Se acabó la demagogia “ayusiana”. Los datos sobre la pandemia en la Comunidad de Madrid se habían disparado y no cabía otra medida que volver a decretar el estado de alarma. Pedro Sánchez ha tomado la decisión más impopular pero la que mejor defiende la salud pública y la vida de las personas, el bien más preciado que existe, incluso por encima de la economía. Eso es gobernar frente a quienes practican la retórica gratuita y la política del avestruz, es decir no hacer nada y dejar que la plaga avance sin control solo para no enfrentarse al lobby hostelero.

Tal como era de esperar, la reacción irracional y furibunda de las derechas no se ha hecho esperar. Apenas un minuto después de conocerse la noticia del confinamiento, el Partido Popular de la Asamblea de Madrid publicaba un tuit tan demagógico/populista como sonrojante: “Esto que estamos viviendo es lo más parecido a un exprópiese de la dictadura de Venezuela. En lugar de un exprópiese quieren hacer un ciérrese Madrid”. Pablo Casado va camino de convertir el PP en una caricatura de partido.

Más allá de la pataleta de los populares, todos los datos, expertos científicos y organizaciones internacionales avalan la difícil decisión que acaba de tomar el presidente del Gobierno. Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que, a falta de un remedio definitivo contra el coronavirus, el confinamiento duro es la medida más eficaz y la que permite una recuperación económica “más rápida”. “La efectividad de los confinamientos para reducir las infecciones sugiere que los bloqueos pueden allanar el camino hacia una recuperación económica más rápida, si consiguen contener la epidemia y, por lo tanto, limitar el distanciamiento social”, aseguran varios expertos del FMI en uno de los capítulos del Informe de Previsiones Económicas Globales (WEO), que se publicará el próximo 13 de octubre.

En su completo análisis, el FMI apuesta por que los cierres sean “lo suficientemente estrictos para frenar las infecciones”, ya que un grado alto de contagios puede causar “efectos fuertemente perjudiciales” sobre la economía de cada país. Por este motivo, los expertos del Fondo (nada sospechosos de peligrosos bolivarianos) han pedido a las autoridades estatales que “tengan cuidado” con eliminar estas medidas “demasiado rápido”. En el mismo sentido se ha pronunciado la Organización Mundial de la Salud. Con 260.000 personas infectadas, casi 10.000 muertos y una tasa de contagios superior a 500 por cada cien mil habitantes no quedaba otra que volver al confinamiento.

En realidad la forma de atacar el covid 19 es una cuestión de puro sentido común. Difícilmente se puede sostener una economía si la población de un país termina infectándose con un virus letal. La lógica aconseja, por tanto, que lo primero es curar al enfermo para que pueda seguir trabajando y produciendo con normalidad. Lo contrario es apostar por una sociedad de pacientes crónicos que nunca terminan de sanar, con el consiguiente coste en vidas humanas y el colapso social. Un mundo de achacosos que no están en condiciones de trabajar. Cualquier médico sabe que si el mal no se ataja a tiempo y con contundencia termina propagándose por todo el cuerpo. En este caso el cuerpo enfermo es Madrid, que estaba entrando peligrosamente en la fase de agonía extrema previa a la defunción. Es evidente que los parches de Isabel Díaz Ayuso resultan insuficientes, cuando no absolutamente ineficaces para detener una pandemia. Recluir a los obreros en guetos mientras los barrios ricos siguen funcionando como si nada estuviese pasando puede dar votos entre la parroquia ultraliberal pero no sirve para vencer a un virus. Luego primero siempre la salud, después lo que venga. O como dijo aquel: “la salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida”.

Sánchez no toma ninguna decisión arbitraria. El decreto de Estado de Alarma no solo viene avalado por los organismos oficiales supranacionales. La política de confinamiento es la que ha permitido que China supere la plaga. Allí ya llevan 54 días sin contagios y la economía vuelve a funcionar a pleno rendimiento. Países como Polonia, República Checa y la mismísima Rusia (todos ellos batiendo récords de infecciones comunitarias) se están planteando ya confinamientos duros y estados emergencia para frenar el mal de Wuhan. Moscú podría adoptar esa medida en los próximos días. El confinamiento no es ninguna tragedia. El propio FMI concluye que los costes actuales de los confinamientos “podrían compensarse con un crecimiento económico a medio plazo”, posiblemente conduciendo a resultados positivos generales sobre la economía mundial.

Por tanto, la medida se toma con todos los pronunciamiento favorables de la ciencia. Otra cosa es que los chalados con sus locos cacharros ya estén pensando en volver de nuevo a las calles de Madrid para protestar contra el tan necesario Estado de Alarma. Hoy, sin ir más lejos, Santiago Abascal, líder de Vox, ha publicado uno de sus delirantes tuits incendiarios llamando a defender la supuesta libertad amenazada. “Si el tirano Sánchez vuelve a decretar un ilegal estado de alarma, convocaremos el lunes 12-O, en todas las ciudades y pueblos, una nueva caravana por la libertad, contra la muerte y la ruina que trae Sánchez”. Una vez más se demuestra que el peor virus al que nos enfrentamos no es el agente patógeno importado de China sino el de la irracionalidad, la estupidez sectaria y el negacionismo sin sentido. Una mezcla letal que cuaja en lo que la Unión Europea ha dado en llamar “la tóxica política” española. Esa misma que está impidiendo que nuestro país supere la pandemia y que nos aboca irremediablemente a que el virus termine convirtiéndose en endémico, recurrente e imposible ya de erradicar.

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