Mucho se ha hablado estos días sobre nuestr@s héroes a su pesar, l@s mism@s que cuando l@s vemos en el supermercado, prácticamente ni nos fijamos, no sabemos cómo son, ni cómo se llaman, creyendo que ser reponedor@ o cajer@ de supermercado, tienda de comestibles, mercado de abastos, es un trabajo que no nos parece suficiente para nuestr@s hij@s, para los que soñamos con un despacho de médic@, un aula de instituto o universidad, un buen trabajo en una gran empresa, un bufete de abogad@s, etc… como si estos otros fueran trabajos menos dignos. Y los camioner@s, taxistas, conductores de autobuses, agricultores y ganader@s, personal de las residencias, de limpieza, de l@s que podemos decir lo mismo.

Hoy nos damos cuenta de que son personas básicas para nuestra existencia, que se están  jugando su vida por nosotros con unos medios precarios y por un sueldo mísero. Nos damos cuenta de que hemos sido unos desagradecidos y, por qué no decirlo, unos soberbios.

Y luego están los héroes más visibles: todo el personal que trabaja en la sanidad pública, farmacéutic@s, personal de los medios de comunicación, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Ejército y los profesores auxiliados por las editoriales en estos momentos, estos siempre han tenido reconocimiento, pero nunca hemos puesto en valor su trabajo.

Me gustaría que esta situación nos ayude a tener más empatía por nuestros semejantes, a que seamos capaces de poner los pies en la tierra, comprendiendo la importancia del trabajo que realizan, esencial para facilitar el confinamiento a los demás.

Pues bien, cuando todo esto acabe, espero que todos los aplausos que les damos a diario desde nuestros balcones, se traduzcan en apoyo de sus reivindicaciones salariales y de los medios adecuados para la realización de su trabajo. Todos somos conscientes de las condiciones en las que lo han hecho, y que además no están bien remunerados. Por solidaridad: NO LES DEMOS LA ESPALDA.

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