Lo obligaron prácticamente a ponerse de rodillas, como él hacía con sus compañeros de parrilla en la noble lucha contra el racismo.

Pero a nadie le gusta que lo obliguen a arrodillarse. A muchos pilotos no les gustaba que Hamilton les obligar aunque estuvieran de acuerdo con su lucha.

Y a Hamilton no le ha gustado ni un poquito tener que renunciar a lo que primero eran sus exigencias y luego sus aspiraciones. Ni en dinero ni en años de contrato ha conseguido lo que quería.

El primero en pagar el berrinche que está comiendo por dentro al heptacampeón británico ha sido su mano derecha y manager personal durante los últimos 5 años, Marc Hynes, que se ha quedado sin trabajo. Despedido.

La pasada temporada, dominando y con Bottas de único teórico rival, tan insuficiente, Hamilton parecía un hombre totalmente dueño de sí mismo. Dudamos mucho que la temporada 2021 consiga mantener semejante talante.

Querrá venganza o al menos revancha, estará inquieto, incómodo. Y con un poco de suerte el RedBull y los McLaren, incluso Aston Martin, estarán allí para disputarle el cajón más alto del podium.

Nos preguntamos si su deseo de revancha y venganza, inevitable porque le corroe por dentro, será más fuerte que su sueño de batir en número de campeonatos mundiales ganados a Michael Schumacher. Por supuesto no podemos responder todavía, pero la tormenta perfecta ruge en el interior el estómago el corazón y la cabeza de Lewis Hamilton, ypuede estallar en cualquier momento y de las maneras más insospechadas. No olvidemos que a lo largo de su trayectoria le hemos visto largas temporadas dominado por una gran inestabilidad.

Cualquier cosa puede pasar en 2021.

¿Se arrepentirá Mercedes de no haber fichado ya a George Russell para conformarse con Bottas?

A medida que se acerca la fecha del primer Gran Premio de la temporada ésta parece cada vez con más posibilidades y más apasionante. Ojalá así sea.

Tigre Tigre

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