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En su reciente libro “Las redes de poder en España”, Andrés Villena narra cómo altos directivos del fondo especulativo BlackRock no tienen empacho en afirmar públicamente que “hay que aprender a votar para elegir al líder adecuado para que tome las decisiones adecuadas…”. Las decisiones adecuadas, por supuesto para la élite y el Establishment. Y si todo falla, si los votantes no votan lo “adecuado”, si el bombardeo mediático de los poderosos no consigue los resultados apetecidos por la superestructura, “el Establishment siempre encuentra formas de protegerse de los votantes”, tal como afirma Paul Staines, que fue asesor de Margaret Thatcher. Es precisamente lo que estamos viendo en España, donde nos vemos abocados a otras elecciones, llana y sencillamente hablando porque las élites de este país, el Establishment no estaba dispuesto a permitir un gobierno mínimamente de izquierdas y que Unidas Podemos tuviese un papel que fuese algo más que ornamental y decorativo.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver. Pero la secuencia de acontecimientos ha sido, entre toda la hojarasca de ruido y furia, meridianamente clara. El Círculo de Empresarios, tal y como publicó El País en septiembre, afirmó que prefería repetir elecciones que un gobierno de PSOE y Podemos. Un par de meses antes, en julio, la CEOE a través de su presidente, Antonio Garamendi, afirmaba que tenía miedo de que Podemos llegase al gobierno, y que su preferencia era “un gobierno centrista”. Algunos, como el señor Federico Félix, no tuvieron empacho en soltarle públicamente a Ábalos “no pactéis con Podemos ni de broma”. Aunque sin duda, a estas alturas, ya debían saber que Pedro Sánchez, siempre tan diligente con los poderosos, ya había dicho a Garamendi, de la CEOE, en agosto, y tal como publicaron El Mundo o Público, que no habría acuerdo con Iglesias. Todo este periodo de dar largas, de intentar enfriar el pacto de izquierdas por el que habían votado mayoritariamente los españoles en abril, hay que enmarcarlo en esta protección del Establishment de lo que han dicho los votantes. Y también hay que enmarcar ahí la creación apresurada y que se presente a elecciones el partido del señor Errejón, que no tiene otro objetivo que debilitar a Unidas Podemos y evitar un gobierno de izquierdas, algo que al parecer causa pavor a los poderosos de este país, algo que no causa Vox. “Hay que crear un Podemos de derechas”, dijo ya en el 2014 Josep Oliu, el presidente del Banco de Sabadell. Y sin duda, como la operación Rivera ha fracasado definitivamente, ahora toca dinamitar a Unidas Podemos desde dentro. Para que haya un gobierno centrista “que tome las decisiones adecuadas” en palabras del fondo BlackRock.

Es por todo ello por lo que las próximas elecciones son tan importantes. El 10 de noviembre los españoles tendremos que dar la razón o quitársela a Miguel Hernández, que afirmaba que los españoles “no somos un pueblo de bueyes”. Y tendremos que decidir si hacer las delicias o no de un Establishment que ha esquilmado nuestro país, que nos ha colocado a la cabeza de Europa en paro, subempleo, salarios bajos, número de trabajadores pobres, elusión y evasión fiscal, corrupción, destrucción del tejido industrial, y sobre todo en falta de expectativas y de futuro. Es por todo ello por lo que el único voto que significa plantar cara, que significa decir “No”, es el voto a Unidas Podemos. El resto es asumir que tenemos lo que nos merecemos y que los poderosos siempre harán lo que quieran con nuestro país y con nosotros.

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