Arias Cañete no es precisamente un ecologista radical de largas greñas altamente concienciado con la conservación del medio ambiente y dispuesto a encadenarse en medio de una carretera en protesta contra el cambio climático. De hecho, como ministro de Agricultura de Aznar y Rajoy promovió leyes de costas que permitieron construir en primera línea de playa, un desmán legal que a fecha de hoy todavía están pagando los españoles.

Pues ese hombre neoliberal a calzón quitado, ese político del PP que animaba al pueblo a comer yogures caducados para no despilfarrar en tiempos de crisis, ha insinuado que derogar Madrid Central, el plan de Manuela Carmena para reducir las emisiones de CO2, no es una buena idea, ya que España podría enfrentarse a importantes sanciones económicas. De alguna manera, Arias Cañete le ha dicho a José Luis Martínez-Almeida que reconsidere su obcecada decisión de enterrar a toda costa Madrid Central, ya que “todo contribuye” a reducir la contaminación.

El comisario de Energía y Clima, preguntado por el anuncio de Martínez-Almeida de remodelar Madrid Central −y aunque no quiso entrar a valorar las políticas emprendidas por el nuevo equipo municipal madrileño−, sorprendió con unas declaraciones que han supuesto un varapalo a las intenciones del nuevo alcalde, empeñado en que los madrileños sigan respirando aire sucio y contaminado. El comisario apuntó que “si las ciudades no respetan los límites de calidad del aire, la Comisión ya en su momento puso de manifiesto qué ciudades españolas no cumplían, qué medidas correctoras tenían que poner en marcha y respecto de aquellas que no las cumplían, lanzaba los procedimientos de infracción pertinentes”. Y añadió: “Nosotros estamos presentando unos planes que básicamente afectan a las políticas energéticas, a las políticas climáticas, pero que también tienen en cuenta las políticas de calidad del aire y lo que estamos pidiendo es que los Estados alineen sus planes nacionales de calidad del aire y lucha contra la polución”.

Arias Cañete advirtió de que será el comisario europeo de Medioambiente, Karmenu Vella, quien eventualmente evaluará los planes de calidad del aire de la ciudad de Madrid, un municipio marcado con el estigma de contaminante por Bruselas al superar los límites de emisiones tóxicas cada año. Vella está considerado como un duro, un político inflexible con aquellas ciudades y países que no se toman en serio el problema de la contaminación. En reiteradas ocasiones ha asegurado que la UE no dudará en tomar medidas drásticas contra los socios que no respeten las normas de protección medioambiental, aunque “como último recurso”.

El año pasado, la Comisión Europea llevó ante los tribunales a seis países socios de la zona euro, entre ellos Francia y Alemania, por superar los límites de contaminación del aire. Esa medida se tomó después de una cumbre informal, en la cual se dio a esos países la posibilidad de defender sus posturas.

“Es importante recordar que esto no trata sólo de procedimientos legales, hablamos de la salud de las personas. En tanto que Comisión Europea, nuestra principal preocupación es la calidad del aire que respira la gente cada día. Seguimos en una situación en la cual respirar el aire de Europa supone casi 400.000 muertes prematuras anuales y (también) enfermedades graves como asma, problemas cardiovasculares, cáncer de pulmón y muchas más”, ha asegurado Vella.

“No es un paso que demos a la ligera. La mayor parte de los gobiernos no quieren ser considerados incumplidores de las normas europeas, en especial cuando hay amenazas tan directas a la salud humana, así que empezar una acción legal a menudo acelera el asunto. Y la amenaza de multas es muy real. Es un incentivo importante para lograr un cambio”. Martínez-Almeida ya sabe a lo que se expone. No solo tiene en contra a los ecologistas, a buena parte de los madrileños y a la Justicia, que ha suspendido cautelarmente su moratoria de multas para todos aquellos conductores que infrinjan Madrid Central, sino que Bruselas lo ha puesto en la diana como posible incumplidor. Que no ande jugando con fuego. Ni con humos.

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