Sentado ante su gigantesca pantalla de televisión de alta definición el heptacampeón del mundo se siente cada vez un poco peor. La garganta seca, la sombra de un dolor de cabeza. Una pequeña tos…

No es posible lo que está viendo. ¿Y qué hace el torpe de Bottas? El tuercebottas.

Se pasa el dorso de la mano derecha por la frente. Está sudando. Lewis Hamilton está sudando más que si estuviera en el interior de su monoplaza corriendo en el desierto.

George Russell está primero en los libres 1 del Gran Premio en el circuito semioval de Shakir.

No es posible.

Le cuesta respirar. Bueno, se dice, no importa. Yo estoy preparado para irme, ya lo he conseguido todo. No importa, se dice. La garganta cada vez está más seca. Si Russell gana la carrera Mercedes intentará darme menos de la mitad del dinero que pido y merezco. Pero yo no voy a transigir. 10000000 de $ por cada campeonato mundial ganado es lo justo. No voy a dar mi brazo a torcer.

¡El torpe de Bottas!

La tos ahora estalla en cascada y Lewis Hamilton se dobla sobre sí mismo. No es la Mercedes quién gana las carreras, soy yo. ¡Soy yo!

Le falta el aire punto no puede creer lo que está viendo. Al final va a ser verdad que está realmente enfermo.

Tigre tigre

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