ya del grupo italiano Feltrinelli.

Anagrama es historia de la literatura en español y en España. Y por supuesto merece capítulo aparte para estudios universitarios de nivel.

 

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