Ya estaba todo hablado y Hamilton se había bajado los pantalones hasta mitad del culo…

Son ya demasiados los desplantes, el tiempo que ha pasado sin que se produzca la firma del contrato que todo el mundo espera y que mantendría a Lewis Hamilton en la Fórmula1, en busca de su octavo título mundial.

Ya estaba todo hablado y Hamilton se había bajado los pantalones hasta mitad del culo: en lugar de siete millones por temporada (un millón por cada título ganado) aceptaba 30 millones de dolares al año, durante cuatro años. A Hamilton le había costado ¡muchísimo! bajarse los pantalones hasta mitad del culo. No es que sea un engreído, o quizá sí, no lo sabemos, no es amigo personal nuestro, pero ¿quién no se creería que desciende de la pata del Cid, como decimos en la vieja España, si hubiese ganado nada menos que siete mundiales y fuese el corredor con más poles y carreras en el palmarés de toda la historia?

Todos nos creeríamos seres increíbles, dioses o casi dioses. ¿Y eso no molestaría a nadie? ¿A tu vecino, ese que te miraba de niño por encima del hombro cuando os cruzabais en la escalera le gustaría que tú te convirtieses en campeón del mundo de cualquier cosa? Probablemente no.

Y si tiramos de ese hilo seguro que encontramos algún derrapaje incontrolado en la mente del CEO de Daimmler-Mercedes: Ola Kallenius. Pues por muy CEO que sea de la Mercedes no creemos que gane más pasta-dinero-millones que Hamilton; y eso seguro -pero seguro seguro- que le molesta.

Es más, Ola (se llama así el tío, como esas cosas móviles que se forman en el mar) ha dicho alguna vez que era admirador de Hamilton. Y se nos ocurre -piensa mal y te quedarás corto- que nada raro sería que en algún cóctel de empresa, cuando Ola (que sí, que se llama así de verdad) aún no era el gran capo, se acercase a Hamilton para felicitarlo y hacerse el colega, y Hamilton -sería normal- hubiese pasado de él como de comer… (ponga el lector aquí lo que quiera y más asco le de).

Algo así ha debido pasar; imaginemos, por favor, especulemos, que tenemos derecho a hacerlo tras tanto retraso de la firma. Imaginemos que a Ola se le ha subido la espumita a la cabeza al ser nombrado CEO de Mercedes y de repente se encuentra con la posibilidad de tirar a Hamilton de la rienda, de ponerlo donde le de la gana.

-¿Te has bajado los pantalones hasta mitad del culo? No me vale. Los quiero ver por los tobillos.

Y Hamilton… Hamilton quiere otro mundial, claro. Y la pasta, claro también, aunque no sea tanta como soñaba, ¡pero!

Sí, ¡pero! Es el piloto más grande de todos los tiempos (opinaremos lo que queramos los demás pero eso es lo que dicen las estadísticas), y es muy probable, y comprensible, que no quiera bajarse los pantalones hasta los tobillos… (y luego sentir algún mimito del taimado Ola por lugares inadecuados).

No sabemos qué pensar. ¿Se bajará LH los pantalones más? ¿Y si se los bajase e incluso si se los quitase por completo, el CEO de Daimmler-Mercedes, Olita de Mar Kallenius pensaría que es suficiente?, ¿o hay algo tan turbio entre ellos que lo único válido para el CEO es la aniquilación total de Ham?

Quedan dos meses para saber la respuesta definitiva. Sería bonito que Lewis ganase el octavo mundial, sería bonito que Russell le sustituyese, sería bonito: todo.

Pase lo que pase será bonito para nosotros, los seguidores de este deporte, que también es circo, el Gran Circo de la F1; nos encanta, la verdad.

Tigre tigre.

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