Si alguien pensaba que por tener el campeonato en el bolsillo iba a relajarse y a bajar la guardia, estaba muy equivocado. Lo de relajarse no va con él, con Hamilton, que ha dejado claro que la temporada aún no ha terminado y que quiere seguir ganando, demostrando a todos quién es el que manda. Hoy ha conducido como nadie, deslizándose sobre las curvas de Sakhir como la arena mecida por el viendo del desierto de Bahréin. Así lo ha hecho el 44 de Mercedes, que si funciona bien bajo presión, sin ella es aún mejor, puesto que ahora se concede el privilegio de disfrutar mientras pilota.

Memorable ha sido también el carrerón que se ha marcado Carlos, Carlos Sainz, que después de que la mecánica de su McLaren se la jugase en la sesión clasificatoria se ha remangado para protagonizar una remontada espectacular. El español salía desde la decimoquinta posición y, tras realizar una serie increíble de adelantamientos (como el protagonizado frente al que será su próximo compañero de equipo en Ferrari, Charles Leclerc) ha terminado cruzando la línea de meta en un merecidísimo quinto puesto.

Sin embargo, a pesar de la gran carrera de Hamilton y Sainz, la palabra más repetida en el día de hoy ha sido «milagro», pues hacía mucho tiempo que en la Fórmula 1 no se vivían momentos tan angustiosos como los que hemos vivido en este Gran Premio de Bahréin. La imagen de Grosjean saltando los guardarraíles entre las llamas, el cockpit clavado entre los hierros de las protecciones y el Hass partido en dos ha sido impactante. Sobrecogedora. Un milagro. Un auténtico milagro que el piloto francés haya salido con vida de un accidente tan brutal como el de hoy, un accidente que podría haber resultado fatal si no hubiese sido por la evolución de las medidas de seguridad que se han adoptado en la Fórmula 1 en los últimos años, medidas que sirven para salvar la vida de los pilotos en caso de accidentes tan atroces como el que hoy hemos visto y del que Romain Grosjean ha resultado prácticamente ileso, renaciendo entre las llamas, como el Ave Fénix.

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