En cierta ocasión Boris Pérez se encontraba en Suiza visitando el Gran Colisionador de Hadrones con el que cuenta la Organización Europea para la Investigación Nuclear en Ginebra. Se trata de un complejo para la investigación que incluye un túnel de 27 km. de circunferencia a una profundidad de 100 metros bajo tierra y que precisa para funcionar una temperatura de -271,15º centígrados.

Su puesta en marcha fue criticada no tanto por el precio de su construcción (algo menos de 7000 millones de euros), sino por las consecuencias que su funcionamiento pueda tener para el planeta.

Este colisionador acelera partículas subatómicas y las hace chocar entre sí. Estas partículas reciben el nombre de Hadrones. En uno de los experimentos parece que se obtuvo una velocidad en aceleración superior a la velocidad de la luz, algo que se creía imposible. En cualquier caso este resultado se cuestionó y el experimento quedó en repetirse. Alcanzar una velocidad superior a la de la luz provocaría que en lugar de medir las distancias en años-luz se midan en años-hadrón, lo que supone una conversión igual que en los cambios de moneda.

A Boris le llamó la atención el nombre, hadrón, y se imaginaba a ese colisionador como un microondas gigante con un contador de velocidad, a la vez que se representaba a los científicos gritando “atrapen al hadrón”. Se le ocurrió decir que si al final el experimento no resultaba confirmado no importaría mucho ya que, como todo el mundo sabe “quien roba a un hadrón tiene cien años de herdón”. Boris pensó que no era lo mismo llamarles hadrones que helincuentes, ya que los primeros son los que cometen el delito de robo y los segundos cometen cualquier delito.

Ya en casa investigó algo sobre los hadrones y descubrió que se pueden dividir en dos clases: mesones y bariones. Parece como si fueran verdaderos ladrones especializados en mesones o en bares.

Concluyó que es importante comprobar que no hay verdades absolutas y que todas, incluso las velocidades astronómicas, son relativas. Así que prefiere que los niños, en vez de jugar solos con el ordenador en una silla, corran por los parques jugando a holicías y hadrones, que además es mucho más científico.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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